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Mortificar el pecado

morir al pecadoLa palabra mortificar ha sido traducida al español como “matar”, “hacer morir” y “amortiguar”. La palabra es usada en distintas formas en el español, por ejemplo, a veces significa: Negarse a gratificar (cumplir) un deseo. En su uso simbólico significa molestar, fastidiar o amargar la vida. En su uso bíblico, esta palabra significa: Quitar la fuerza, la vitalidad y el poder de algo a fin de que muera. La palabra incluye la idea de debilitar por falta de alimento o hacer morir de hambre; o privar de la comida o alimento. Esta es la idea que vemos en Romanos 13: 14 que dice: “no proveáis para los deseos de la carne”, en la Versión actualizada se traduce como: “No hagáis provisión para satisfacer los malos deseos de la carne”, En otras palabras, debemos acabar con cualquier cosa en nuestras vidas que sirva como “comida” para alimentar la naturaleza pecaminosa. No debemos proporcionarle ninguna cosa que le fortalezca o que le ayude a tener fuerza, poder y vitalidad.

En el Nuevo Testamento la mortificación del pecado se describe en términos de una crucifixión. (Romanos 6:6; Gálatas 2:20, 5:24 y 6: 14). La figura es la de una muerte lenta, gradual y dolorosa provocada por la privación. También la mortificación es descrita en términos de violencia, la idea es de hacer “violencia santa” contra el enemigo de nuestras almas. Las palabras de Cristo en Marcos 9:43-47 “córtalo” y “sácalo” corroboran esta idea. También las palabras de Pablo en I Corintios 9:26-27, “pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer” nos hablan no de violencia física sino espiritual en contra del pecado. Además, las palabras en I Pedro 2:11 también nos hablan de violencia espiritual: ”Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma”. El pecado lucha y pelea para preservar su propia vida. La frase “violencia espiritual” es muy apropiada porque no es fácil matar a un enemigo que lucha y se encuentra en peligro. “Todos aquellos que piensan acabar con el pecado con unos cuantos ‘golpes ligeros’ se equivocan, porque fracasarán y terminarán siendo muertos por este enemigo.”

La regeneración asegura que los creyentes no pueden continuar viviendo bajo el control del pecado, pero no significa la  aniquilación o la destrucción de las raíces del pecado en su corazón. La regeneración no aniquila ningún pecado sino que más bien produce un cambio en nuestra relación con todo pecado. El apóstol Pablo es un ejemplo de esta realidad. Vemos en su vida que algunos pecados fueron mortificados en el momento de su nacimiento nuevo (por ejemplo, su odio hacia los gentiles y cristianos). Otros pecados fueron debilitados por la regeneración (Romanos 7:15-25) y algunos permanecieron con mucha fortaleza (II Corintios 12:7-10 su lucha continua contra el orgullo)

Aunque la muerte del creyente al pecado fue comprada y asegurada por la muerte de Cristo en su lugar (Romanos 6:2), sin embargo, la mortificación del pecado sigue siendo todavía el deber cotidiano del creyente. Aunque hemos recibido la promesa de una victoria completa cuando fuimos convertidos al principio, (a través de la convicción de pecado, humillación por pecado y la implantación de un nuevo principio de vida que es opuesto y destructivo para el pecado) el pecado permanece en el creyente. El pecado es activo en todos los creyentes, aún en los mejores creyentes mientras que vivan en este mundo. Por lo tanto, la mortificación continua, día tras día, es esencial a lo largo de toda su vida.

El mal de no tomar en serio el pecado

Una persona puede hablar acerca del pecado y decir que es algo muy malo; no obstante, si esa persona no mortifica diariamente su propio pecado, quiere decir que no lo está tomando en serio. La causa principal de la falta de mortificación del pecado es que el pecado sigue adelante sin que la persona se percate de ello.

Alguien que sostiene la idea de que la gracia y la misericordia divinas le permiten pasar por alto sus pecados cotidianos, está muy cerca de convertir la gracia de Dios en un pretexto para pecar, y de ser endurecido por el engaño del pecado. No hay una evidencia más grande de un corazón falso y podrido que esto. Lector, tenga cuidado de tal rebelión. Esto solamente puede conducirle al debilitamiento de su fortaleza espiritual, si no es que a algo peor: la apostasía y el infierno. La sangre de Cristo es para purificarnos (I Juan 1:7; Tito 2: 14), no para consolarnos en una vida de pecado. La exaltación de Cristo debería conducirnos al arrepentimiento (Hechos 5:31) y la gracia de Dios debe enseñarnos a decir no a la impiedad (Tito 2:11-12).

La Biblia habla de personas que abandonan la iglesia porque nunca pertenecieron realmente a ella (I Juan 2:19). La forma en que esto ocurre a muchas de estas personas es más o menos como sigue: Ellas estaban bajo convicción por algún tiempo y esto les condujo a hacer ciertas obras y a profesar la fe en Cristo. Ellos se apartaron de las contaminaciones del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo (II Pedro 2:20). Pero, después de que conocieron el evangelio se cansaron de sus deberes espirituales. Puesto que sus corazones nunca habían sido realmente cambiados, ellos se permitieron a sí mismos, descuidar varios aspectos de la enseñanza bíblica acerca de la gracia. Una vez que este mal hubo atrapado sus corazones, fue solamente cuestión de tiempo hasta que se hundieron en el camino que conduce al infierno. (Es decir, se convirtieron en apóstatas.)

