¿DEBEMOS CONTENDER POR LA FE?

Publicado: mayo 7, 2009 en EVANGELIO VERDADERO, FALSAS DOCTRINAS, JOHN MACARTHUR, VIDA CRISTIANA

Muchos cristianos hoy día están cansados de la larga Guerra por la Verdad. Ellos están inseguros acerca de si los desacuerdos doctrinales y las divisiones son una plaga en la unidad espiritual de la iglesia y por lo tanto un pobre testimonio para el mundo. Estas y otras preguntas similares se escuchan constantemente hoy día: “¿No es tiempo de dejar de lado nuestras diferencias y amarnos los unos a los otros?”, “Antes de batallar con la gente con las que estamos en desacuerdo en varios puntos de la doctrina”, “¿Por qué no mantener un diálogo cordial con ellos, y escuchar sus ideas?”, “¿No podemos tener una conversación amistosa antes que un amargo conflicto?”, “¿No deberíamos congeniar antes que ser contenciosos?”, “¿Necesita la generación actual realmente perpetuar la pelea sobre creencias e ideologías?”, “¿O podemos nosotros finalmente declarar la paz y dejar de lado todos los debates sobre la doctrina?”.

Por supuesto, existe un asunto legítimo en el tono de tales preguntas. La Escritura nos ordena: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12: 18). “Seguid la paz con todos” (Hebreos 12: 14). “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza” (Gálatas 5: 22-23). Tomados todos juntos, estos pasajes aclaran que lo que la escritura demanda de nosotros es el polo opuesto de una actitud irritante. Nadie que exhibe el fruto del Espíritu puede posiblemente deleitarse con el conflicto. Entonces debería ser evidente que el llamado a contender por la fe no es un permiso para que espíritus beligerantes promuevan deliberadamente disputas acerca de temas insignificantes. Aún cuando el conflicto se presenta como algo ineludible, no debemos adoptar un espíritu mal intencionado.

Pero el conflicto no puede evadirse siempre. Esa es la intención final de varias de las epístolas, entre ellas la de Judas. Para permanecer fiel a la verdad, a veces es necesario “hacer la guerra” dentro de la iglesia, especialmente cuando los enemigos de la verdad que posan como hermanos y creyentes están contrabandeando sigilosamente una peligrosa herejía.

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. Judas 1:3

La expresión “contendáis ardientemente” está traducida de un fuerte verbo griego: epagonizomai, que significa literalmente: “agonizar en contra”. La palabra describe una intensa, larga y ardua pelea. No hay nada pasivo, pacífico o sencillo acerca de eso; es una poderosa guerra en nombre de la verdadera fe.

espadaNosotros tenemos un mandato urgente de Dios mismo a hacer nuestra parte en la Guerra por la Verdad. El Espíritu Santo, a través de la pluma de Judas, está impulsando a los cristianos a ejercitar la prudencia, el discernimiento, la valentía y la voluntad a contender eficazmente por la verdad.

Por lo que debemos contender no es nada insignificante, personal, mundano o con el ego. Esta guerra tiene un objetivo muy estrecho. A lo que estamos llamados a defender no es nada menos que “la fe que una vez se le dio a los santos”. Notemos: Nadie “descubrió” o “inventó” la fe cristiana. Nos fue “dada”. La verdad fue dada por Dios para toda la iglesia, intacta y una vez y para siempre. Vino por revelación, mediante la enseñanza de los apóstoles preservada para nosotros en la Escritura. La “fe” es una verdad integra que ya ha sido enviada, por lo tanto no existe necesidad de buscar una revelación adicional. Nuestra tarea es simplemente interpretar, entender, publicar y defender la verdad que Dios entregó una vez y para siempre a la iglesia.

