DESIGUALDAD, UNA MUESTRA DE GENEROSIDAD

Publicado: febrero 9, 2009 en EVANGELIO VERDADERO, JOHN MACARTHUR, VIDA CRISTIANA

Puede decirse que existe una entrada al infierno aún desde las puertas del cielo y Judas es una prueba de ello. La noche en que traicionó a Jesús con un beso, se alejó para siempre de Su presencia y selló su perdición eterna. Algunos llegan suficientemente cerca al Maestro para conocer la verdad, pero luego pierden el vivir eternamente con Él, al no entregar el control completo de sus vidas, al único y verdadero Salvador: Jesús. En cierto sentido, su entrada al infierno lo es desde las puertas del cielo.

Pero, también hay una realidad contrastante, ilustrada frecuentemente por Jesús y es que incluso, el más depravado de los pecadores, puede ser llevado al cielo desde las mismas puertas del infierno. Publicanos, prostitutas y ladrones, encontraron en Cristo un Salvador que les dio vida eterna a cambio de su vida de pecado. El vino a buscar los perdidos y los arrebata aún de las puertas del infierno. Nadie, sin importar el “tamaño” de su pecado, está más allá de Su poder redentor. Todo pecador arrepentido que se entrega a Él en fe, recibe plena salvación.

La parábola de los obreros que trabajan a distintas horas del día, pero que reciben el mismo salario de parte del padre de familia (Mateo 20: 1-16), es una enseñanza de Jesús acerca de cómo funciona Su Reino.

Mateo20:16  “Así,  los primeros serán postreros,  y los postreros,  primeros;  porque muchos son llamados,  mas pocos escogidos”.

PARECE INJUSTICIA, PERO ES GENEROSIDAD

Los obreros que habían trabajado todo el día se sintieron defraudados, pero el terrateniente no había sido injusto con ellos; fue generoso con quienes habían trabajado durante menos tiempo. Un denario por día era un buen salario, equivalente a la paga diaria de un soldado. Nadie tenía razón para quejarse, puesto que todos habían recibido lo acordado. El problema no tenía que ver con el trato que habían recibido, sino por el hecho de que estos trabajadores no podían aceptar la buena fortuna de los otros. Sentían envidia.

Desde el punto de vista humano, identificarse con los que habían trabajado todo el día, es más sencillo.  Hay algo en nosotros que no puede aceptar la desigualdad de alguien que consiga un pago extra a menos que lo consigan todos. Estamos condicionados para pensar que toda desigualdad es siempre injusticia. Pero a veces un tratamiento desigual es expresión de generosidad y este es el caso aquí.

Mateo 20:15  “¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío?  ¿O tienes tú envidia,  porque yo soy bueno?”.

La liberalidad del terrateniente no era mala, pero la envidia de los trabajadores sí lo era. No podían resistir el pensamiento de que algún otro pudiera conseguir un pago igual sin trabajar tanto como ellos. En lugar de alegrarse, murmuraron.

SÓLAMENTE POR GRACIA

Lo que Jesús enseña en esta historia es que todo el que entra en el reino hereda la vida eterna, ya sea que trabaje para el Señor durante años o que llegue a la salvación en la hora final de su vida terrenal. El tiempo de servicio no es la cuestión, ni importa lo fáciles o difíciles que hayan sido las circunstancias de uno. Todo el que entra en el reino obtiene la vida eterna igual que los demás. El reino de los cielos no es un sistema de méritos. La vida eterna no se otorga en relación con lo fielmente que hayamos cumplido aquí en la tierra. Es un puro don de la gracia de Dios.

Un lugar en el reino no es algo que se gane. El reino incluirá publicanos, prostitutas, mendigos y ciegos. Habrá apóstoles, mártires y personas que hayan servido a Dios durante toda su vida. Pero también habrá hombres convertidos en las trincheras justo antes de ser enviados a la eternidad por la explosión de una bomba de mortero. Todos heredarán la misma vida eterna y la misma bendición, no porque la hayan ganado, sino porque Dios es misericordioso. Las epístolas describen diferentes recompensas por servicio, pero esto no es la cuestión de esta parábola. El tema aquí es la igualdad de la vida eterna.

  • Dios es quien en su soberanía busca y salva, y es él quien lleva a los pecadores a su reino.
  • Dios establece los términos de la salvación.  El padre de familia fue quién estableció el pago y no hay opción de discutir.
  • Dios no cesa de solicitar obreros para su reino. El nos llama a trabajar y someternos a Su Voluntad.
  • Dios cumple su promesa. El padre pagó exactamente lo que acordó con los trabajadores. Nadie recibió menos de lo prometido.
  • Dios da siempre lo que promete, también nos da siempre más de lo que merecemos. La salvación es por pura gracia, nadie se merece la vida eterna, pero Dios da por igual a todo al que cree.

NO PODEMOS EXIGIR NADA, TODO ES INMERECIDO

Tito 3:4-7  “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador,  y su amor para con los hombres, nos salvó,  no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho,  sino por su misericordia,  por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia,  viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”.

En el reino no hay lugar para la envidia. La única respuesta correcta es la humillación total. Todo lo que recibimos de Dios es bendición inmerecida.

crucifixion

Lucas 23:43  Entonces Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”

Que sepamos, esas son las únicas palabras que Jesús dirigió al hombre. Su conversión, aunque ocurrió cuando pasaba a la eternidad, no fue menos auténtica que la del apóstol Pablo. El ladrón recibió la misma vida eterna, aunque toda su vida terrenal había estado dedicada a la delincuencia y a la desobediencia.

Habrá muchos en el cielo que hayan sido más fieles, que hayan trabajado más y resistido durante más tiempo bajo mayores tensiones que el ladrón. Aun así, por la gracia de Dios, él tenía garantizado un lugar en la eterna presencia de Jesús.

Esto no significa que debemos esperar al último momento, mientras proseguimos en una vida de pecado y muerte espiritual, pues no sabemos cual será nuestro último segundo en la tierra, así que atendamos lo que dice su Palabra:  no endurecer nuestros corazones ante su voz (Hebreos 3: 7) y buscarle mientras pueda ser hallado (Isaías 55: 6).   

A la hora de entrar en el cielo, un ladrón no tiene más ventajas que un fariseo. Un pescador no es mejor que un publicano. El primero termina siendo el último y el último el primero y, al final, todos disfrutan al máximo la plenitud de pasar la eternidad con Dios. 

Adaptación de un fragmento del libro Evangelio según Jesucristo de John MacArthur. 

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