Archivos para febrero 2, 2009


Conferencia del Evangelista Paul Washer

La importancia de no mezclar falsas doctrinas con el Evangelio Verdadero y la responsabilidad de transmitir correctamente la Palabra de Dios, pues es una labor de vida y muerte.

Había publicado solo un fragmento de esta conferencia de video google, pero fue eliminada, así que dejo la conferencia completa en audio que pueden descargar en el siguiente link

http://www.sermonaudio.com/sermoninfo.asp?SID=103107143506

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Mateo13:8 “Pero parte cayó en buena tierra,  y dio fruto,  cuál a ciento,  cuál a sesenta,  y cuál a treinta por uno”.

Esta tierra es blanda, a diferencia del duro suelo del camino; es profunda, a diferencia del suelo superficial del pedregal; está limpia, a diferencia del terreno infestado de espinos. Aquí las semillas se abren a la vida y dan una hermosa cosecha.

Mateo 13:23 “Mas el que fue sembrado en buena tierra,  éste es el que oye y entiende la palabra,  y da fruto;  y produce a ciento,  a sesenta,  y a treinta por uno”.

Este terreno bueno representa al verdadero creyente. Los otros terrenos son creyentes ficticios o que rechazan el evangelio totalmente. Pera esta última tierra es una promesa a los discípulos desanimados en sembrar la semilla: siempre hay un buen terreno en el campo. Aunque haya respuestas negativas en algunos, hay un campo que ya está preparado para recibir la semilla y dar fruto abundante.

corazon-de-piedra-y-nueva-vidaObtener fruto es el propósito de la agricultura y también la prueba final de la salvación. Se producirán frutos, no hojas, como señal de la salvación auténtica.

Muchos interpretan incorrectamente esta parábola al decir que los otros terrenos representan creyentes verdaderos pero improductivos, lo cual es un error. La prueba de la salvación no es oír la Palabra o responder rápida y emocionalmente a la misma; ni siquiera cultivar la palabra para que se convierta en algo vivo. La prueba de la salvación es el fruto, porque cómo dijo Cristo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7: 16).

Además, no toda la buena tierra es igual de productiva. Alguna produce ciento, otra sesenta y otra siento por uno. No todos los cristianos dan fruto como deberían o podrían. Pero todos son fructíferos en cierto grado. Los cristianos son desobedientes a veces y desde luego, todavía pecan. Pero, finalmente, los creyentes se identifican por sus frutos.

Como sembradores somos llamados a esparcir la semilla del evangelio no adulterado, aunque algo caiga en terreno sin cultivar. Siempre habrá terreno junto al camino, terreno superficial y terreno espinoso, pero también habrá buena tierra que dará cosechas. Esa tierra preparada sólo necesita que se siembre en ella semilla adecuada.

Cómo son los cristianos verdaderos

Fragmento de una conferencia del Evangelista Paul Washer


Mateo 13:7 “Y parte cayó entre espinos;  y los espinos crecieron,  y la ahogaron.”

Este terreno parecía bueno: era profundo, rico, estaba labrado y era fértil. A la hora de sembrar parecía limpio y preparado. La semilla que cayó allí empezó a germinar, pero las fibrosas raíces de los espinos escondidas bajo la superficie surgieron también, e inevitablemente, ahogaron la mies. Los espinos crecen de forma natural, mientras que la mies plantada necesita de cultivo y cuidado. Crecen más rápidamente y extienden sus hojas, que quitan el sol a la mies sembrada. Sus raíces, más fuertes, absorben toda la humedad y, finalmente, las plantas buenas se ahogan.

Mateo 13:22 “El que fue sembrado entre espinos,  éste es el que oye la palabra,  pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra,  y se hace infructuosa”.

 

No es cristiano quien ama el mundo

No es cristiano quien ama el mundo

Esta es la mejor descripción de un hombre mundano, que es consumido por los deseos de este siglo. Su interés principal es una carrera, una casa, un auto, ropa o un pasatiempo. Para él, el prestigio, la apariencia o la riqueza lo es todo. Por un tiempo parecen ser como el resto del terreno. Acuden al templo, se identifican con el pueblo de Dios e incluso presentan señales de crecimiento, pero nunca producen fruto espiritual. Son personas no comprometidas y están siempre preocupadas por los placeres del mundo, el dinero, carrera, fama, fortuna o las lujurias de la carne. Dicen que son cristianas pero no se preocupan en absoluto por una vida de pureza.

