Archivos de la categoría ‘JOHN OWEN’


“No hay pensamiento con el que el hombre sea tan embrutecido y entontecido, ni sea tan pernicioso, como este: que una persona sin purificar, sin santificar su vida, pueda luego ser llevada al cielo, a un estado de bendición que consiste en el disfrute de Dios. Ni esa persona puede gozar de Dios, ni para ella Dios seria como una recompensa. Sin duda, la santidad se perfecciona en el cielo, pero su origen se halla invariablemente en este mundo. A nadie conduce Dios al cielo si no ha sido antes santificado en la tierra. La Cabeza viva no admite miembros muertos.”

Anuncios

No es nuevo que existan personas que profesen ser creyentes, mientras que con sus hechos niegan tal comportamiento. Esto ocurría aún en la Iglesia primitiva, por lo que muchas de las cartas fueron para guardar a los cristianos verdaderos de caer en tal actitud de hipocresía. John Owen (1616-1683), llamado “el príncipe de los puritanos”, en su libro “Sobre la Tentación” (John Owen on Temptation – The Nature and Power of it), escribió una advertencia sobre el peligro que representan este tipo de conductas en medio de las Iglesias; aquí cito algunos apartes que vale la pena tomar en cuenta hoy, para no ser llevados por el mal ejemplo de falsos creyentes:

El poder de la tentación en una comunidad

En Ap.3:10, el Señor habla de “la hora de prueba” que ha de venir sobre el mundo entero para probar a los que moran sobre la tierra. Esta “hora de prueba” vino para probar a los descuidados creyentes profesantes de aquel tiempo. Satanás vino como un león para desviarlos de la verdad. Vamos a pensar acerca de tres aspectos de esta clase de prueba:

Esta clase de prueba es un juicio de Dios en el cual Dios tiene dos propósitos. El primero es para castigar al mundo que ha menospreciado su Evangelio. El segundo es para juzgar a aquellos que falsamente dicen ser creyentes. Esto significa que la prueba tiene un poder especial para cumplir el propósito de Dios. La Biblia habla de personas “que no recibieron el amor a la verdad para ser salvos”, personas que no creyeron a la verdad sino que se complacieron en la injusticia. A fin de castigarlos, “Dios les envía un espíritu de error para que crean la mentira a fin de que sean condenados…” (2 Ts.2:9-12). Dios no ha cambiado. En su santa soberanía todavía envía tales pruebas las cuales nunca son en vano, sino que Dios les da poder para cumplir lo que Él quiere.

Esta clase de prueba incluye la tentación de seguir el mal ejemplo de otros creyentes “profesantes” que tienen una reputación de ser piadosos. En los tiempos cuando la iniquidad aumenta, las normas generales de la piedad entre el pueblo de Dios disminuyen y se debilitan. Esta declinación empezará con unos pocos creyentes que comiencen a volverse negligentes en sus deberes cristianos, descuidados y mundanos. Estos creyentes se sienten “libres” para seguir sus deseos pecaminosos. Quizás al principio, otros creyentes les condenarán y les redargüirán, pero después de un tiempo se conformarán a su mal ejemplo. Muy pronto los verdaderamente piadoso serán la minoría y los otros la mayoría. Debemos tomar muy en serio el siguiente principio: “Un poco de levadura, leuda toda la masa” (1 Co.5:6, Gál.5:9). ¿Qué se necesita para cambiar completamente el ambiente moral de una iglesia? Sólo se necesita que unos cuantos creyentes de una buena reputación continúen en su declinación espiritual y que la justifiquen ante los demás.

Pronto una multitud seguirá su mal ejemplo. Es más fácil seguir a los muchos para hacer mal (Ex.23:2) que mantenernos firmes a favor de la justicia. El mismo principio es verdad en cuanto a las enseñanzas falsas. ¿Qué se necesita para cambiar la posición doctrinal de una iglesia? Todo lo que se necesita es que unos pocos creyentes de buena reputación provienen y justifiquen la enseñanza falsa. No pasara mucho sin que la multitud comience a seguirle. Muy pocos creyentes se percatan de cuán fuerte es la tentación para seguir el ejemplo de otros. En cada época los creyentes deberían aprender a no poner su confianza en los hombres “piadosos”, sino en la Palabra de Dios. Si somos humildes, consideraremos seriamente las opiniones y las prácticas de aquellos que tienen una reputación de ser piadosos. Sin embargo, si sus opiniones y prácticas son contrarias a la Palabra de Dios, no debemos seguir su ejemplo.

