LA SALVACIÓN ES DE JEHOVÁ (Video)

Publicado: abril 20, 2009 en CHARLES SPURGEON, EVANGELIO VERDADERO, PAUL WASHER, SALVACIÓN, VIDEOS PREDICACIONES

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La Salvación sólo es posible por la gracia de Dios

Comprender que sin merecer absolutamente nada, su gracia nos ha alcanzado, ver que no es por obras, pues es su misericordia, destruye definitivamente nuestro orgullo pues no hay nada de que jactarnos, sólo humillarnos reconociendo que grande es nuestro Dios y de Él es la Salvación. 

Les dejo con unos apartes del Sermón No. 131 que Charles Spurgeon predicó en Londrés el 10 de Mayo de 1857, su título: “La Salvación es de Jehová”, y un corto video de Paul Washer que nos confirma El poder de Dios en la conversión de un alma y nuestra responsabilidad de predicar el Evangelio Verdadero, esto no es un juego. 

LA SALVACIÓN ES DE JEHOVÁ, Spurgeon

Les daré un ejemplo. El pecador en su estado natural, me recuerda a un hombre que posee un castillo fuerte y casi inexpugnable, al cual ha huido. Cuenta con un foso exterior; hay un segundo foso; cuenta con murallas muy altas; y luego, después, hay un escondite en una torre, al cual entrará el pecador. Ahora, el primer foso que rodea al lugar de confianza del pecador está constituido por sus buenas obras. “¡Ah!”, dice, “soy tan bueno como mi vecino; siempre he pagado veinte centavos, en efectivo; no soy ningún pecador: ‘diezmo la menta y el comino;’ soy en verdad un buen caballero respetable.” Bien, cuando Dios viene a obrar en él, para salvarle, envía su ejército que cruza el primer foso; y cuando lo atraviesan, gritan: “La salvación es de Jehová;” y el foso se seca, pues si la salvación es de Jehová, ¿cómo podría ser por buenas obras?

Pero cuando eso sucede, tiene una segunda trinchera: las ceremonias. “Bien,” dice, “no confiaré en mis buenas obras, pero he sido bautizado, y he sido confirmado; ¿acaso no tomo el sacramento? Esa será mi confianza.” “¡Sobre el foso! ¡Sobre el foso!” Y los soldados cruzan el foso otra vez, gritando: “La salvación es de Jehová.” El segundo foso queda seco; ya no sirve para nada.

Ahora se acercan a la primera muralla; el pecador, mirando desde arriba, dice: “yo me puedo arrepentir, puedo creer cuando quiera; me voy a salvar a mí mismo arrepintiéndome y creyendo.” Los soldados de Dios suben, ese grandioso ejército de la convicción, y derrumban esta muralla que cae al suelo, y gritan: “La salvación es de Jehová.” Tu fe y tu arrepentimiento te tienen que ser dados, pues de lo contrario ni creerás ni te arrepentirás del pecado.” Y ahora el castillo es tomado; todas las esperanzas del hombre son eliminadas; siente que la salvación no es de él; el castillo del yo ha sido tomado, y el gran estandarte sobre el que está escrito “La salvación es de Jehová” es desplegado sobre las almenas. Pero, ¿acaso la batalla terminó? Oh, no; el pecador se ha retirado a su torre, en el centro del castillo; y ahora cambia sus tácticas. “Yo no puedo salvarme a mí mismo,” dice, “por lo tanto voy a perder la esperanza; no hay salvación para mí.” Ahora este segundo baluarte es tan difícil de tomar como el primero, pues el pecador se detiene y dice: “no puedo ser salvado, voy a perecer.” Pero Dios ordena a los soldados que tomen este baluarte también, gritando: “La salvación es de Jehová;” no es del hombre, es de Dios; “puede también salvar perpetuamente,” aunque tú no puedas salvarte a ti mismo. Esta espada, tú ves, corta por dos lados; corta al orgullo, y luego parte el cráneo de la desesperación.

Si alguien dice que se puede salvar a sí mismo, parte de inmediato en dos su orgullo; y si alguien más dice que no puede ser salvado, abate su desesperación; pues afirma que puede ser salvado, viendo que, “La salvación es de Jehová.” Ese es el efecto que esta doctrina tiene sobre el pecador: ¡que tenga ese efecto en ti!