La semilla que germina y que parece tan buena será finalmente ahogada por los espinos de la mundanalidad, y con el tiempo, el corazón espinoso no mostrará ninguna evidencia de que la buena semilla alguna vez ha sido sembrada.

Esta persona no pierde la salvación, porque nunca la tuvo. El evangelio germinó pero fue ahogado antes que fuera fructífero. Están dispuestos a aceptar a Cristo como Salvador, pero si ello no significa dejar el mundo. Esto no es salvación. El terreno debe estar limpio de malas hierbas para dar buenas cosechas.

El “cristianismo mundano” actual

(videos publicados por jovenporcristo)

 


Mateo 13:5-6 “Parte cayó en pedregales,  donde no había mucha tierra;  y brotó pronto,  porque no tenía profundidad de tierra;  pero salido el sol,  se quemó;  y porque no tenía raíz,  se secó.”

Pedregales no se refiere a un terreno con piedras, pues cualquier labrador las hubiera quitado. En Israel, hay estratos de piedra caliza por todas partes. En algunos lugares el lecho de piedra es tan cerca de la superficie, que sólo tiene encima unos centímetros de tierra. Al caer las semillas en estos terrenos superficiales y empezar a germinar, las raíces tropiezan pronto con la piedra sin poder continuar. Al no poder profundizar las raíces, las plantas jóvenes generan gran cantidad de follaje, haciéndose más espectaculares que las que les rodean. Pero cuando sale el sol esas plantas son las primeras en secarse, ya que sus raíces no pueden profundizar en busca de nutrientes. Esta parte de la mies se marchita y desaparece mucho antes de poder llevar fruto.

Mateo 13:20-21 “Y el que fue sembrado en pedregales,  éste es el que oye la palabra,  y al momento la recibe con gozo;  pero no tiene raíz en sí,  sino que es de corta duración,  pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra,  luego tropieza”.

Esta clase de corazón es entusiasta, pero superficial. Hay una respuesta positiva pero no representa la fe que salva. No es algo meditado, no considera el costo. Es una excitación momentánea, ardiente, emocional y eufórica sin entender el sentido real del discipulado. Esto no es fe auténtica.

La respuesta superficial es epidémica en el cristianismo del Siglo XX, porque el evangelio se presenta con la promesa de gozo, entusiasmo, compañerismo y sentimientos placenteros, pero sin las fuertes demandas de tomar la cruz y seguir a Cristo.

Una epidemia de cristianismo superficial

(video publicado por jovenporcristo)

Los “convertidos” no son confrontados con el auténtico concepto del pecado y el arrepentimiento. En lugar de ello se sienten motivados a unirse con los seguidores de Cristo por las cosas buenas que les prometen. Pero debajo de la capa superficial de lo que parece ser suelo fértil hay un lecho rocoso de rebelión y resistencia a las cosas de Dios. No hay verdadero arrepentimiento, ni quebrantamiento. El entusiasmo inicial, es mera emoción; la semilla que germina muere rápidamente. Estás personas no son realmente salvas (I Juan 2: 19).

Un falso cristianismo que en un momento se marchita y muere

Un falso cristianismo que en un momento se marchita y muere

Este tipo de personas producen las mayores desilusiones del ministerio. Exteriormente su fe parece muy alentadora, que hace pensar que son muy fuertes y están por encima de las demás. Pero no tienen raíz que soporte un crecimiento tan fácil y, tan pronto llega la prueba o la persecución, se secan y marchitan.

Cuidémonos de las conversiones que son todo sonrisas y alegrías sin ningún sentido de arrepentimiento o humildad. Esa es la señal de un corazón superficial. Si una confesión de fe no incluye una convicción íntima de pecado, un gran deseo de ser limpiado por el Señor, si no comprende un deseo de negarse a uno mismo, de sacrificarse y sufrir por su causa, entonces carece de raíces adecuadas. Es sólo cuestión de tiempo para que se marchite y muera.