Esta clase de tentación generalmente incluye fuertes razones para seguir a la multitud hacia el mal. En el punto anterior señalamos que hay una fuerte tentación para seguir el ejemplo de personas que tienen una buena reputación. Además, estos líderes del mal pueden dar “buenas razones” para defender sus opiniones y prácticas. ¿Está usted dispuesto a pensar por sí mismo? o ¿Permitirá que otros piensen por usted? Si es así, entonces usted será muy fácilmente desviado por las conclusiones falsas de otros. Por ejemplo, el Nuevo Testamento sin lugar a dudas, da una enseñanza muy clara con relación a la libertad que los creyentes tienen en Cristo. Tristemente, no es difícil para algunos pervertir esta enseñanza. Poco a poco, pero ciertamente, las salvaguardas de la santa ley de Dios son quitadas, y la libertad cristiana es convertida en un pretexto para el pecado. Si los creyentes fueran a ver desde el principio hasta dónde les conducirá esta enseñanza, con horror le volverían la espalda.

Pudiera ser que algunos de estos maestros no se percaten al principio de las consecuencias que sus enseñanzas les traerán. Al principio, su desviación pudiera parecer pequeña e insignificante. Sin darse cuenta, los maestros y sus seguidores se desvían cada vez más de la verdad hasta que cambian la verdad de Dios por una mentira” (Ro. 1:25). Por ejemplo, hoy en día hay un número creciente de cristianos “profesantes” que están dispuestos a minimizar y a aun negar la condenación bíblica de las prácticas homosexuales. Esta es una ilustración moderna de esta advertencia. Otras ilustraciones de las desviaciones de los tiempos modernos son: métodos y tácticas de evangelismo que no tienen ningún apoyo bíblico; la omisión en la predicación evangelística de la necesidad del arrepentimiento y la sumisión al Señorío de Cristo; la disminución de las normas bíblicas para la membrecía de la Iglesia y el descuido de la disciplina; la omisión o el abierto rechazo de doctrinas tan fundamentales como la predestinación; la depravación humana y la necesidad de una obra especial del Espíritu Santo para convertir a los inconfesos; la falta de una enseñanza clara sobre las evidencias de la regeneración, y las normas bíblicas para el proceso de la santificación y la mortificación del pecado, etc.

Fragmento tomado del libro “Sobre la Tentación” de John Owen

 


Mortificar el pecado

morir al pecadoLa palabra mortificar ha sido traducida al español como “matar”, “hacer morir” y “amortiguar”. La palabra es usada en distintas formas en el español, por ejemplo, a veces significa: Negarse a gratificar (cumplir) un deseo. En su uso simbólico significa molestar, fastidiar o amargar la vida. En su uso bíblico, esta palabra significa: Quitar la fuerza, la vitalidad y el poder de algo a fin de que muera. La palabra incluye la idea de debilitar por falta de alimento o hacer morir de hambre; o privar de la comida o alimento. Esta es la idea que vemos en Romanos 13: 14 que dice: “no proveáis para los deseos de la carne”, en la Versión actualizada se traduce como: “No hagáis provisión para satisfacer los malos deseos de la carne”, En otras palabras, debemos acabar con cualquier cosa en nuestras vidas que sirva como “comida” para alimentar la naturaleza pecaminosa. No debemos proporcionarle ninguna cosa que le fortalezca o que le ayude a tener fuerza, poder y vitalidad.

En el Nuevo Testamento la mortificación del pecado se describe en términos de una crucifixión. (Romanos 6:6; Gálatas 2:20, 5:24 y 6: 14). La figura es la de una muerte lenta, gradual y dolorosa provocada por la privación. También la mortificación es descrita en términos de violencia, la idea es de hacer “violencia santa” contra el enemigo de nuestras almas. Las palabras de Cristo en Marcos 9:43-47 “córtalo” y “sácalo” corroboran esta idea. También las palabras de Pablo en I Corintios 9:26-27, “pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer” nos hablan no de violencia física sino espiritual en contra del pecado. Además, las palabras en I Pedro 2:11 también nos hablan de violencia espiritual: ”Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma”. El pecado lucha y pelea para preservar su propia vida. La frase “violencia espiritual” es muy apropiada porque no es fácil matar a un enemigo que lucha y se encuentra en peligro. “Todos aquellos que piensan acabar con el pecado con unos cuantos ‘golpes ligeros’ se equivocan, porque fracasarán y terminarán siendo muertos por este enemigo.”

