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Video visto en el blog Lumbrera.


Video visto en el Blog lumbrera


“El dicho es que ‘el verdadero valor de un miembro de la iglesia se revela por su vida de los lunes en vez de la de los domingos’. Debemos vivir durante toda la semana en la misma atmósfera de santidad que deseamos tan ardientemente tener en el día del Señor. El corazón del cristiano debe ser regado en oración antes de que los frutos espirituales comiencen a crecer. Como el campo ha aprendido a amar íntima y simpáticamente a la lluvia y a los rayos del sol, así los cristianos deben aprender a vivir con Dios. No podemos maquillar una gran negligencia para vivir con Dios un breve tiempo de cosas espirituales el fin de semana”.


Las librerías están repletas de libros sobre cómo renovar nuestras iglesias, incluyendo el tiempo de culto. Las revistas para pastores tocan a menudo este importante tema. Las conversaciones entre líderes y laicos incluyen con frecuencia comentarios sobre “lo aburrido” o “lo emocionante” de tal culto, tal iglesia, o tal campaña. Y en muchos países la constante travesía que hacen muchos de iglesia en iglesia es prueba de que algo falta. ¿Dónde está el vacío? ¿Cuál es el verdadero problema?

¿Por qué ir a culto?

Si pudiéramos mirar la tierra desde un satélite cualquier domingo por la mañana, veríamos un glorioso panorama de miles de cristianos saliendo de sus casas para ir a culto, Biblias en mano, pasos apresurados. ¿A qué van? A pesar de que todos participen de una actividad común, no existe un consenso sobre el propósito del servicio dominical. Ha ocurrido una especie de amnesia en la iglesia, dejando una noción vaga del propósito principal de la adoración a Dios. ¿Cuáles son algunos de los conceptos comunes sobre el tiempo de culto?

1. El culto es evangelismo

Muchas Iglesias consideran el evangelismo la causa del servicio, por esta razón se disponen todos los esfuerzos en dirección al inconverso que visitará la congregación; esto incluye la música, la predicación, que suele ser superficial para no excluir al no-cristiano, y el llamado a “recibir al Señor”.

Pero, el culto no es evangelismo. Dios convoca Sus hijos para adorarle y sólo ellos estarán dispuestos a hacerlo. Un no-cristiano no quiere y no puede adorar a Dios. Aunque existe “evangelismo” en el culto, no podemos afirmar que es una reunión que tenga eso como propósito central.

2. El culto como técnica para crecer

Si se cree que el servicio dominical es para evangelizar se tendrá como objetivo atraer los inconversos y se utilizarán todo tipo de estrategias para ello, como la música o la danza, por ejemplo. A su vez, se dejarán de lado todos aquellos elementos tradicionales que no se consideren atractivos. Todo estará enfocado en aumentar el número de asistentes o “consumidores religiosos”.

Pero, el servicio de adoración no puede reducirse a una técnica. La adoración no es un medio para atraer a los incrédulos, sino que su fin es glorificar a Dios. Es el momento de comunión entre el Señor y Su pueblo. El culto bíblico es evangelístico, pero no por estrategias de hombres, sino por el impacto que tiene la predicación de la Sana Doctrina y la actitud de fe manifestada en los creyentes que asisten.

3. El ‘estilo’ de culto es determinante para el evangelismo

Cuando una iglesia utiliza su culto para ‘atraer’ a los miembros, entonces pone todo su enfoque en el ‘estilo’ de sus actividades, con el fin de producir ciertos resultados, y los asistentes pasan de ser adoradores a ser espectadores y consumidores de un producto que se les ofrece. El culto se puede volver como un concierto (donde la banda y los cantantes son el enfoque), o como un cine (completo con una pantalla grande y buenas cámaras) o como un teatro (con excelente ‘actor’ que hace reír o llorar a la gente como quiere).

Pero, el ‘estilo’ debe ser bíblico. La forma y contenido del culto deben mantener la perspectiva bíblica, no la cultural. Nuestras reuniones deben glorificar a Dios en el estilo de orar, predicar, etc. La Palabra debe dirigir nuestras creencias y nuestras prácticas.

4. El culto es enseñanza

Algunos creen que la principal meta del culto es impartir enseñanzas bíblicas. Esto convierte la iglesia en un instituto bíblico, donde el énfasis es la conferencia.

Pero, el culto es más que enseñanza: la explicación de la Palabra de Dios es de suma importancia, pero no es el único elemento importante, pues existen otras prácticas que la rodean, como la alabanza, la reverencia, la humillación (Salmo 95:1-2,6), la confesión (Salmo 95:7-8) y la oración (Mateo 21:13).