Eso es finalmente de lo que trata la Guerra por la Verdad. No es una mera discusión entre ideologías terrenales que compiten. No es simplemente una campaña para refinar algunos credos religiosos o ganar un concurso denominacional. No es una batalla de ingenio sobre los puntos teológicos delicados de lo misterioso. No es un argumento como deporte. No es como un debate escolar, hecho para ver quién tiene las mejores cualidades o quién es el más brillante en el arte de la argumentación. No es meramente académico en ningún sentido. Y ciertamente no es un juego. Es una lucha muy seria para guardar el corazón y el alma de la verdad misma y para desatar esa verdad en contra de los poderes de la oscuridad, con la esperanza de rescatar las almas eternas de los hombres y mujeres que sin darse cuenta han sido atrapados por la trampa del engaño demoniaco.

Esta es una guerra que no podemos hacer efectiva si siempre intentamos encontrarnos con el mundo como gente meramente amigable, indiferente, dócil, agradable y que ama la diversión. No debemos seguir el ejemplo de gente que está perfectamente feliz de poner en peligro la verdad donde sea posible por “el bien de la armonía”. Un diálogo amigable puede sonar afable y agradable. Pero ni Cristo ni los apóstoles enfrentaron alguna vez  el error serio y destructor creando relaciones amistosas con los falsos maestros. La Escritura es clara acerca de cómo debemos responder cuando los mismos fundamentos de la verdad de la fe cristiana están bajo ataque, y Judas lo afirma brevemente: Contender eficazmente por la fe es nuestra tarea obligada.

Notemos cuidadosamente: Judas no está sugiriendo que los cristianos deberían contender entre ellos ante cada desacuerdo insignificante o dividirse en facciones ante cada conflicto de personalidad. De hecho, eso es lo mismo que el apóstol Pablo condenaba en I Corintios 3: 3-7. Ser divisivos y sectaristas son pecados terribles que lastiman a la iglesia cuando se fabrican las grandes divisiones a través de diferencias insignificantes con temas triviales, dudosos, indiferentes, o para nada vitales (Romanos 14: 1).

Ahora, podemos pensar que la diferencia entre un desacuerdo trivial y una amenaza seria a alguna verdad central cristiana sería siempre obvia y clara. En general lo es. La mayor parte del tiempo es bastante fácil ver la distinción entre una cuestión periférica y una cuestión de importancia urgente y fundamental. Pero no siempre. Y aquí es donde la sabiduría madura y el discernimiento cuidadoso se convierten en absolutamente cruciales para cada cristiano: A veces las amenazas serias a nuestra fe vienen en un disfraz sutil para que apenas se puedan notar. Y a los falsos maestros les gusta rodear su error mortal con alguna verdad. Allí radica la seducción. Nunca debemos suponer que cosas como la reputación del maestro, lo afectuosa que sea su personalidad o la mayoría de la opinión acerca de él son barómetros perfectamente seguros de si su enseñanza es realmente peligrosa o no. Tampoco nos deberíamos imaginar que el sentido común, la intuición o las primeras impresiones sean caminos fiables para determinar si este o aquel error presenta una seria amenaza o no. La Escritura, y sólo la Escritura, es la única guía segura en esta área.

Tomado de un fragmento del libro Verdad en Guerra de John MacArthur

comentarios
  1. Marcos dice:

    Excelente articulo , ya venia pensando en esto hace un tiempo , y mi corazon me decia que no debia bajar los brazos , que debia seguir contendiendo por la sana doctrina , hoy en dia esa lucha esta dando frutos en la congregacion donde estoy para la gloria de Dios.
    Que Dios les siga bendiciendo en grande.
    Un abrazo

  2. Natanael Veloz dice:

    Creo que muchas de las divisiones que se originan en nuestras iglesias,Se originan en la poca humildad que tenemos como cristianos.

    Por lo que debemos practicar los fruto del espiritu,Para que CRISTO guie nuestras decisiones y actitudes.

    Vivamos para nuestro SENOR JESUCRISTO.

    Amen.!

  3. Esceptic0 dice:

    no kieren contender porke saben ke no pueden tener una conversación en un tono trankilo y tolerando opiniones diferentes. El problema les surge cuando alguien si kiere contender con ustedes, ahi se vuelven completamente intolerantes y violentos y la paz se la olvidan

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