Archivos de la categoría ‘PENSAMIENTOS CÉLEBRES’


Fuente: Gregorio Polanco

 


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Fuente: Gregorio Polanco


“No soy lo que debo ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en el más allá; pero aun así no soy lo que era, y por la gracia de Dios soy lo que soy.”


“El dicho es que ‘el verdadero valor de un miembro de la iglesia se revela por su vida de los lunes en vez de la de los domingos’. Debemos vivir durante toda la semana en la misma atmósfera de santidad que deseamos tan ardientemente tener en el día del Señor. El corazón del cristiano debe ser regado en oración antes de que los frutos espirituales comiencen a crecer. Como el campo ha aprendido a amar íntima y simpáticamente a la lluvia y a los rayos del sol, así los cristianos deben aprender a vivir con Dios. No podemos maquillar una gran negligencia para vivir con Dios un breve tiempo de cosas espirituales el fin de semana”.


“Todos quisiéramos ser felices, pero no nos es fácil lograrlo. El problema es que creemos que solo obteniendo más de lo que este mundo nos ofrece, podemos tener la felicidad. El apóstol Pablo tenía una actitud muy diferente. Pablo escribió: “He aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia: En todo y por todo estoy enseñado…” (Fil. 4:11-12) El apóstol había aprendido el secreto del contentamiento, cualquiera que fuera su lugar o circunstancia. Dios es la única fuente de la felicidad verdadera. Dios no necesita nada ni a nadie para hacerle feliz; aún antes de que el mundo fuese, las tres personas de la Trinidad estaban en completa felicidad. Dios hace que los creyentes sean felices, tal como Él lo está. Esto es necesario porque los creyentes no son lo suficientemente fuertes y buenos para hacerse felices a sí mismos. Dios les da todo lo que necesitan como Juan escribió: “de su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia” (Jn.1:16). Entonces los creyentes pueden estar siempre felices, porque aún y cuando tengan muy poco de lo que este mundo ofrece, tienen las bendiciones espirituales de parte de Dios. En Cristo tienen todas las cosas que necesitan”.

Fragmento tomado del libro “El contentamiento cristiano: una joya rara” de Jeremiah Burroughs


Nuestro Señor lo afirmó una vez y para siempre en el Sermón del Monte: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. ¿Vemos lo que está diciendo? Nos dice: Mira el camino ancho, ve cuan maravilloso parece. Puedes ir con la multitud y hacer lo que hacen los demás; todos ríen y hacen bromas. La puerta y el camino son anchos y espaciosos. Todo parece maravilloso allí y este otro camino parece ser tan miserable: “angosta es la puerta”. Un paso a la vez, una decisión personal, luchando con uno mismo, tomando la cruz. “Estrecha es la puerta, y angosto el camino”. Y es porque miran sólo el comienzo que muchos están en el camino ancho. ¿Qué es lo que les sucede? No miran el fin. “Ancha es la puerta, y espacioso el camino, que lleva a la perdición”. “Estrecha es la puerta, y angosto el camino”, pero —y éste es el fin— “lleva a la vida”. El fin de uno es destrucción, el del otro, vida. El problema en esta vida es que las personas  miran  sólo  el  comienzo.  Al  parecer  sus  vidas  son  lo  que  nosotros  llamamos  “de película”. Llaman la atención constantemente, y los que la viven dan la apariencia de pasarlo maravillosamente bien. ¡Ah de los jóvenes que han sido criados pensando que la vida es así, y que vivir de este modo es la suprema felicidad! Miremos el fin de ellos. Miremos cómo entran y salen  de  los  juicios  de  divorcio,  convirtiendo  el  matrimonio  en  una  aceptada  prostitución, indignos de tener hijos a causa de sus egoísmos y porque no saben educarlos. Las personas son atraídas por las apariencias. Miran sólo la superficie; miran sólo el comienzo. No miran el fin de este tipo de vida; no piensan, en ningún instante, en el resultado final. De todos modos, es cierto hoy en día, como lo fue siempre, y la Biblia lo dice constantemente, que el fin de estas cosas es “destrucción”.