Mateo 13:4 “Y mientras sembraba,  parte de la semilla cayó junto al camino;  y vinieron las aves y la comieron”

Los campos de Palestina no tenían cercas, sus límites eran estrechos caminos y el método de siembra al voleo, hacia que algunas semillas cayeran en los caminos. Este terreno estaba pisoteado, prensado, sin cultivar. El pisado continúo de los pies de los viajeros, junto con el clima seco, hacía que el suelo fuera tan compacto como si estuviera pavimentado. Cualquier semilla que el sembrador lanzara no podía penetrar en la tierra y permanecía allí hasta que las aves se la comieran.

Mateo 13:19 “Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende,  viene el malo,  y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”

El terreno junto al camino muestra el oidor endurecido que no responde. Es alguien a quien el Antiguo Testamento llamaría de “dura cerviz”. Es alguien que está desinteresado, desatento, indiferente, negligente y frecuentemente hostil. No quiere tener nada que ver con el evangelio; al contrario, lo rechaza.

Satanás es representado por las aves, revoloteando por encima del suelo endurecido, ansioso de arrebatar la semilla tan pronto cae en tierra. Lucas 8: 12 muestra el significado de forma indiscutible: “viene el diablo y quita la palabra de sus corazones, para que no crean y sean salvos”.

Un corazón de piedra

Un corazón de piedra

El corazón humano puede resultar tan machacado y endurecido por el tráfico del pecado que llega a ser totalmente insensible al evangelio. Este es el corazón que no conoce el arrepentimiento, no siente tristeza ni culpa por el pecado, y no tiene interés por las cosas de Dios. Se deja pisotear por toda clase de pensamientos malignos, pecados favoritos y actividades impías. No se interesa por obrar mal y es duro e indiferente con los demás.

Este es el corazón del necio descrito en Proverbios. El necio odia el conocimiento y se resiste a la instrucción. Desprecia la sabiduría y dice en su corazón que no hay Dios. No escucha, su mente está cerrada. No quiere que le molesten con una invitación a conocer a Cristo. No significa necesariamente un corazón antirreligioso, pues pueden estar engañados por falsas doctrinas, lo que los mantiene al margen del verdadero evangelio. Son totalmente improductivos y no responden a Dios. Están muy cerca de la verdad, de la buena tierra, reciben puñados de semilla, pero no germina en sus vidas.

Existen muchos corazones así, son llenados de semilla, pero no penetra y Satanás la arrebata. Cada vez que se trata de dar testimonio a una persona así, hay que empezar desde el principio.

Mensajes del Pastor Armando Alducín acerca del ateísmo

 


el-sembradorLa parábola del Sembrador (Mateo 13: 1-23) es una de las más conocidas por los creyentes y no creyentes. Es posible pensar que no hay nada más que ver, siendo que el mismo Jesucristo la explicó a sus discípulos. Pero, la riqueza del Evangelio sigue vigente y abierta para los hijos del Reino.

Jesús ejerció su ministerio público de enseñanza durante un tiempo y luego empezó un evangelismo más personal. Enseñó en parábolas, relatos de la vida diaria que ilustraban la realidad espiritual. En lugar de anunciar abiertamente su mensaje, ocultaba así la verdad a quienes ya le habían rechazado. Los creyentes auténticos con hambre de entender le encontraron deseoso de explicar cada detalle. Los que odiaban la verdad no se preocupaban de preguntar.

Algunas de sus parábolas descubrían los secretos del Reino. Los judíos pensaban que sería uno terrenal político bajo el gobierno del Mesías de Israel; pero Cristo enseñó que Su Reino se había acercado y era establecido hasta que regresara a instaurar su reino milenario. Ese gobierno de Dios en la tierra existe ahora en forma de misterio. Jesucristo no ejerce ahora su voluntad plena como Rey sobre toda la tierra, pese a que es fundamentalmente soberano. Gobierna como Rey sólo sobre aquellos que creen. Su reino comprende a todos los redimidos, pero no en una forma visible para un mundo incrédulo.

