Archivos de la categoría ‘PALABRA DE DIOS’


Fuente: Gregorio Polanco

 

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Las Escrituras nos enseñan cómo podemos dar cada día gloria a Dios con nuestras vidas, al ser testimonio y ejemplo de verdaderos creyentes, que aman y cumplen sus mandamientos.  Aquí algunos de los principios que debemos aplicar todos los días en nuestra vida espiritual, personal, familiar y laboral.

Vida espiritual

1 Tesalonicenses 5: 17 Orad sin cesar.

Josué 1: 8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Vida personal

Filipenses 4: 8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Colosenses 3: 17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Vida Familiar

Efesios 6: 2-3 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

Colosenses 3: 18-21 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.

Vida Laboral

Colosenses 3: 22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.

Efesios 6: 5 Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo;

1 Pedro 2: 18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.



“Devolver mal por bien, es actuar como Satanás,
Devolver mal por mal, es actuar como las bestias,
Devolver bien por bien, es actuar como los hombres,
Devolver bien por mal, es actuar como un hijo de Dios”

Es preferible ser humillados y perder desde el punto de vista humano, pero complacer a nuestro Señor y disfrutar de Su victoria en nuestro corazón…

“Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. (Romanos 12:14-21)

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. (Mateo 5:38-48)


La predicación no es algo solamente para escuchar o entender sino que es un encuentro con Dios. Cuando escuchamos las palabras de la predicación, esperamos que Dios nos diga algo. El Espíritu usa las palabras para motivarnos y animarnos hacia un deseo más profundo de adorar y conocer a nuestro Señor.

Por ejemplo, había una anciana que asistía a una iglesia donde el pastor era bien conocido por sus mensajes. Y cada domingo esta anciana se acercaba al pastor para saludarlo. Y cada domingo la anciana decía al pastor, “Muchísimas gracias por la enseñanza de hoy,” o decía, “Muchísimas gracias por el mensaje de hoy.” Por años el pastor deseaba saber por qué algunos domingos la anciana hacía referencia a la predicación como una enseñanza, mientras otros domingos como un mensaje. Finalmente el pastor preguntó a ella sobre esto y ella respondió, “Pastor, cuando tú enseñas yo aprendo algo. Pero cuando tú predicas, yo encuentro a Dios.”

Fragmento tomado de “El culto desde la tradición de la Reforma hacia una tradición para hoy” de Gary William Van Veen.



Una excelente representación de la Parábola de Lázaro y el Rico de Lucas 16: 19-31

Video visto en el canal de youtube  http://www.youtube.com/user/LaRedencionEstaCerca.

Gracias Luis por compartirlo a la Iglesia.


En un bello lenguaje poético, el salmista expresa el asombro que le produce la misteriosa sabiduría de Dios. Él es omnipresente, y nada pueden hacer las personas a escondidas de su Creador, quien conoce hasta los actos y pensamientos más secretos (Comentario LBLA).