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“Y curan el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo, Paz, paz; y no hay paz.” Jeremías 6.14 

Así como Dios no puede enviar a una nación o pueblo una bendición más grande que la de darle pastores fieles, sinceros y rectos, la maldición más grande que Dios puede enviar a un pueblo de este mundo, es darles guías ciegos, no regenerados, carnales, tibios y no calificados. No obstante, en todas las épocas, encontrarnos que han habido muchos ‘lobos vestidos de ovejas’, muchos que manejaban displicentemente conceptos fundamentales que no habían asimilado en toda su profundidad, que restaban importancia a las profecías, desobedeciendo así a Dios.

Tal como sucedía en el pasado, sucede ahora. Hay muchos que corrompen la Palabra de Dios y la manejan con engaño. Fue así de una manera especial en la época del profeta Jeremías; y él, fiel a su Señor, fiel a ese Dios que lo habla empleado, no dejó de abrir su boca para profetizar en contra de ellos, y para presentar un noble testimonio para honra de aquel Dios en cuyo nombre hablaba.

Si lee usted sus profecías, vera que nadie ha hablado más en contra de tales ministros que Jeremías, habla severamente contra ellos, los acusa de varios crímenes, particularmente, los acusa de avaricia: ‘Porque’ dice en Jeremías 6: 13, ‘desde el más chico de ellos hasta el más grande de ellos, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores.’ Y luego, en las palabras del texto da más específicamente un ejemplo de cómo han engañado, cómo han traicionado a pobres almas. Dice: ‘Y curan el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo, Paz, paz; y no hay paz.’ El profeta, en el nombre de Dios, había denunciado que habría guerra contra el pueblo, les había estado diciendo que su casa quedaría desolada, y que el Señor visitarla la tierra trayendo guerra. ‘Por tanto’, dice en el versículo 11, ‘estoy lleno de saña de Jehová, trabajado he por contenerme; derramaréla sobre los niños en la calle, y sobre la reunión de los jóvenes juntamente; porque el marido también será preso con la mujer, el viejo con el lleno de días. Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y también sus mujeres: porque extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Jehová.’

El profeta presenta un estruendoso mensaje a fin de que se espanten y sientan algo de convicción y se arrepientan; pero parece que los falsos profetas, los falsos sacerdotes, se dedicaron a acallar las convicciones del pueblo, y cuando sufrían y sentían un poco espantados, preferían tapar la herida, diciéndoles que Jeremías no era más que un predicador entusiasta, que era imposible que hubiera guerra entre ellos, diciendo al pueblo: ‘Paz, paz’ cuando el profeta les decía que no habla paz.

Las palabras, entonces, se refieren primordialmente a las cosas externas, pero yo creo que también se refieren al alma, y se deben aplicar a esos falsos profetas quienes, cuando el pueblo estaba convencido de su pecado, cuando el pueblo comenzaba a mirar al cielo, preferían acallar sus convicciones y decirles que ya eran lo suficientemente buenos. Y, por supuesto, a la gente por lo general le encanta que sea así; nuestros corazones son muy traicioneros y terriblemente impíos; nadie sino el Dios eterno sabe lo traicionero que son. ¡Cuántos somos los que clamamos: Paz, paz a nuestras almas, cuando no hay paz! Cuántos hay que ahora están sumergidos en sus impurezas, que creen que son cristianos, que se jactan de que se interesan en Jesucristo; pero si fuéramos a examinar sus experiencias, descubriríamos que su paz no es más que una paz proveniente del diablo -no es una paz dada por Dios-  no es un paz que escapa a la comprensión humana. Por lo tanto, mis queridos oyentes, es de suma importancia saber si podemos hablar de paz a nuestro corazón. Todos anhelamos la paz; la paz es una bendición inefable; ¿cómo podemos vivir sin la paz? y, por ello, las personas de cuando en cuando tienen que comprobar lo lejos que deben ir, y qué cosas les tienen que suceder, antes de poder hablar de paz a su corazón.