El señor empleó una metáfora familiar para la época, la agricultura. Esta actividad era el corazón de la vida judía y los judíos entendían claramente el proceso de la siembra, el crecimiento y la cosecha.

Al leerla podrían pensarse que era sencilla de comprender, pero Jesús hace énfasis al decir: “El que tienen oídos que oiga”. Esto significaba que no todos realmente lo habían comprendido, pues ocultaba una verdad espiritual más profunda de lo que se imaginaban. Marcos 4: 10 registra que algunos se acercaron a Jesús pidiéndoles que les explicara, y así lo hizo.

A solas con los discípulos interesados, el Señor tomó un relato que parecía simple y develó una verdad magnífica acerca del reino:

LA SEMILLA

biblia1-full1Es el Evangelio, la Palabra de Dios (Lucas 8: 11). Es una buena comparación del Evangelio, pues no puede ser creada, sólo puede ser reproducida. Extender su Palabra es un proceso que toma lo que se ha sembrado y reproducido y lo siembra de nuevo. Dios no nos llama a que generemos nuestra propia semilla ni nuestro propio mensaje. La Palabra de Dios es la única semilla. No puede existir una evangelización, separada de la Palabra de Dios.

EL SEMBRADOR

Cualquiera que siembra la semilla del evangelio mediante la Palabra de Dios en el corazón del individuo (I Pedro 1: 23). El prototipo de todos los sembradores es el mismo Señor.

EL TERRENOcorazones-xs

El tema de la parábola no es que haya algo erróneo en el sembrador o en su método. Tampoco hay nada de malo en la semilla. No hay tampoco nada erróneo en la composición del terreno. El problema está en la condición del terreno.

El terreno es ilustración del corazón humano. En su composición inicial todos los terrenos de la parábola son iguales. La tierra del terreno y sus alrededores es la misma, no importa que esté dura, blanda, superficial o llena de espinos. La diferencia de los terrenos tiene que ver con las diferencias ambientales. Todos los terrenos podrían recibir la semilla si estuvieran preparados adecuadamente. Pero el terreno que no esté preparado nunca dará una cosecha.

Es lo mismo en los corazones humanos, somos exactamente iguales en esencia, pero condicionados de diferente forma según las influencias que permitimos que nos moldeen. La respuesta de una persona al evangelio depende principalmente de la preparación de su corazón, sino, no dará nunca fruto espiritual.

Jesús explicó que la semilla podía caer en cuatro tipos de corazones que estaremos examinando un poco más en el próximo post.

LOS ENEMIGOSave-de-carrona

Los espinos, el sol y las aves representan nuestros enemigos. Los espinos son las preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas. El sol que quema las plantas mal arraigadas son la aflicción o la persecución, que desafían a la comodidad que tanto apetece a la carne. Las aves representan al maligno, que hace todo lo que puede para robar la simiente del evangelio aún antes de que pueda germinar. Estos son los tres enemigos reales: el mundo, la carne y el diablo.

Aquí hay una lección importante para el sembrador: tendrá que hacer frente a la resistencia y la hostilidad. Habrá convertidos superficiales y de corto plazo. Se encontrará con personas de doble mentalidad que quieren a Cristo sin renunciar al mundo. La dureza del camino, la superficialidad del suelo y la agresividad de los espinos frustrarán sus esfuerzos por conseguir una buena mies.

A pesar de ello, hay que mantener el ánimo. El Señor de la cosecha puede romper hasta el suelo más duro y librarlo de los más tenaces espinos. Puede que el terreno duro, el superficial y el espinoso no permanezcan para siempre así. Dios puede labrar el terreno del corazón más obstinado.

Un método de cultivo en Palestina era esparcir primero la semilla y después hundirla en la tierra. Esto ocurre a veces en la evangelización. Sembramos la semilla y, aún cuando parece que las aves que revolotean por encima están a punto de arrebatarla, el Espíritu santo la hunde, a fin de que pueda germinar y dar fruto de gloria.

Basado en un fragmento del libro EL EVANGELIO SEGÚN JESUCRISTO de John MacArthur