Una influencia que endurece a otros

Una persona que no mortifica en sí misma el pecado no puede ser preservada de caer abiertamente en la apostasía, y no obstante al mismo tiempo ejerce una influencia doble sobre otras personas:

Cuando los inconversos pueden ver tan poca diferencia entre sus propias vidas y la de una persona que profesa el cristianismo pero que no mortifica sus pecados, entonces no ven ninguna necesidad de ser convertidos. Ellos observan el celo religioso de dicha persona, pero también observan su impaciencia con aquellos con quienes no está de acuerdo. Ellos observan sus muchas inconsistencias. Ellos ven que en algunas cosas se separa del mundo, pero se fijan más en su egoísmo y su falta de esfuerzo para ayudar a otros. Ellos escuchan su conversación espiritual y sus reclamos de tener comunión con Dios; pero todo es contradicho por su conformidad a los caminos del mundo. Ellos escuchan su jactancia de que sus pecados han sido perdonados, pero también se fijan en su falla de no perdonar a otros. Entonces, observando la pobre calidad de vida de tal persona, se endurecen en sus corazones contra el cristianismo y concluyen que sus vidas son tan buenas como las de cualquier “creyente”.

Por otro lado, otros pueden tomar a tal persona como un ejemplo de un cristiano y asumir que, debido a que pueden imitar su ejemplo o mejorarlo, por lo tanto ellos también podrían considerarse como cristianos. En esta forma tales personas son engañadas y piensan que son cristianos cuando en realidad no poseen la vida eterna.

Apartes tomados del libro LA MORTIFICACIÓN DEL PECADO del puritano JOHN OWEN

Video visto en el canal de youtube de Volvamos al Evangelio

Video visto en el canal de youtube Volvamos al Evangelio

Leer y obedecer1. A menos que tengamos cuidado, la palabra, la cual es para señalarnos a Dios, realmente puede intervenir y ocultar a Dios de nosotros. La mente puede estar ocupada e interesada, y deleitándose en lo que encuentra, y si esto solo es más conocimiento que otra cosa, puede traernos muy poco bien. Si no nos lleva a esperar en Dios, a glorificarle, a recibir su gracia y su poder, para endulzar y santificar nuestras vidas, se convierte en un impedimento en lugar de una ayuda.

2. Otra lección que no puede ser repetida muchas veces, o expresada con tanta urgencia, es que es solo por la enseñanza del Espíritu Santo que podemos llegar al verdadero significado de lo que Dios quiere decir por medio de su Palabra, y que la Palabra realmente alcanzará nuestra vida interior, para luego obrar en nosotros.

El Padre que está en los cielos, quien nos dio su Palabra desde el cielo, con sus divinos misterios y su mensaje, nos ha dado su Santo Espíritu para que esté en nosotros, para explicar y destinar  adecuadamente esa Palabra. El Padre quiere que nosotros  cada vez le pidamos que seamos enseñados por su Espíritu. Quiere que nos postremos delante de Él con una disposición mental enseñable y dócil, y que creamos que el Espíritu, en lo más profundo de nuestro corazón, hará su Palabra viva y eficaz. Quiere que recordemos que el Espíritu nos ha sido dado para que podamos ser guiados por Él, para que andemos delante de Él, y para que toda nuestra vida esté bajo su control, y que por lo tanto Él no puede enseñarnos en la mañana a menos que honestamente nos entreguemos a su guía. Pero si hacemos esto y pacientemente esperamos en Él, no para obtener nuevos pensamientos sino para tener el poder de la palabra en nuestros corazones, entonces podemos contar con su enseñanza.

3. Siempre estudie la Palabra de Dios en el espíritu de una incondicional rendición para obedecer. Si usted se acostumbra a estudiar la Biblia sin un propósito serio y muy definido para obedecer, usted se endurecerá en la desobediencia.

Nunca lea la voluntad de Dios en lo que respecta a usted, sin entregarse con honestidad al cumplimiento inmediato de ella, pidiendo la gracia para hacerlo. Dios nos ha dado Su Palabra, para decirnos lo que Él quiere que nosotros hagamos y cuál es la gracia que ha preparado para capacitarnos al respecto: ¡Que triste es pensar que es algo piadoso simplemente leer tal o cual palabra sin hacer ningún esfuerzo serio para obedecerla! ¡Que el Señor nos guarde de este terrible pecado!

Hagamos un hábito sagrado el hecho de decirle a Dios: “Señor, cualquier cosa que yo sepa que es tu voluntad, la obedeceré inmediatamente”.

4. Recuerde que hay muchos mandamientos a los cuales tal vez su atención nunca ha sido dirigida, u otros de los cuales la aplicación es tan amplia y tan incesante que usted no los ha tomado en cuenta. Lea la Palabra de Dios con un profundo deseo de conocer toda Su voluntad. Si hay cosas que parecen difíciles, mandamientos que parecen muy altos, o mandamientos de los cuales usted necesita una guía divina para entender cómo llevarlos a cabo, y en verdad hay muchos como éstos, permita ser guiado a buscar una enseñanza divina. No es el texto más fácil o el más alentador el que trae el que trae más bendición, sino el texto, ya sea fácil o difícil, que lo acerca más a Dios. Dios quiere que “les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual” (Colosenses 1: 9); es en el lugar secreto de oración en donde esta maravillosa obra es realizada. Recuerde, es solo cuando usted sabe que Dios le dice que haga algo que usted siente la seguridad de que Él le dará la fuerza para hacerlo. Es solo cuando estamos dispuestos a conocer toda la voluntad de Dios que Él, de vez en cuando, nos revelará más de ella, y seremos capaces de hacerla en su totalidad.