Esto es lo que anhelo ahora, poder librar mi alma, poder ser libre de la sangre de aquellos a quienes predico, no dejar de declarar todo el consejo de Dios, Procuraré, mostrarles lo que deben sufrir y lo que debe suceder en ustedes antes de que puedan hablar de paz a su corazón.

Fragmento tomado del folleto “El método de la gracia” de George Whitefield.



Fuente: Gregorio Polanco

 


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Fuente: Gregorio Polanco



“Salieron de nosotros,  pero no eran de nosotros;  porque si hubiesen sido de nosotros,  habrían permanecido con nosotros;  pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” 1 Juan 2:19

“Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos. Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.” 2 Timoteo 2: 16-19

Pablo compara los errores y herejías de los falsos maestros con la gangrena. Si no se cercena, se extiende a los miembros anexos hasta que destruye a la persona. Estos falsos maestros y sus errores deben ser combatidos, y los que han sido contagiados deben ser cercenados para que no corrompan a toda la iglesia.

Pablo dice que Himeneo y Fileto cayeron de la verdad y se desviaron hacia un burdo error, pretendiendo que no había futura resurrección de los muertos. Algunos piensan que enseñaban que no existe una resurrección aparte de la regeneración, pero cualquiera fuese lo que enseñaban, era contrario a las Escrituras y minaba la fe de algunos. ¡Esos errores deben ser desarraigados y desechados! (Tito 1: 13-14, 1 Timoteo 1: 19-20).

Sabemos demasiado bien (por experiencia) cuánta tribulación y escándalo se producen por la apostasía y deserción de aquellos que en otro tiempo profesaron tener fe en Cristo. Esto es especialmente cierto en el caso de aquellos que fueron predicadores y dirigentes de la iglesia. Un hombre o una mujer que haya sido considerado como columna en la iglesia, no puede apartarse del Evangelio sin implicar a otros en su ruina, especialmente a los débiles. Pero no hay motivo para que los creyentes verdaderos se desanimen o sean excesivamente perturbados, aunque vean apartarse a otros a quienes consideraban fuertes, pues “el fundamento de Dios está firme”. Esa fe es la de los elegidos de Dios, es el don de Su gracia, que tiene a Cristo como autor, consumador, firme e inconmovible fundamento de Dios. Sus hijos seremos sostenidos por el poder de Dios y la intercesión de Cristo, y no seremos derribados por Satanás, los falsos maestros y las pruebas de la vida (Romanos 8: 28-31, 38-39).

El sello o marca puesto a los elegidos de Dios es: “Conoce el Señor a los que son suyos”. Él los escogió, escribió sus nombres en su libro y no permitirá que perezcan (Filipenses 1: 6, 4: 3, Juan 10: 27-28, 6: 37-39).

Por eso, aquellos que por misericordia estamos en el Señor e invocamos con sinceridad su nombre, apartémonos de toda iniquidad. Tenemos un evangelio que creer y predicar, un buen y fiel Maestro a quien amar, en quien confiar y a quien glorificar hasta el fin con nuestra actitud, acciones y palabras.

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia,  las he estimado como pérdida por amor de Cristo.  Y ciertamente,  aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús,  mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo,  y lo tengo por basura,  para ganar a Cristo” Filipenses 3:7-8


“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” I Timoteo 4: 16

“Uno de nuestros principales cuidados, debe ser el que nosotros mismos seamos salvos” Charles Spurgeon

predicador“¡Cuán horrible es ser predicador del Evangelio y no estar sin embargo convertido! Que cada uno se diga en secreto desde lo más recóndito de su alma: “¡Qué cosa tan terrible será para mí el vivir ignorante del poder de la verdad que me estoy preparando a proclamar!” Un ministro inconverso envuelve en sí la más patente contradicción. Un pastor destituido de gracia es semejante a un ciego elegido para dar clase de óptica, que filosofara acerca de la luz y la visión, disertara sobre ese asunto, y tratara de hacer distinguir a los demás las delicadas sombras y matices de los colores del prisma, estando él sumergido en la más profunda oscuridad. Es un mudo nombrado profesor de canto; un sordo a quien se pide que juzgue sobre armonías. Es como un topo que pretendiera educar aguiluchos; como un leopardo elegido presidente de ángeles. A un supuesto de tal naturaleza se le podrían aplicar las más absurdas metáforas, si el asunto de suyo no fuese tan solemne. Es una posición espantosa en la que se coloca un hombre que emprende una obra para la ejecución de la cual es entera y absolutamente inadecuado; pero su incapacidad no lo exime de responsabilidades, puesto que deliberadamente las ha querido asumir. Sean cuales fuesen sus dotes naturales y sus facultades mentales, nunca será el ministro a propósito para una obra espiritual, si carece de vida espiritual; y en ese caso cumple a su deber cesar en sus funciones ministeriales mientras no adquiera la primera y más simple de las cualidades que para ello se han menester.

