NO CEDA A LA APOSTASÍA

Publicado: abril 30, 2009 en APOSTASÍA, CRISTIANISMO EN CRISIS, JOHN MACARTHUR

 

verdad-en-guerraLa búsqueda de un clima amigable, de aceptación abierta para todos, tolerancia de ideas opuestas y diálogo caritativo, ha generado una gran amenaza en la Iglesia actual, pues es una puerta abierta a la apostasía. Sumado a ello, la mayoría de cristianos de esta época no se preocupan por el predominio de la falsa doctrina, ni toman en serio su deber de pelear contra este fenómeno.

Los primeros  evangelistas estaban comprometidos con guardar la pureza del Evangelio, teniendo como único centro la proclamación de la Verdad dada en la Palabra de Dios. Actualmente, el evangelismo se ha convertido en una palabra que acompaña todo tipo de eventos, en los que muchas veces ni se menciona claramente la Biblia.

El sentir actual de lo que es llamado evangelización, es para muchos la copia y adaptación de la cultura mundana, a fin de ganar la aprobación de esta generación, estrategia apoyada por cristianos débiles, inmaduros o cobardes, que buscan ganar el beneplácito de la gente, por temor a enfrentarlos a la verdad, olvidando que sin ella no existirá ninguna transformación espiritual (Juan 17: 17, I Pedro 22: 25)

CÓMO PERMANECER SEGUROS SIN CEDER A LA APOSTASÍA

La epístola de Judas nos da interesantes aportes para responder este interrogante. Las exhortaciones, advertencias y ánimo que están allí son para cristianos reales, no para personas entusiastas, pero de doble ánimo que no tienen fe genuina.

Esta es una guerra peligrosa y amenazante, más terrorífica que las que se viven en la tierra, pues es una batalla contra las fuerzas del infierno en el reino espiritual, donde el enemigo nunca es del todo visible.

Los enemigos de nuestro reino no son carne y sangre. Sus arman consisten en mentiras de todo tipo, mentiras elaboradas, mentiras filosóficas masivas, mentiras malvadas que apelan al pecado de la humanidad caída, mentiras que aumentan el orgullo humano, y mentiras que se parecen mucho a la verdad. Nuestra única arma es la verdad de Cristo que está revelada en su Palabra.

Es un escenario escalofriante, especialmente cuando nos damos cuenta completamente de nuestra propia máxima fragilidad, nuestra propia tendencia a la decepción, y nuestra propia inclinación al pecado. Muy pocos podrían calificarnos como soldados en la Guerra por la Verdad. Pero entre otras cosas: seguimos al Jefe Supremo al cual le ha sido dada toda autoridad, señorío absoluto, en el cielo y en la tierra (Efesios 1: 21-22). Él es la Verdad encarnada y hemos sido llamados, santificados y preservados por Él.

En el sentido final y eterno, ningún cristiano verdadero ha sido o será jamás, una víctima en la Guerra por la Verdad. Somos llamados, bendecidos, santificados y mantenidos seguros, aun en medio de la creciente apostasía. Más allá de todos los peligros de la postura de las mentiras infernales y la guerra cósmica, estamos preservados en Cristo y tenemos garantizado el triunfo final.

La labor es intimidante. El enemigo y los peligros también. El espectáculo de una guerra tal es aterrador. Y el precio por involucrarse es un completo sacrificio propio, que es justo lo que cada cristiano le ofrece a Cristo por su salvación (Lucas 9: 23-25). Pero se nos ha prometido que tal sacrificio siempre va a valer la pena y nuestro triunfo final es también garantizado, porque estamos “guardados en Jesucristo”.

Nosotros somos completamente inadecuados por dentro y por fuera (II Corintios 3: 5-6). Pero Cristo es perfectamente suficiente, y estamos unidos a Él por fe. No existe ningún motivo para el temor o la aprensión. Nuestro triunfo es cierto finalmente, porque Cristo ya ha ganado la máxima victoria en nuestro nombre.

Por lo tanto si usted es creyente, introdúzcase en la batalla. La apostasía está presente en la iglesia, y probablemente empeore. Pero nosotros que creemos en Jesucristo no tenemos nada que temer. Somos llamados, amados y mantenidos seguros para Él, para que así podamos ser supremamente confiables, aun en estos tiempos de duda e incertidumbre. Porque Él que es la verdad encarnada, cuyo honor y gloria están por lo tanto en juego, es el Comandante y nuestro Protector. Y su Palabra es un arma formidable.

Basado en un fragmento del Libro Verdad en Guerra de John MacArthur.

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