Fragmento tomado del libro ESCUELA DE LA OBEDIENCIA  de Andrew Murray.

orando_sin_cesarQué hermoso es que en la hora de la mañana, el lazo que nos une a Dios sea firmemente amarrado, de tal manera que durante las horas que tengamos que movernos en la prisa de los hombres o de las obligaciones, y podamos escasamente pensar en Dios, el alma pueda ser guardada pura y estar a salvo.

¿Cuál es el principal motivo que nos hará amar y guardar con fidelidad la oración de la mañana? Si la tomamos simplemente como una obligación, y una parte necesaria de nuestra vida religiosa, pronto se convertirá en una carga. O, si el pensamiento principal fuera nuestra felicidad y nuestra seguridad, aquello no supliría el poder para hacerlo realmente atractivo. Solo una cosa será suficiente, y es, el deseo por la comunión con Dios.

Es por eso que fuimos creados a semejanza de Dios. Es aquello en lo que esperamos pasar la eternidad. Solo eso puede adecuarnos para una vida verdadera y bendecida, ya sea aquí o en el futuro. Tener más de Dios, conocerle mejor, recibir de Él la comunicación de su amor y de su fuerza, y tener nuestra vida llena de Él, es para esto que nos invita a entrar en la cámara secreta y cerrar la puerta.

Es en el altar secreto, en la vigilia de la mañana, que nuestra vida espiritual es tanto probada como fortalecida. Allí está el campo de batalla en donde se decidirá cada día si Dios va a tenerlo todo, y si nuestra vida será de absoluta obediencia. Si realmente vencemos ahí, y nos libramos de nosotros mismos para estar en las manos de nuestro Dios Todopoderoso, la victoria durante el día es segura. Es allí, en la cámara secreta, en donde la prueba será dada si en verdad nos deleitamos en Dios, y si hacemos nuestro objetivo amarle con todo nuestro corazón. Permita entonces que esta sea nuestra lección: La presencia de Dios es lo principal y más importante, en nuestra devoción. Encontrarnos con Dios, entregarnos a Su santa voluntad, saber que le agradamos a Él, tenerlo como a quien da las órdenes, y como quien impone sus manos sobre nosotros, y nos bendice, y nos dice: “Ve con la fuerza que tienes” (Jueces 6: 14), únicamente cuando el alma aprenda que esto es lo que se encuentra en la oración de la mañana, día tras días, aprenderemos a anhelarla y a deleitarnos en ella.

Fragmento tomado del libro Escuela de la obediencia de Andrew Murray.

Dios de misericordiaLa manera en que entendemos la persona y el carácter de Dios el Padre afecta cada aspecto de nuestras vidas. Afecta más de lo que nosotros normalmente llamamos el aspecto “religioso” de nuestras vidas. Si Dios es el Creador del universo entero, entonces El es el Señor de todo el universo. Ninguna parte del mundo se escapa de su señorío. Estos significan que ninguna parte de mi vida debe estar fuera de su señorío. Su carácter santo tiene algo que decir acerca de la economía, la política, los deportes, el romance, todo en lo cual estamos involucrados. No podemos escaparnos de Dios. No hay lugar que nos pueda esconder de El. El no sólo penetra cada aspecto de nuestras vidas, pero penetra en su majestuosa santidad. Por eso tenemos que buscar entender qué es la santidad. No nos atrevamos a evadir este tema. No puede haber adoración y crecimiento espiritual ni verdadera obediencia sin ello. Esto define nuestra meta como cristianos. Dios ha declarado, “Sed santos porque yo soy santo” (Levítico 11:44).

¿MERECEDORES DE SU GRACIA?

A nosotros no nos sorprende que Dios nos haya redimido. Muy profundamente dentro de nosotros, en la cámara secreta de nuestro corazón, pensamos que Dios tiene que tener misericordia de nosotros. El cielo no sería lo mismo si nosotros estuviésemos excluidos de él. Sabemos que somos pecadores, pero no tan malos como podríamos serIo. Hay suficientes cualidades para redimir en nuestra personalidad, que si Dios es realmente justo, El nos incluirá entre los salvos. Lo que nos asombra es la justicia, no la gracia.