La regeneración asegura que los creyentes no pueden continuar viviendo bajo el control del pecado, pero no significa la  aniquilación o la destrucción de las raíces del pecado en su corazón. La regeneración no aniquila ningún pecado sino que más bien produce un cambio en nuestra relación con todo pecado. El apóstol Pablo es un ejemplo de esta realidad. Vemos en su vida que algunos pecados fueron mortificados en el momento de su nacimiento nuevo (por ejemplo, su odio hacia los gentiles y cristianos). Otros pecados fueron debilitados por la regeneración (Romanos 7:15-25) y algunos permanecieron con mucha fortaleza (II Corintios 12:7-10 su lucha continua contra el orgullo)

Aunque la muerte del creyente al pecado fue comprada y asegurada por la muerte de Cristo en su lugar (Romanos 6:2), sin embargo, la mortificación del pecado sigue siendo todavía el deber cotidiano del creyente. Aunque hemos recibido la promesa de una victoria completa cuando fuimos convertidos al principio, (a través de la convicción de pecado, humillación por pecado y la implantación de un nuevo principio de vida que es opuesto y destructivo para el pecado) el pecado permanece en el creyente. El pecado es activo en todos los creyentes, aún en los mejores creyentes mientras que vivan en este mundo. Por lo tanto, la mortificación continua, día tras día, es esencial a lo largo de toda su vida.

El mal de no tomar en serio el pecado

Una persona puede hablar acerca del pecado y decir que es algo muy malo; no obstante, si esa persona no mortifica diariamente su propio pecado, quiere decir que no lo está tomando en serio. La causa principal de la falta de mortificación del pecado es que el pecado sigue adelante sin que la persona se percate de ello.

Alguien que sostiene la idea de que la gracia y la misericordia divinas le permiten pasar por alto sus pecados cotidianos, está muy cerca de convertir la gracia de Dios en un pretexto para pecar, y de ser endurecido por el engaño del pecado. No hay una evidencia más grande de un corazón falso y podrido que esto. Lector, tenga cuidado de tal rebelión. Esto solamente puede conducirle al debilitamiento de su fortaleza espiritual, si no es que a algo peor: la apostasía y el infierno. La sangre de Cristo es para purificarnos (I Juan 1:7; Tito 2: 14), no para consolarnos en una vida de pecado. La exaltación de Cristo debería conducirnos al arrepentimiento (Hechos 5:31) y la gracia de Dios debe enseñarnos a decir no a la impiedad (Tito 2:11-12).

La Biblia habla de personas que abandonan la iglesia porque nunca pertenecieron realmente a ella (I Juan 2:19). La forma en que esto ocurre a muchas de estas personas es más o menos como sigue: Ellas estaban bajo convicción por algún tiempo y esto les condujo a hacer ciertas obras y a profesar la fe en Cristo. Ellos se apartaron de las contaminaciones del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo (II Pedro 2:20). Pero, después de que conocieron el evangelio se cansaron de sus deberes espirituales. Puesto que sus corazones nunca habían sido realmente cambiados, ellos se permitieron a sí mismos, descuidar varios aspectos de la enseñanza bíblica acerca de la gracia. Una vez que este mal hubo atrapado sus corazones, fue solamente cuestión de tiempo hasta que se hundieron en el camino que conduce al infierno. (Es decir, se convirtieron en apóstatas.)

Una influencia que endurece a otros

Una persona que no mortifica en sí misma el pecado no puede ser preservada de caer abiertamente en la apostasía, y no obstante al mismo tiempo ejerce una influencia doble sobre otras personas:

Cuando los inconversos pueden ver tan poca diferencia entre sus propias vidas y la de una persona que profesa el cristianismo pero que no mortifica sus pecados, entonces no ven ninguna necesidad de ser convertidos. Ellos observan el celo religioso de dicha persona, pero también observan su impaciencia con aquellos con quienes no está de acuerdo. Ellos observan sus muchas inconsistencias. Ellos ven que en algunas cosas se separa del mundo, pero se fijan más en su egoísmo y su falta de esfuerzo para ayudar a otros. Ellos escuchan su conversación espiritual y sus reclamos de tener comunión con Dios; pero todo es contradicho por su conformidad a los caminos del mundo. Ellos escuchan su jactancia de que sus pecados han sido perdonados, pero también se fijan en su falla de no perdonar a otros. Entonces, observando la pobre calidad de vida de tal persona, se endurecen en sus corazones contra el cristianismo y concluyen que sus vidas son tan buenas como las de cualquier “creyente”.

Por otro lado, otros pueden tomar a tal persona como un ejemplo de un cristiano y asumir que, debido a que pueden imitar su ejemplo o mejorarlo, por lo tanto ellos también podrían considerarse como cristianos. En esta forma tales personas son engañadas y piensan que son cristianos cuando en realidad no poseen la vida eterna.

