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Mi breve tema del día es bastante especial pues hace parte de mi enseñanza práctica personal para este tiempo de cierre de año, donde todo empieza a girar en torno al consumismo y el materialismo. Creo que este breve mensaje no será de ayuda sólo para mí, sino para todos aquellos que han luchado en su corazón con las actitudes correctas que se deben tener en la vida para el uso correcto de las riquezas. El Señor siempre fue claro con los peligros que puede representar el amor al dinero, por el cual muchos se extraviarán de la fe (I Timoteo 1: 6-10) y con certeza declaró la imposibilidad de servir a dos señores (Mateo 6: 24), es por eso que debemos prestar mucha atención a nuestras actitudes frente a las cosas de la tierra, pues ellas indicarán la realidad de nuestro estado espiritual.

El Pastor John MacArthur en su libro “A quién pertenece el dinero”, enseña como la historia de la conversión de Zaqueo ayuda a comprender como ocurre un vuelco espiritual y una actitud transformada hacia el dinero en  alguien que había sido un ladrón y rico cobrador de impuestos. Su salvación le afectó de inmediato y a tal grado, que cambió completamente sus acciones en el área financiera de su vida. Pero no todos los encuentros de este tipo con Jesús tuvieron un resultado positivo, como lo narra la historia del joven rico; un hombre devoto que se pensaba que estaba listo para recibir la vida eterna, pero que se indispuso al saber que la obediencia a Cristo le implicaría dejar sus riquezas. El amor por las cosas de esta tierra presenta una barrera infranqueable a la regeneración, porque es mayor que el deseo de perdón y aun de ir al cielo.

Existe un gran contraste entre esas ocasiones significativas en que Jesús relacionó estrechamente la actitud de una persona hacia el dinero con el estado de la persona ante Dios. En la historia de Zaqueo, el hecho de que cambió su actitud hacia el dinero constituyó una evidencia fiable de que su arrepentimiento y su búsqueda de Dios eran genuinas. En la historia del joven rico, su terca negación a desprenderse de sus riquezas constituía una evidencia de su adoración al yo.

Permita Dios que nuestros pensamientos frente al dinero sean bíblicos y en obediencia plena a la Palabra, para no caer en el error contraproducente de tener las riquezas como nuestra motivación vocacional fundamental, sino que, sin importar el oficio o profesión que se tenga, la preocupación primordial no sea el pago, sino el dar el mayor esfuerzo, con cuidado, eficacia y excelencia para que el nombre de nuestro proveedor sea honrado.

Dejemos que se preocupen por las riquezas aquellos que viven por ellas, y los creyentes dediquémonos a tener contentamiento y gratitud con lo que Dios en Su misericordia nos ha concedido.

“Si alguno enseña otra cosa,  y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo,  y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido,  nada sabe,  y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras,  de las cuales nacen envidias,  pleitos,  blasfemias,  malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad,  que toman la piedad como fuente de ganancia;  apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo,  y sin duda nada podremos sacar. Así que,  teniendo sustento y abrigo,  estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo,  y en muchas codicias necias y dañosas,  que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero,  el cual codiciando algunos,  se extraviaron de la fe,  y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú,  oh hombre de Dios,  huye de estas cosas,  y sigue la justicia,  la piedad,  la fe,  el amor,  la paciencia,  la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe,  echa mano de la vida eterna,  a la cual asimismo fuiste llamado,  habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.” 1 Timoteo 6:3-12


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“Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda maledicencia y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (I Pedro 2: 1-2).

El creyente debe tener una actitud de corazón que le permita decir: “Anhelo a Dios y Su Palabra más que cualquier cosa”.  Si vamos en pos de la verdad divina tan seriamente como algunas personas procuran las riquezas materiales, la encontraremos porque Dios la ha hecho disponible (Job 28).

Se dice que un joven que una vez se acercó al filósofo griego Sócrates, le preguntó: “Oh Sócrates, ¿podría usted ser mi maestro?”. Sócrates le respondió: “Sígueme”, y se volvió y camino en el mar. Continuó caminando y caminando, y el joven continuó siguiéndolo y siguiéndolo. Deseaba mucho tener al maestro Sócrates como mentor. Finalmente, llegaron a la profundidad en la que el agua tocaba justamente el borde de sus labios. Sócrates entonces dio la vuelta y colocó ambas manos sobre la cabeza del joven y lo empujó debajo del agua. El joven, queriendo ser un estudiante obediente, permaneció debajo del agua por un poco de tiempo. Pero pronto comenzó a escupir y a chisporrotear a su alrededor mientras cogía aire. Durante ese tiempo, Sócrates, quien evidentemente era fuerte, lo mantenía debajo del agua. Pronto el joven comenzó a soplar grandes burbujas y agitarse enloquecidamente. Finalmente, Sócrates retiró sus manos de su candidato a estudiante, quien saltó a la superficie del agua.

Haciendo esfuerzos para respirar y escupiendo agua de su boca, el joven frenéticamente le preguntó al filósofo, ¿por qué hizo usted eso? ¿Por qué? Sócrates le contestó: “Cuando desees aprender tanto como deseas respirar, seré tu maestro”.

Cuando los creyentes queramos encontrar y conocer la verdad de la manera como algunas personas buscan tesoros naturales, cuando los creyentes ansiemos la Palabra de Dios tan apasionadamente como un bebé desea la leche, creceremos y maduraremos y llegaremos a ser semejantes a Cristo.

Josué 1: 8 proporciona un resumen adecuado para nuestro estudio del crecimiento espiritual: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien”. La clave está en absorber la Palabra de Dios y vivirla diariamente.

Fragmento tomado y adaptado del libro Los pilares del carácter cristiano de John MacArthur.


“El gran privilegio del Hijo de Dios es la relación. Su gran responsabilidad es crecer. Todo el mundo ama a los niños, pero nadie que esté cuerdo desea que permanezcan en el departamento de cuna. La tragedia, sin embargo, es que muchos cristianos, nacidos de nuevo en Cristo, nunca crecen. Otros incluso sufren de regresión espiritual infantil. El propósito del Padre celestial, por otro lado, es que los “niños en Cristo” se conviertan en personas “maduras en Cristo”. Nuestro nacimiento debe continuar con el crecimiento. La crisis de la justificación (nuestra aceptación delante de Dios) debe conducir al proceso de la santificación (nuestro crecimiento en santidad, lo que Pedro denomina “crecer para Salvación” I Pedro 2: 2).”

Fragmento tomado del libro LOS PILARES DEL CARÁCTER CRISTIANO, de John MacArthur.


“La persona que dice que acepta a Jesús como Salvador mientras persiste en rechazar Su señorío en verdad ha despreciado al verdadero Cristo y por lo tanto no es un cristiano…de hecho Jesús nunca es presentado como “Salvador y Señor” en la Biblia; siempre es como “Señor y Salvador”

John MacArthur

Obedience: Love or Legalism?, en Trust and Obey, p. 49.


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