Nuestra tendencia a asumir que merecemos la gracia fue poderosamente demostrada mientras enseñaba a estudiantes universitarios. Yo enseñaba un curso del antiguo testamento a doscientos cincuenta estudiantes en una universidad cristiana. El primer día de clases expliqué cuidadosamente las tareas del curso. Por experiencia sé que los reportes escritos requieren una elaboración especial. Así, este curso ameritaba tres reportes cortos. Acto seguido, expliqué a los estudiantes que el primero debía estar en mi escritorio el último día de septiembre por la tarde. No habría extensiones, excepto para estudiantes hospitalizados o bien para casos de esa índole. Si este reporte no se entregaba a tiempo, el estudiante recibiría un cero. Los estudiantes dijeron haber entendido los requerimientos. El último día de septiembre, doscientos veinticinco estudiantes me entregaron sus reportes, otros veinticinco se pararon frente a mí, temblando aterrorizados y llenos de remordimiento. Ellos exclamaron, “Oh profesor Sproul, lo sentimos mucho, no organizamos nuestro tiempo adecuadamente, y todavía no nos hemos ajustado a la universidad, por favor no nos dé un cero, denos una extensión.” Yo cedí. “Muy bien,” les dije, “Les daré una oportunidad en esta ocasión, pero recuerden que la próxima tarea es para el último día de octubre.” Los estudiantes me agradecieron profusamente e hicieron solemnes promesas de ser puntuales para su próxima tarea. Cuando vino el último día de octubre, doscientos estudiantes vinieron con sus reportes. Cincuenta vinieron con las manos vacías. Se veían nerviosos, pero no con pánico. Cuando les pregunté por sus reportes, se mostraron contritos: “Oh, profesor, fue una semana de fiesta. Además es la época de exámenes y hemos tenido otras tareas en otras clases. Por favor denos otra oportunidad. Le prometemos que no volverá a suceder.” Una vez más accedí y les dije, “Está bien, pero ésta es la última vez. Si se retrasan para su próxima tarea les daré un cero. No excusas, no lamentos – cero. ¿Está claro?” “Oh, sí profesor, es usted maravilloso.” Espontáneamente la clase comenzó a cantar, “Lo amamos profesor Sproul, oh sí, lo amamos.” Me convertí en el señor Popularidad. ¿Pueden imaginarse lo que sucedió el último día de noviembre? Exacto. Ciento cincuenta estudiantes vinieron con sus reportes. Los otros cien entraron a la clase completamente indiferentes. “¿Dónde están sus reportes?” les pregunté. Un estudiante respondió, “Oh, no se preocupe profesor, estamos trabajando en ellos. Se los traeremos en un par de días. No se afane.” Yo tomé mi mortal libro negro de calificaciones y comencé a llamarlos por sus nombres. “Johnson, ¿tienes tu reporte?” “No señor,” fue la respuesta. “Cero,” dije, mientras escribía la calificación en el libro. “Muldaney, ¿tiene tu reporte?” De nuevo, “No señor,” fue la respuesta. Anoté otro cero en el libro. Los estudiantes reaccionaron con furia incontrolable. Lamentaron, protestaron y gritaron, “¡Eso no es justo!”.

Miré a uno de los estudiantes protestadores y le pregunté, “Lavery, ¿piensas tú que esto no es justo?” “Sí,” respondió. “Ya veo. ¿Es justicia lo que quieres? Me parece que tú entregaste tarde tu reporte la última vez. Si insistes en recibir justicia, la recibirás. No te voy a dar un cero sólo por este reporte, sino también por el anterior.” Los estudiantes se quedaron petrificados. El no tuvo más argumentos, se disculpó por precipitarse y repentinamente se mostró feliz de tener un cero en lugar de dos. Los estudiantes habían tomado fácilmente mi misericordia como obligatoria, asumiendo que se la merecían. Cuando de repente la justicia llegó, no estaban preparados y se sintieron conmocionados e indignados. Esto fue sólo después de dos dosis de misericordia en el espacio de dos meses.

Normalmente, la actividad de Dios conlleva más misericordia de la que yo mostré con mis estudiantes. La historia del antiguo testamento cubre cientos de años. Durante este tiempo, Dios fue repetidamente misericordioso. Cuando su juicio divino cayó sobre Nadab, Abiu o Uza, la respuesta fue conmoción e indignación. Una vez que nos acostumbramos a que Dios sea misericordioso, el próximo paso es fácil: la demandamos. Cuando ésta no llega, nuestra primera respuesta es enojo contra Dios, aunado a la protesta: “Eso no es justo. ” Olvidamos rápidamente que con nuestro primer pecado hemos renunciado a todos los derechos del regalo de la vida, que el tener aire para respirar por la mañana es un acto de misericordia divina. Dios no me debe nada. Yo le debo a El todo. Si El permite que una torre caiga sobre mi cabeza, yo no puedo reclamar injusticia.

CONFUSIÓN ENTRE JUSTICIA Y MISERICORDIA

Justicia de DiosUno de nuestros problemas básicos es la confusión de la justicia con la misericordia. Vivimos en un mundo donde suceden las injusticias. En algún momento, todos hemos sido víctimas de injusticias a manos de otras personas. La gente se relaciona una a la otra con injusticia. Una cosa es cierta: no importa cuanta injusticia haya yo recibido de manos de otra persona, yo nunca he sufrido la más mínima injusticia de la mano de Dios. Supongamos que una persona me acusa falsamente de robar dinero, y soy arrestado y llevado a la prisión. Humanamente he sido víctima de una gran injusticia y tengo todo el derecho de clamar a Dios y pedirle reivindicación en este mundo. Puedo quejarme de haber sido perseguido falsamente. Dios está airado con la gente que me ha puesto injustamente en la prisión y promete reivindicarme algún día.

Las injusticias son reales y suceden todos los días en este mundo. Pero todas estas injusticias que sufrimos son de naturaleza horizontal. Ellas suceden entre los personajes de este mundo. Sin embargo, mas allá y por encima de este mundo está el gran Juez de todos. Mi relación con El es vertical. En términos de esa relación vertical, yo nunca sufro injusticia. Aunque la gente me maltrate, Dios nunca lo hace. El hecho de que Dios permita a una persona tratarme injustamente es justo de parte de Dios. Aunque yo puedo quejarme con Dios acerca de esta injusticia humana, horizontal, que he sufrido, yo no puedo acusar a Dios de cometer una injusticia vertical por permitir que tal injusticia caiga sobre mí. Dios sería perfectamente justo si permitiere que arrojaran en una prisión de por vida por un crimen que yo no cometí. Yo puedo ser inocente delante dé otra gente, pero soy culpable delante de Dios.