“Devolver mal por bien, es actuar como Satanás,
Devolver mal por mal, es actuar como las bestias,
Devolver bien por bien, es actuar como los hombres,
Devolver bien por mal, es actuar como un hijo de Dios”

Es preferible ser humillados y perder desde el punto de vista humano, pero complacer a nuestro Señor y disfrutar de Su victoria en nuestro corazón…

“Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. (Romanos 12:14-21)

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. (Mateo 5:38-48)


 

«La salvación pertenece a Jehová» (Jonás 2:10). Jonás aprendió esta frase de excelente teología en una extraña escuela. La aprendió en el vientre de una ballena, en los cimientos de los montes, con las algas enredadas a su cabeza, cuando creía que la tierra había echado sus cerrojos sobre él para siempre. La mayoría de las grandes verdades de Dios han sido aprendidas en la tribulación; han tenido que sernos grabadas al fuego con el ardiente hierro de la aflicción, de otra manera en modo alguno las hubiéramos recibido. Nadie es competente para juzgar en los asuntos del reino, si antes no ha sido probado, puesto que hay muchas cosas que aprender en las profundidades, que nunca podríamos saber desde las alturas. Descubrimos muchos secretos en las cavernas del océano, que jamás habríamos conocido si nos hubiéramos remontado al cielo.


“No hay pensamiento con el que el hombre sea tan embrutecido y entontecido, ni sea tan pernicioso, como este: que una persona sin purificar, sin santificar su vida, pueda luego ser llevada al cielo, a un estado de bendición que consiste en el disfrute de Dios. Ni esa persona puede gozar de Dios, ni para ella Dios seria como una recompensa. Sin duda, la santidad se perfecciona en el cielo, pero su origen se halla invariablemente en este mundo. A nadie conduce Dios al cielo si no ha sido antes santificado en la tierra. La Cabeza viva no admite miembros muertos.”


“El hombre que tiene a Dios por su posesión, tiene todo lo que es necesario tener. Podrá carecer de todos los tesoros materiales, o si los posee, estos no le producirán ningún placer especial. Y si los ve desaparecer, uno tras otro, apenas podrá sentir la pérdida, porque teniendo a Dios tiene la fuente de toda felicidad. No importa cuántas cosas pierda, de hecho no ha perdido nada. Todo lo que posee, lo posee en Dios, pura y legítimamente para siempre”.


La predicación no es algo solamente para escuchar o entender sino que es un encuentro con Dios. Cuando escuchamos las palabras de la predicación, esperamos que Dios nos diga algo. El Espíritu usa las palabras para motivarnos y animarnos hacia un deseo más profundo de adorar y conocer a nuestro Señor.

Por ejemplo, había una anciana que asistía a una iglesia donde el pastor era bien conocido por sus mensajes. Y cada domingo esta anciana se acercaba al pastor para saludarlo. Y cada domingo la anciana decía al pastor, “Muchísimas gracias por la enseñanza de hoy,” o decía, “Muchísimas gracias por el mensaje de hoy.” Por años el pastor deseaba saber por qué algunos domingos la anciana hacía referencia a la predicación como una enseñanza, mientras otros domingos como un mensaje. Finalmente el pastor preguntó a ella sobre esto y ella respondió, “Pastor, cuando tú enseñas yo aprendo algo. Pero cuando tú predicas, yo encuentro a Dios.”

Fragmento tomado de “El culto desde la tradición de la Reforma hacia una tradición para hoy” de Gary William Van Veen.


“Por más que se me tilden de legalista en este aspecto, me mantengo firme en lo dicho: “sin esfuerzo no hay provecho”. Antes esperaría una buena cosecha de un agricultor que sembró sus campos pero nunca los cuidó, que ver frutos de santificación en un creyente que ha descuidado la lectura de la Biblia, la oración y el Día del Señor. Nuestro Dios obra a través de estos medios”.

“A medida que aumente nuestra visión espiritual más nos daremos cuenta de nuestra imperfección. Eramos pecadores cuando empezamos, y pecadores nos veremos a medida que vayamos avanzando. Sí, pecadores regenerados, perdonados y justificados, pero pecadores hasta el último momento de nuestras vidas.”

J.C. Ryle


“Satanás moldeará sus tentaciones de acuerdo a las inclinaciones y el carácter de cada persona. Si son personas dotadas y muy capacitadas, serán tentadas a la autosuficiencia y la presunción. Si son personas temerosas e inseguras, les tentará a la preocupación y la ansiedad. Aquellos de conciencia sensible les tentará a preocuparse por cada detalle y cada cosa que hacen, por muy insignificante que sea. Si son personas flexibles, serán tentados a la inconstancia y a comprometerse indebidamente. Si son personas orgullosas, serán tentadas a la obstinación y la necedad, etc. El conocernos a nosotros mismos puede ayudarnos mucho a resistir las tentaciones del enemigo. No debemos olvidarnos de que, el ser tentado no es lo mismo que pecar.” Thomas Brooks