(…) La palabra de un hombre inconverso puede ser bendecida para la conversión de las almas, puesto que el Señor a la vez que desconoce a un hombre semejante, honrará con todo, su propia verdad.

(…) ¡Ay! el pastor no regenerado se hace también terriblemente dañino, porque de todas las causas que originan la infidelidad, los ministros faltos de piedad deben ser contados entre las primeras. El otro día leí que ninguna fase del mal presentaba un poder tan maravilloso de destrucción, como el ministro inconverso de una parroquia que contaba con un órgano de gran valor, un coro de cantores profanos y una congregación aristócrata. Era de opinión el escritor que no podría haber un instrumento más eficaz que ese para la condenación. La gente va al lugar donde tributa su culto, se sienta cómodamente, y se figura que deben ser cristianos, siendo así que en lo único en que consiste su religión es en escuchar a un orador a la vez que la música les halaga los oídos, y tal vez distraen sus ojos los ademanes graciosos y de moda de los concurrentes. El conjunto no es mejor de lo que oyen y ven en la ópera, y si no es tan bueno quizás en punto a belleza estética, no es por eso ni en lo más mínimo más espiritual. Son muchos los que se felicitan a sí mismos y aun bendicen a Dios por tenerse como cristianos devotos, y al mismo tiempo viven alejados de Cristo en un estado no regenerado, pues alardean de piedad en la forma, pero niegan el poder de esa virtud. El que se apega a un sistema que no tiende a una cosa más elevada que el formalismo, se constituye más en siervo del diablo que en ministro de Dios.

Richard Baxter en su “Pastor Reformado,” entre otras muchas solemnes cosas, escribe lo que sigue: “Tened cuidado de vosotros mismos, no sea que os halléis faltos de esa gracia salvadora de Dios que ofrecéis a los demás, y seáis extraños a la obra eficaz de ese Evangelio que predicáis; y no sea que a la vez que proclamáis al mundo la necesidad de un Salvador, vuestros corazones le vean con menosprecio, y carezcáis de interés en él y en sus salvadores beneficios. Tened cuidado de vosotros mismos, repito, no sea que perezcáis a la vez que exhortáis a otros a que se cuiden de perecer, y no sea que os muráis de hambre, a la vez que les preparáis el alimento.

Muchos hombres han amonestado a otros para que no vayan al lugar de tormentos, al cual ellos mismos, sin embargo, se apresuran a ir: se hallan ahora en el infierno muchos predicadores, que centenares de veces han exhortado a sus oyentes a poner el mayor cuidado y una diligencia suma en evitarlo. ¿Puede racionalmente imaginarse que Dios salve a los hombres tan sólo porque éstos ofrezcan la salvación a los demás, a la vez que la rehúsan para sí y porque comuniquen a otros, aquellas verdades que por su parte han visto con descuido y menosprecio? Andan vestidos de andrajos muchos sastres que hacen ricos trajes para otros; y apenas pueden lamerse los dedos algunos cocineros que han aderezado para los demás platillos suculentos. Creedlo, hermanos, Dios nunca ha salvado a nadie porque haya sido predicador, ni porque haya tenido habilidad para ello, sino porque ha sido un hombre justificado y santificado, y en consecuencia, fiel en el trabajo de su Señor.

Hermanos míos, que estas importantes máximas causen en vosotros el efecto debido. No puede haber necesidad, seguramente, de agregar nada más; pero permitidme os ruegue que os examinéis vosotros mismos, para que así hagáis buen uso de lo que sobre este particular os llevo dicho.”