Con frecuencia culpamos a Dios por las injusticias hechas contra nosotros y abrigamos en nuestras almas la amarga sensación de que Dios no ha sido justo con nosotros. Aun si reconocemos que El es un Dios de gracia, pensamos que no lo ha sido lo suficiente con nosotros. Pensamos que merecemos más. Por favor, fíjese en esta oración de nuevo: Nosotros pensamos que merecemos más gracia. ¿Cuál es el problema con esta oración? Gramaticalmente está bien. Pero hay algo terriblemente equivocado con su contenido y significado. Es imposible que alguien, en algún lugar, en algún momento merezca la gracia. La gracia es por definición inmerecida tan pronto como hablamos de merecer algo, ya no estamos hablando de gracia sino de justicia. Sólo la justicia puede ser merecida.

¿DIOS ESTÁ OBLIGADO A SER MISERICORDIOSO?

Dios nunca está obligado a ser misericordioso. La misericordia y la gracia tienen que ser voluntarias o ya no son misericordia y gracia. Dios nunca debe gracia. El nos recuerda más de una vez: “Tendré misericordia de quien yo tenga misericordia” (Ex. 33.19). La misericordia es una prerrogativa divina. Dios se reserva para sí mismo el supremo derecho de otorgar clemencia. Suponga que diez personas cometen el mismo pecado. Suponga que Dios castiga a cinco de ellos y tiene misericordia de los otros cinco. ¿Es esto injusticia? ¡No! En este caso, cinco personas reciben justicia y cinco misericordias. Ninguno recibe injusticia. Lo que nosotros usualmente asumimos es esto: si Dios es misericordioso con cinco, tiene que ser igualmente misericordioso con los otros cinco. ¿Por qué? El nunca está obligado a ser misericordioso. Si El tiene misericordia de nueve personas entre diez, la décima no puede reclamar ser víctima de injusticia. Dios nunca le debe misericordia a nadie. Dios no está obligado a tratar a toda la gente de la manera. Tal vez sería bueno decir esto de nuevo: Dios no está obligado a tratar a toda la gente de la misma manera. Si El alguna vez fuese injusto con nosotros, tendríamos razón para quejamos. Pero simplemente porque le otorga su misericordia a mi vecino, yo no puedo reclamar que Ella tenga conmigo. De nuevo, debemos enfatizar que la misericordia siempre es voluntaria. “Tendré misericordia de quien yo tenga misericordia. “

Lo único Que yo puedo recibir de Dios es justicia o misericordia. Yo nunca recibiré injusticia de su mano. Nosotros podemos pedir que Dios nos ayude a obtener justicia de las manos de otra gente, pero sería absolutamente descabellado pedirle que nos haga justicia El mismo. Yo advierto a mis estudiantes: “Jamás le pidan a Dios justicia  podrían conseguirla.” Es la confusión entre la justicia y la misericordia, la que nos hace encogemos de horror cuando leemos las historias de Nadab, Abiú y Uza. Cuando la justicia de Dios cae, nos sentimos ofendidos porque pensamos que Dios nos debe perpetua misericordia. Pero no debemos tener su gracia como algo obligatorio. Nunca debemos perder la capacidad de maravillarnos por su gracia.

Nosotros cantamos el himno, Sublime Gracia, pero cuya letra tendemos a tornar así, Asombrosa Justicia, aguda y cruel Que a este santo hirió; Si soy tan bueno, absurdo fue, La torre en mi cayó! Recuerdo haber predicado un “sermón de práctica” en mi clase de predicación en el seminario. En este sermón yo estaba exaltando las maravillas de la gracia de Dios. Como dice el himno, yo hablé de la “gracia de Dios, infinita gracia.” Al final de mi sermón el profesor me preguntó, “Sr. Sproul, de donde sacó usted la idea de que la gracia de Dios es infinita? ¿Acaso no hay límite para la gracia?” Tan pronto como me hizo esa pregunta, yo supe que había un problema. Le cité las estrofas y las líneas del himno que me enseñaba eso, pero de ninguna manera pude encontrar ningún verso bíblico que enseñara que la gracia de Dios es infinita. La causa por la cual no encontré ese versículo para apoyar mi afirmación, es porque no hay ninguno. La gracia de Dios no es infinita. Dios es infinito es lleno de gracia. Nosotros experimentamos la gracia de un Dios infinito, pero la gracia no es infinita. Dios ha puesto límites a su paciencia y tolerancia. El nos advierte una y otra vez que algún día el hacha caerá y su juicio será derramado. Puesto que nuestra tendencia es a asumir que la gracia siempre tiene que demostrarse, yo supongo que Dios vio la necesidad de recordamos, de vez en cuando, que su gracia no debe ser asumida. En ciertos momentos, raros y dramáticos, muestra el terrible poder de su justicia. El mató a Nadab y a Abiú, mató a Uza, ordenó la masacre de los cananeos, como si estuviera diciendo, “Tengan cuidado. Mientras ustedes disfrutan los beneficios de mi gracia, no se olviden de mi justicia. No olviden la gravedad del pecado. Recuerden que yo soy santo.”

Apartes tomados del libro LA SANTIDAD DE DIOS de RC Sproul.

CB064076Las tres traducciones más usadas por cristianos evangélicos son: La Reina Valera1960, La Nueva Versión Internacional y la Biblia de Las Américas.