Tendrán una fe muy sólida si han aprendido a deletrear esta frase: “La salvación es de Jehová;” y si lo sienten en su alma no se volverán orgullosos; no podrán serlo. Arrojarán todo a Sus pies, confesando que ustedes no han hecho nada, excepto lo que Él les ha ayudado a hacer; y por tanto la gloria debe ser para Él, en quien radica la salvación. Si creen esto, no serán desconfiados. Dirán: “mi salvación no depende de mi fe, sino de Jehová; mi seguridad no depende de mí, sino que depende de Dios que me guarda; ser llevado al cielo no descansa en mis propias manos, sino en las manos de Dios; cuando prevalezcan las dudas y temores, cruzarán sus brazos, mirarán arriba y dirán—“Y ahora que mi ojo de fe es débil, Yo confío en Jesús, ya sea que me hunda o nade.”

Si pueden guardar esto en la mente, podrán siempre estar llenos de gozo. El que sabe y siente que la salvación es de Jehová, no puede tener causa de preocupaciones. ¡Vamos, legiones del infierno; vamos, demonios del abismo!—“El que me ha ayudado me apoya a lo largo del camino, Y me convierte en más que vencedor.”

La salvación no depende de este pobre brazo, pues de lo contrario perdería la esperanza, sino del brazo del Omnipotente, ese brazo en el que descansan los pilares de los cielos. “¿De quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Y esto, por la gracia, te animará a trabajar para Dios. Si tú tuvieras que salvar a tus vecinos, puedes sentarte y no hacer nada; pero puesto que “La salvación es de Jehová,” prosigue y prospera. Ve y predica el Evangelio; ve y anuncia el Evangelio en todas partes. Anúncialo en tu casa, proclámalo en las calles, proclámalo a toda tierra y a toda nación; pues no es de ti, sino “de Jehová.”

No veremos nunca un gran cambio mientras no tengamos hombres en nuestras filas que estén dispuestos a ser mártires; y si la gente se burla y se ríe, que se rían y que se burlen. George Whitefield, cuando predicó en Kennington Common, donde le arrojaron gatos muertos y huevos podridos, dijo: “esto no es sino el abono del metodismo, lo mejor del mundo para hacerlo crecer; sigan arrojándolos tan rápido como puedan.” Y cuando una piedra le cortó la frente, predicó mejor por el pequeño hilito de sangre que se escurría. ¡Oh, que tuviéramos hombres que se atrevieran a enfrentarse a la turba, pues entonces la turba no tendría que ser enfrentada! Vamos allá, recordando que “La salvación es de Jehová,”y prediquemos la Palabra de Dios en todo lugar y en todo tiempo, creyendo que la Palabra de Dios es más que un rival para el pecado, y que Dios será el Señor de toda la tierra.

Mi voz está fallando de nuevo, y mis pensamientos también. Estaba muy cansado esta mañana, antes de venir a este púlpito, y me siento cansado ahora. Algunas veces estoy lleno de gozo y alegría, y me siento en el púlpito como si pudiera predicar sin término; otras veces, me siento contento de terminar; sin embargo, con un texto como este me habría gustado terminar con todo el poder que el labio mortal pudiera acopiar.

¡Oh, hacer saber a los hombres esto, que su salvación es de Dios! ¡Blasfemo, no blasfemes contra Quien sostiene en Su mano tu aliento! Despreciador, no desprecies al que puede salvarte o destruirte. Y tú, hipócrita, no busques engañar a Aquel de quien proviene la salvación, y que por tanto sabe muy bien si tu salvación ha venido de Él.

Video visto en http://descubriendoelevangelio.es/

comentarios
  1. romina dice:

    muy bueno tu post JESUS SE MERECE TODO TODO TODO ABSOLUTAMENTE!!! SOLO DEBEMOS SER OBEDIENTES TENER FE ORAR LEER SU PALABRA Y HACER TODO LO QUE NOS MANDA SU VOLUNTAD COMO CUERPO DE CRISTO QUE SOMOS EN ARMONIA!!! UN BESITO ROMY

  2. joselyn dice:

    yo les quiero agadecer a los q crearon esta pagina x q dios es todo en la vida les quiero decir conviertanse amen a dios y obedescale a sus mandamientos dios les da oportunidad q cambien pero y nosotros no lo hacemos

    arepintamonos att: su amiga joselyn

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