5. El culto es una ‘experiencia’

Muchas iglesias han promovido el concepto que el culto debe ser una experiencia que conmueve el corazón para sentirse mejor, una práctica emocional, sentimental, placentera. Por eso llega a medirse el ‘éxito’ del culto con el grado de éxtasis que produjo en el participante.

Pero, la Biblia no la enfoca en nuestra experiencia. Dios evalúa nuestros cultos no por el efecto que hayan tenido en nuestras vidas, sino ¡si fue «aceptable» para Él! (Gn 4:3-7; Ex 32; Isa. 1; Ro. 12:1,2; 14:17,18; He. 12:28-29, 13:16). En la Biblia encontramos que el creyente se acerca a Dios para dar, más que para recibir. «Ofrendamos» (Salmo 4:5), «nos postramos» (Isa. 49:7), «confesamos» (Salmo 32:5), «nos arrodillamos» (Salmo 95:6), «cantamos» (Salmo 95:1) y «ofrendamos» (Ex. 34:20).

Dios nos conceda reconocer que el centro de todo lo que hacemos en nuestra vida es Él, todo lo demás es añadidura.

Fragmento adaptado del texto “Renovando Pacto con Dios” de Guillermo Green


Teniendo en cuenta que en la actualidad existen tantas congregaciones que sólo de nombre se llaman cristianas, pero que no lo son en Su predicación, culto y adoración, ¿qué aspectos debemos evaluar al interior de nuestras Iglesias, para evitar reproducir estos pecados?

a. Cerciorarnos de que nuestra opinión de Dios es bíblicamente precisa: nuestro entendimiento y  pensamientos acerca de Dios, deben ser completamente bíblicos, ya que en la actualidad muchos están adorando a un dios que es una gran distorsión del Dios verdadero revelado en las Escrituras. Esto es producto la falsa y superficial enseñanza de los pastores, que con sus cultos al “gusto del consumidor”, han creado un dios humanista, llevando al pueblo a la idolatría, y la gente en su ignorancia y sin protestar lo ha aceptado, pues sólo están en busca de su propia satisfacción.

b. Asegurarnos de que Jesucristo es el foco central de nuestra adoración: Él tiene la preeminencia, por eso debemos permanecer siempre enfocados, mirando a Cristo y Su obra consumada como el objeto de nuestra adoración.

c. Comenzar a prepararnos para adorar: hemos de humillarnos ante Dios,  acercarnos a Él, buscar Su rostro en oración, con el fin de que a Él le plazca concedernos un verdadero sentido de Su presencia manifiesta. Debemos examinarnos, reconociendo cuál es nuestra verdadera motivación de congregarnos, ¿es realmente la adoración a Dios? (Santiago 4:1-10). Los actuales servicios han creado una falsa expectativa, por eso mucha gente cree equivocadamente que el ruido, los números, la conmoción y el emocionalismo son señales de la presencia palpable de Dios, pero esto es falso, adictivo e impide conocer a Dios realmente. Este tipo de personas que se encuentran engañadas y lejanas a la verdad de las Escrituras, no conciben la adoración sin sus métodos superficiales y emocionales.

d. Disciplinarnos para recordar que el servicio de adoración tiene el propósito específico de dar gloria a Dios: existe la noción equivocada de que venimos a la iglesia para recibir una bendición, para ser entretenidos o para que se satisfagan nuestras necesidades; y aunque es cierto que la adoración es de gran bendición al pueblo de Dios, no deja de ser algo secundario, pues la prioridad es alabar y glorificar a Dios. No es inusual escuchar a alguien decir: “No recibí nada en la iglesia.” A lo que deberíamos responder: ¿qué le dio usted a Dios? ¿Cómo preparó usted su corazón para dar? Si usted asiste a la iglesia buscando egoístamente una bendición, no ha comprendido el verdadero sentido de la adoración. Vamos para glorificar, no para buscar bendición. El asunto no es, ¿qué recibí por haber estado en la iglesia?, sino, ¿glorificó mi corazón a Dios? Ya que la bendición proviene de Dios como respuesta a la adoración, si usted no ha sido bendecido, no será, generalmente hablando, a causa de la pobre música y predicación (aunque a veces éstas pueden ser obstáculos invencibles), sino de un corazón egoísta que no glorifica a Dios.

e. Reconsiderar el significado del éxito: el concepto equivocado, mundano y antibíblico de éxito se ha infiltrado a las Iglesias, desplazando el principal objetivo de dar la verdadera adoración a Dios. La mayoría de pastores y asistentes no se sienten animados si sus congregaciones no tiene una gran audiencia o un auditorio lleno, pues consideran que el éxito es directamente proporcional a los meros números, a la multiplicación de miembros y al mover que se logra con un show evangélico; sin importar que no exista genuina consagración, obediencia, amor y fidelidad a Cristo. Debemos recordar que el concepto de “éxito” que nos enseña la Escritura es sencillamente hacer la voluntad de Dios. Si estamos haciendo Su voluntad, no debemos estar bajo la esclavitud del éxito mundano en el que tantas iglesias y pastores están cautivos.