La Reina Valera 1960 es la más antigua de las tres. Tiene su origen en la versión del año 1569 y más adelante en las versiones; 1602; 1862 y 1909. Continua siendo la de mayor aceptación para muchas personas.  Es conocida como la Versión Autoritaria de la versión 1611. Aunque contiene muchas palabras en el Castellano antiguo, (algunas de las cuales han cambiado en la práctica y solo se hablan en España) muchas personas aprecian su dignidad y fidelidad.

La Nueva Versión Internacional fue completada en el año1978.  Sus traductores no intentaron traducirla estrictamente palabra por palabra, pero apunta más a ideas equivalentes.  Como resultado, esta versión no sigue las palabras exactas del griego y hebreo de los textos originales tan cerca como lo hacen las versiones Reina Valera y La Biblia de las Américas.  Sin embargo, puede ser considerada como una fiel traducción, y su expresión idiomática y lúcida la hace popular, especialmente para leer durante tiempos devocionales.

La Biblia de las Américas, fue completada en el año1971. Es una revisión de la American Standard Version de 1901.  Es una traducción literal del los lenguajes del Hebreo y Griego, haciéndola favorita para muchas personas para estudio Bíblico.

¿CUÁL VERSIÓN ES MEJOR USAR?

Finalmente, esa decisión necesita ser tomada individualmente.  Cada una de estas versiones tiene fuerzas y debilidades, pero son traducciones confiables de la Biblia.

Idealmente, el estudiante serio de las Escrituras, se debería familiarizar con concordancias y otras ayudas, de modo que incluso sin tener un conocimiento completo de los lenguajes originales, pueda explorar algunos de los matices del significado que se presentan fuera de los textos originales.

Tomado de Gracia a Vosotros http://www.gracia.org/recursos.aspx?p=a&article=356

Contentamiento

Si usted pertenece a Cristo, como el apóstol Pablo usted puede y debe aprender el secreto del contentamiento en la vida. Cuando Pablo escribió “la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento” no solamente estaba hablando filosóficamente (1 Tim. 6:6). El había aprendido el secreto del contentamiento en cada circunstancia de la vida (Filipenses 4:11-12). Mientras que el secreto se les escapa a varias personas, no se le tiene que escapar al verdadero creyente. Para aquellos que están dispuestos a aprender, aquí están seis pasos hacia una vida contentada desde la vida y la enseñanza de Pablo.

1. Aprenda a dar gracias en toda ocasión. Pablo había aprendido a dar gracias en cada circunstancia y el le exhorto a todo creyente que hicieran lo mismo. Dar gracias, en primer lugar es cuestión de obediencia (1 Tesalonicenses 5:18; Efesios 5:18), pero también es característico de un creyente lleno del Espíritu (Efesios 5:18-20).

2. Aprenda a descansar en la providencia de Dios. Si en realidad conocemos a Dios, sabemos que esta desarrollando su plan para nosotros para que seamos beneficiados y El sea glorificado (vea Romanos 8:28). No deberíamos de estar sorprendidos o ser ingratos cuando pasemos por pruebas porque sabemos que Dios ve perfectamente el resultado al final (vea 1 Pedro 4:12-13).

3. Aprenda a estar satisfecho con poco. Pablo había aprendido a elegir estar satisfecho con poco, y sabía que era importante que otros aprendieran a elegir lo mismo. En 1 Timoteo 6:6 Pablo le exhorto a un joven pastor con estas palabras: “la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos.” Pablo entendió que la codicia y el contentamiento eran mutuamente exclusivos.

4. Aprenda a vivir encima de las circunstancias de la vida. Así es como vivió Pablo. En 2 Corintios 12:9-10 el escribió, “Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” Pablo no encontró placer en el dolor mismo, pero en el poder de Cristo que fue manifestado por el en tiempos de debilidad, reproches, persecuciones y angustias. Nosotros también deberíamos de encontrar gusto en el poder de Cristo durante tiempos de angustia.

5. Aprenda a depender en el poder y la provisión de Dios. El apóstol Pablo escribió, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”; y Jesús dijo que nunca nos dejaría ni nos desampararía (Hebreos 13:5). Como Pablo, nosotros también podemos aprender a depender en la promesa de Cristo. Él fielmente infunde a cada creyente con Su propio poder y los sostiene en su tiempo de necesidad hasta que reciban la provisión de Su mano (Efesios 3:16).

6. Comience a estar ocupado con el bienestar de otros. El resumen sobre esto lo hizo Pablo en Filipenses 2:3-4, donde escribió: “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.”

El hombre egoísta es un hombre descontento. Pero el alma del hombre generoso, el hombre que vive por los intereses y el beneficio de otros, encontrará bendición sobre bendición sobre su vida (vea Proverbios 11:24-25; 19:17; Lucas 6:38; 2 Corintios 9:6).

Tomado de Gracia a Vosotros http://www.gracia.org/recursos.aspx?p=a&article=362

Es real, Dios en Su misericordia, puede librarnos del engaño de ser parte de congregaciones que profesan doctrinas incorrectas. Por más de trece años hice parte de una, pero es claro que cuando la Verdad de Su Palabra nos atraviesa, no somos los mismos, nuestros ojos son abiertos y empieza una nueva vida de verdaderos creyentes. Hay esperanza. Si alguno de tus familiares o conocidos ha caído en la mentira de los falsos maestros, no dejes de confiar en que Dios en Su bondad y conforme Su Soberanía puede salvarles; o si has estado siendo redarguido por el Espíritu de Dios, pues tu congregación no predica la sana doctrina y hay muchas cosas que no son conforme la Escritura, persevera en la búsqueda de Dios, seguramente ya ha empezado la obra de salvación en ti y podrás salir de la trampa.