Apartes tomados del libro LA MORTIFICACIÓN DEL PECADO del puritano JOHN OWEN


“En los tiempos cuando la iniquidad aumenta, las normas generales de la piedad entre el pueblo de Dios disminuyen y se debilitan. Esta declinación empezará con unos pocos creyentes que comiencen a volverse negligentes en sus deberes cristianos, descuidados y mundanos. Estos creyentes se sienten “libres” para seguir sus deseos pecaminosos. Quizás al principio, otros creyentes les condenarán y les redargüirán, pero después de un tiempo se conformarán a su mal ejemplo. Muy pronto los verdaderamente piadosos serán la minoría y los otros la mayoría. Debemos tomar muy en serio el siguiente principio: “Un poco de levadura, leuda toda la masa” (1 Corintios 5:6 y Gálatas 5:9).

¿Qué se necesita para cambiar completamente el ambiente moral de una iglesia? Sólo se necesita que unos cuantos creyentes de una buena reputación continúen en su declinación espiritual y que la justifiquen ante los demás. Pronto una multitud seguirá su mal ejemplo. Es más fácil seguir a los muchos para hacer mal (Éxodo 23:2) que mantenernos firmes a favor de la justicia.

El mismo principio es verdad en cuanto a las enseñanzas falsas. ¿Qué se necesita para cambiar la posición doctrinal de una iglesia? Todo lo que se necesita es que unos pocos creyentes de buena reputación provienen y justifiquen la enseñanza falsa. No pasara mucho sin que la multitud comience a seguirle. Muy pocos creyentes se percatan de cuán fuerte es la tentación para seguir el ejemplo de otros.

En cada época los creyentes deberían aprender a no poner su confianza en los hombres “piadosos”, sino en la Palabra de Dios. Si somos humildes, consideraremos seriamente las opiniones y las prácticas de aquellos que tienen una reputación de ser piadosos. Sin embargo, si sus opiniones y prácticas son contrarias a la Palabra de Dios, no debemos seguir su ejemplo.

Hay una fuerte tentación de seguir el ejemplo de personas que tienen una buena reputación. Además, estos líderes del mal pueden dar “buenas razones” para defender sus opiniones y prácticas. ¿Está usted dispuesto a pensar por sí mismo? o ¿Permitirá que otros piensen por usted? Si es así, entonces usted será muy fácilmente desviado por las conclusiones falsas de otros.

El Nuevo Testamento sin lugar a dudas, da una enseñanza muy clara con relación a la libertad que los creyentes tienen en Cristo. Tristemente, no es difícil para algunos pervertir esta enseñanza. Poco a poco, pero ciertamente, las salvaguardas de la santa ley de Dios son quitadas, y la libertad cristiana es convertida en un pretexto para el pecado. Si los creyentes fueran a ver desde el principio hasta dónde les conducirá esta enseñanza, con horror le volverían la espalda. Pudiera ser que algunos de estos maestros no se percaten al principio de las consecuencias que sus enseñanzas les traerán. Al principio, su desviación pudiera parecer pequeña e insignificante. Sin darse cuenta, los maestros y sus seguidores se desvían cada vez mas de la verdad hasta que cambian la verdad de Dios por una mentira” (Romanos 1:25).

Ejemplo de todo esto es que hoy en día hay un número creciente de cristianos “profesantes” que están dispuestos a minimizar y a aun negar la condenación bíblica de las prácticas homosexuales. Esta es una ilustración moderna de esta advertencia. Otras ilustraciones de las desviaciones de los tiempos modernos son:

  • Métodos y tácticas de evangelismo que no tienen ningún apoyo bíblico.
  • La omisión en la predicación evangelística de la necesidad del arrepentimiento y la sumisión al Señorío de Cristo.
  • La disminución de las normas bíblicas para la membrecía de la Iglesia y el descuido de la disciplina.
  • La omisión o el abierto rechazo de doctrinas tan fundamentales como la predestinación; la depravación humana y la necesidad de una obra especial del Espíritu Santo para la genuina conversión.
  • La falta de una enseñanza clara sobre las evidencias de la regeneración, y las normas bíblicas para el proceso de la santificación y la mortificación del pecado, etc.”

Apartes del libro “La Tentación” de John Owen, llamado el príncipe de los puritanos (1616-1683).

Es realmente impactante ver la vigencia que tiene este escrito de John Owen, con las condiciones actuales de la Iglesia expuestas por Paul Washer. Definitivamente el enemigo y el mundo siempre se han infiltrado en las congregaciones, pero es evidente que con esto se prueba quienes realmente aman y buscan a Dios, en contraposición con los que tienen como único interés la satisfacción de sus propios deseos.