f. Volver una vez más a las grandes doctrinas de la fe cristiana: la verdadera adoración inicia y aumenta con una correcta instrucción doctrinal. El pueblo de Dios se reúne a ser alimentado y nutrido por la Palabra y aunque mucha gente hoy día no tolerará y ni se someterá a la predicación del Evangelio, las verdaderas ovejas de Dios responderán positivamente al escuchar la proclamación del Espíritu. No debemos caer en el error contemporáneo de hacer mensajes cargados de psicología, lenguaje trivial y temas superficiales sobre las relaciones humanas, para llamar la atención de los hombres, sino que debemos proclamar las verdades eternas de Dios al mundo incrédulo.

g. Es necesario el arrepentimiento: Tenemos que arrepentirnos por haber venido tantas veces a la iglesia sin estar preparados para adorar, habiendo dado poca o ninguna atención a la búsqueda del rostro de Dios. Tenemos que arrepentirnos por no haber dado la preeminencia a Cristo y haber permitido servicios en los que el enfoque central recaía sobre el hombre. Debemos quebrantarnos por haber desvalorizado tanto la predicación. El genuino arrepentimiento nos llevará en una nueva dirección, directamente a la adoración a Dios.

Adaptación del texto “Adoración en el Salón del Trono” de Roberto L. Dickie


a. Rechazo a la historia de adoración de la Iglesia: se descartan veinte siglos de historia eclesiástica, los cuales se sustituyen con innovaciones y métodos para hacer la obra de Dios, los cuales no tiene ningún fundamento bíblico.

b. Alejamiento de la predicación expositiva como parte esencial de la adoración bíblica: las predicaciones son ahora conferencias humanistas, moralistas o con énfasis psicológico, dejando de lado la enseñanza de la majestad de Dios, Su obra y Su Palabra.

c. Servicios de adoración que no son Cristo-céntricos en su predicación ni en su enfoque: se realizan servicios religiosos, donde prácticamente ya casi ni se menciona el nombre de Jesucristo, ni se hace un llamado a amarle y ser más como Él.

d. Sustitución de los himnos de la fe por cantos superficiales: actualmente la música es vital en los cultos, pero desafortunadamente no tiene un sustento bíblico en sus letras, sino que suelen ser cantos  triviales y subjetivos en extremo, que buscan satisfacer la emotividad de los hombres, no adorar a Dios.

e. Desconocimiento del propósito de la Iglesia: tanto los líderes, como los laicos, desconocen o pervierten el propósito de la iglesia, convirtiéndolo en un club social, un centro de entretenimiento o una empresa. Por el contrario, la iglesia debe ser un lugar de adoración donde los verdaderos creyentes y seguidores de Cristo son discipulados, instruidos, edificados, animados y consolados en la fe.

f. Distorsión del Evangelio: muchos, en busca de la aceptación del mundo, han diluido o sustituido totalmente el Evangelio verdadero, por una falsa copia. Esto hace que los asistentes desconozcan totalmente la verdad acerca de la Soberanía de Dios, la Salvación, la Gracia, la Justificación por la fe, el arrepentimiento y perdón de pecado, el nuevo nacimiento, la santificación del creyente, etc.

g. Influencia de la doctrina y experiencia carismática: se realizan cultos centrados en el entretenimiento del hombre, con un excesivo énfasis en la demonología, las sanidades y la adoración subjetiva, que no son otra cosa que manifestaciones mundanas.  Esto trae como consecuencia mayor incredulidad, frustración o satisfacción carnal, que aleja completamente a las personas de Cristo.

h. Servicios de adoración que ya no producen reverencia, temor o admiración a Dios: en un afán por agradar a los oyentes en vez de a Dios, los pastores han obviado el llamado al arrepentimiento, a la vida en santidad y a la sumisión a Cristo como Señor.

i. Estrategias evangelísticas antibíblicas: el nuevo estilo de evangelismo, basado en una superficial profesión de fe, ha llenado las iglesias con gente que nunca ha nacido de nuevo. Esto produce un gran crecimiento numérico en las congregaciones, pero ausencia de verdadera vida espiritual, la cual es una obra sobrenatural de la gracia soberana de Dios.

j. Falta de fe en el Evangelio: se ha creído que el evangelio no tiene poder para traer hombres a Cristo, se considera inadecuado e insuficiente en sí mismo, por eso se busca completar con obras,  entretenimiento, bailes y música contemporánea para poder apelar a la cultura de nuestros tiempos (Ro. 1:16).

Adaptación del texto “Adoración en el Salón del Trono” de Roberto L. Dickie