Les dejo con una conferencia del Misionero Paul Washer, acerca del poder de la mentira religiosa.

Visto en el canal de youtube donramone79

Un video maravilloso que me compartieron “Como los de Berea” (http://comolosdeberea.blogspot.com/) y visto en el canal de youtube de volvamos al evangelio (http://www.youtube.com/user/VolvamosAlEvangelio)

Puede ver las dos partes siguientes en:

Parte 2 http://www.youtube.com/watch?v=VTGno7hA8f4&feature=channel

Parte 3 http://www.youtube.com/watch?v=PLl-Y5Gpo24&feature=channel

Videos vistos en el canal de youtube juperete

Video visto en el canal de youtube naaragonzalez

malos hábitosUna mala costumbre es usualmente conectada con creencias y actitudes erróneas. No debemos querer cambiar la costumbre solamente porque es vergonzoso, caro, no saludable, o porque nos hace sentir culpable – sino debemos desear el más grande propósito de Dios para que estemos satisfechos. Hasta que tratemos con las creencias erróneas que debilitan nuestra resistencia a la mala costumbre, solamente tendremos éxito limitado en superarlo.

El cristiano debe ver que las malas costumbres son últimamente problemas espirituales. No debemos dudar a llamarlos pecados. Y debemos hacer, que los medios de la santificación descrita en las Escrituras (especialmente en la Palabra de Dios y la oración) son esenciales para superar malas costumbres.

Somos responsables por nuestro propio pecado – incluyendo aquellos pecados que tan fácilmente nos acosan. El hecho que hacemos algo malo habitualmente no nos exime de nuestra responsabilidad. Al contrario, podría empeorar el pecado. Entonces debemos tomar responsabilidad personal por nuestros propios hábitos y no evitar de llamarlos pecado.

Hábitos pecaminosos no son problemas insuperables para el cristiano. Después de todo, el Espíritu Santo mora en nosotros y está obrando a conformarnos más a la imagen de Cristo. ¿Y si Él es con nosotros, quien contra nosotros? (Romanos 8:31) Además, Gálatas 5:16 dice que si andamos “por el Espíritu,… no cumpliréis el deseo de la carne”. Y 1 Corintios 10:13 es una promesa que Dios no nos permitirá ser tentados más de nuestra habilidad. Si usamos los recursos que Dios nos a provisto por medio de Su Espíritu y Su Palabra, podremos atacar cualquier hábito sabiendo que podemos ser victoriosos.
Permátame darle algunas sugerencias prácticas para superar las malas costumbres, los malos hábitos. Espero que le ayuden.

Primeramente, acuérdese que el pecado comienza en la mente. Santiago 1:14-15 compara a una persona cayendo en pecado a un pez o animal que es capturado con cebo. Ve el cebo, lo desea, y es atrapado en el proceso de arrebatarlo. Asimismo, son los pecados que nos atrapan en la mente.

La persona que roba primero piensa en lo que él quiere. Después piensa en un plan para poder tenerlo. Luego que haya conspirado en su mente, se lo lleva. Él hubiera podido parar el pecado en su mente antes que se convirtiera en una acción completa. Es por eso que la Escritura nos manda que renovemos nuestra mentes (Romanos 12:2), a pensar en cosas buenas (Filipenses 4:8), y a meditar en la Palabra (Salmo 1:2).

Derrotar un hábito también requiere un cambio de vida. No debemos hacer provisión para nuestra carne (Romanos 13:14). La persona que quiere dejar de fumar debe tirar todos sus cigarrillos y no comprarlos; la persona luchando con pecado sexual debe deshacerse de todo material sugestivo en su posesión. Evite la compañía de aquellos que tienen el mismo problema (1 Corintios 15:33), y evite los lugares y circunstancias que le tentarían.

Por ultimo, no trate de batallar con el hábito solo. Desarrolle relaciones con cristianos más maduros quienes le animen y le apoyen (Gálatas 6:2). Pase tiempo en oración con ellos. Pídales que le estén preguntando como esta regularmente, y sea honesto cuando falle (Santiago 5:16).

El cambio bíblico no es solamente voltear contra el pecado; es mirar hacia la justicia. La persona que miente debe hablar la verdad (Efesios 4:25). Él que roba debe dejar de robar, debe trabajar y dar a otros (versículo 28); y el que habla palabras que no edifican, debe decir palabra que animan a otros (v. 29). No solo deje de pecar – empiece a hacer lo que es correcto. Las buenas costumbres que construirá reemplazaran las costumbres pecaminosas.

Tomado de Gracia a Vosotros http://www.gracia.org/recursos.aspx?p=a&article=464

enfrentar desierto1. No busquemos nuestros propios intereses, sino aquello que complace al Señor y contribuye a promover su gloria. Hay una gran ventaja en olvidarnos prácticamente de nosotros mismos y en dejar de lado todo aspecto egoísta; pues así podemos enfocar nuestra devota atención a Dios y Sus mandamientos. Cuando la Escritura nos dice que descartemos todas las consideraciones personales y egoístas, no sólo excluye de nuestras mentes el deseo de riquezas de poder y el favor de los hombres, sino que también hace desvanecer de nuestra imaginación las falsas ambiciones, los apetitos por la gloria humana y otras maldades secretas. Todo creyente debe tener el deseo ferviente de contar con Dios para cada momento de su vida.

2. Un cristiano medirá todas sus acciones por medio de la ley de Dios y sus pensamientos secretos estarán sujetos a Su divina voluntad. Si un hombre ha aprendido a depender de Dios para cada empresa de su vida será liberado de todos sus vanos deseos. La negación de nosotros mismos, que ha sido tan diligentemente ordenada por Cristo a Sus apóstoles desde el principio, terminará dominando todos los deseos de nuestros corazones. Esta negación de nosotros mismos no dejará lugar para el orgullo, la arrogancia, la vanagloria, la avaricia, la licencia, el amor a la lujuria, al lujo, o cualquier otra cosa nacida del amor al “yo”. Sin el principio del auto negación el hombre es llevado a la indulgencia por los vicios más grotescos sin un mínimo de vergüenza, y si es que hay alguna apariencia de virtud en él, la misma se desvanece por una pasión desordenada que busca su propia gloria. Mostradme un solo hombre que no crea en la santa ley de Dios o en la auto negación, y que aun así practique la virtud entre los hombres.

3. Todos aquellos que no han sido influidos por el principio de la auto negación, han procurado de algún modo seguir la virtud, pero lo han hecho con el deseo de conseguir la alabanza por parte de los demás hombres. Aun los filósofos que sostienen que la virtud es algo deseable por sí misma, se han enaltecido en su arrogancia, demostrando que no desean la virtud sino para tener una oportunidad de ejercitar su orgullo. Dios no se complace en absoluto con aquellos que son ambiciosos y altivos, y cuyos corazones están llenos de orgullo y presunción. De estos hombres el Señor dice que ya tienen su recompensa en este mundo, y que las rameras y los fariseos (arrepentidos), están más cerca que ellos del reino de los cielos.

4. Incontables son los obstáculos del hombre que desea hacer lo que es correcto y al mismo tiempo se resiste a negar su “yo”. Desde la antigüedad se sabe que hay todo un mundo de vicios escondido en el alma humana, pero la auto negación cristiana es el remedio para acabar con todos. Solo hay liberación para el hombre que renuncia a su egoísmo, y cuya única meta es agradar al Señor y hacer lo que es bueno delante de Sus ojos.

Tomado de El Libro de la verdadera vida cristiana de Juan Calvino.

rosa amarilla flickr1. La ley divina contiene un plan adecuado y ordenado para la regulación de nuestra vida; pero nuestro Padre celestial ha querido dirigir a los hombres por medio de un principio clave excelente. Es el deber de todo creyente presentar su cuerpo como un sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios, como indica la Escritura. En esto consiste la verdadera adoración. El principio de la santidad nos lleva a la siguiente exhortación: “No os adaptéis a las formas de este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál es la voluntad de Dios; lo bueno, lo que le agrada, y lo perfecto” (Romanos 12:2). Es muy importante que estemos consagrados y dedicados al Señor, pues eso significa que pensamos, hablamos, meditamos o hacemos cualquier cosa teniendo como motivo principal la gloria de Dios. Recordemos que aquello que es sagrado no puede aplicarse a usos impuros sin cometer una seria injusticia y agravio a Dios.

2. Si no somos nuestros y pertenecemos al Señor, debemos huir de aquellas cosas que le desagradan y encauzar nuestras obras y nuestros hechos a todo aquello que Él aprueba. Basándonos en el hecho de que no nos pertenecemos, tendríamos que aceptar que ni nuestra razón ni nuestra voluntad deberían guiamos en nuestros pensamientos y acciones. Si no somos nuestros, no hemos de buscar satisfacer los apetitos de nuestra carne. Si no somos nuestros, entonces olvidémonos de nosotros mismos y de nuestros intereses todo cuanto nos sea posible.  Pertenecemos a Dios; por lo tanto, dejemos de lado nuestra conveniencia y vivamos para Él, permitiendo que Su sabiduría guíe y domine todas nuestras acciones. Si pertenecemos al Señor, dejemos que cada parte de nuestra existencia sea dirigida hacia Él. Ésa debe ser nuestra meta suprema.

3. ¡Cuánto ha avanzado aquel hombre que ha aprendido a no pertenecerse a sí mismo, ni a ser gobernado por su propia razón, sino que rinde y somete su mente a Dios! El veneno más efectivo que lleva a los hombres a la ruina es el hecho de jactarse en sí mismos, en el poder y la sabiduría humana. La única salida para zafarse de este autoengaño es sencillamente seguir la guía del Señor. Nuestro primer paso debería ser el de aplicar todo nuestro poder al servicio del Señor.

4. El servicio del Señor no solo implica una auténtica obediencia, sino también la voluntad de poner aparte los deseos pecaminosos y rendirse completamente al liderazgo del Espíritu Santo. La transformación de nuestras vidas por medio del Espíritu Santo es lo que Pablo llama la renovación de la mente. Éste es el verdadero principio de la vida, el cual los filósofos de este mundo desconocen. Los filósofos paganos ponen la razón contra la única guía de la vida, de la sabiduría y la conducta, pero la filosofía cristiana nos demanda que rindamos nuestra razón al Espíritu Santo, lo que significa que ya no vivimos más para nosotros mismos, sino que Cristo vive y reina en nuestro ser. Romanos 12:1; Efesios 4:23; Gálatas 2:20.

Tomado de El libro de oro de la verdadera vida cristiana de Juan Calvino

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