Apartes tomados del libro DISCURSO A MIS ESTUDIANTES de CHARLES SPURGEON, en el capítulo I: La vigilancia que de sí mismo debe tener el ministro.


“En los tiempos cuando la iniquidad aumenta, las normas generales de la piedad entre el pueblo de Dios disminuyen y se debilitan. Esta declinación empezará con unos pocos creyentes que comiencen a volverse negligentes en sus deberes cristianos, descuidados y mundanos. Estos creyentes se sienten “libres” para seguir sus deseos pecaminosos. Quizás al principio, otros creyentes les condenarán y les redargüirán, pero después de un tiempo se conformarán a su mal ejemplo. Muy pronto los verdaderamente piadosos serán la minoría y los otros la mayoría. Debemos tomar muy en serio el siguiente principio: “Un poco de levadura, leuda toda la masa” (1 Corintios 5:6 y Gálatas 5:9).

¿Qué se necesita para cambiar completamente el ambiente moral de una iglesia? Sólo se necesita que unos cuantos creyentes de una buena reputación continúen en su declinación espiritual y que la justifiquen ante los demás. Pronto una multitud seguirá su mal ejemplo. Es más fácil seguir a los muchos para hacer mal (Éxodo 23:2) que mantenernos firmes a favor de la justicia.

El mismo principio es verdad en cuanto a las enseñanzas falsas. ¿Qué se necesita para cambiar la posición doctrinal de una iglesia? Todo lo que se necesita es que unos pocos creyentes de buena reputación provienen y justifiquen la enseñanza falsa. No pasara mucho sin que la multitud comience a seguirle. Muy pocos creyentes se percatan de cuán fuerte es la tentación para seguir el ejemplo de otros.

En cada época los creyentes deberían aprender a no poner su confianza en los hombres “piadosos”, sino en la Palabra de Dios. Si somos humildes, consideraremos seriamente las opiniones y las prácticas de aquellos que tienen una reputación de ser piadosos. Sin embargo, si sus opiniones y prácticas son contrarias a la Palabra de Dios, no debemos seguir su ejemplo.

Hay una fuerte tentación de seguir el ejemplo de personas que tienen una buena reputación. Además, estos líderes del mal pueden dar “buenas razones” para defender sus opiniones y prácticas. ¿Está usted dispuesto a pensar por sí mismo? o ¿Permitirá que otros piensen por usted? Si es así, entonces usted será muy fácilmente desviado por las conclusiones falsas de otros.

El Nuevo Testamento sin lugar a dudas, da una enseñanza muy clara con relación a la libertad que los creyentes tienen en Cristo. Tristemente, no es difícil para algunos pervertir esta enseñanza. Poco a poco, pero ciertamente, las salvaguardas de la santa ley de Dios son quitadas, y la libertad cristiana es convertida en un pretexto para el pecado. Si los creyentes fueran a ver desde el principio hasta dónde les conducirá esta enseñanza, con horror le volverían la espalda. Pudiera ser que algunos de estos maestros no se percaten al principio de las consecuencias que sus enseñanzas les traerán. Al principio, su desviación pudiera parecer pequeña e insignificante. Sin darse cuenta, los maestros y sus seguidores se desvían cada vez mas de la verdad hasta que cambian la verdad de Dios por una mentira” (Romanos 1:25).

Ejemplo de todo esto es que hoy en día hay un número creciente de cristianos “profesantes” que están dispuestos a minimizar y a aun negar la condenación bíblica de las prácticas homosexuales. Esta es una ilustración moderna de esta advertencia. Otras ilustraciones de las desviaciones de los tiempos modernos son:

  • Métodos y tácticas de evangelismo que no tienen ningún apoyo bíblico.
  • La omisión en la predicación evangelística de la necesidad del arrepentimiento y la sumisión al Señorío de Cristo.
  • La disminución de las normas bíblicas para la membrecía de la Iglesia y el descuido de la disciplina.
  • La omisión o el abierto rechazo de doctrinas tan fundamentales como la predestinación; la depravación humana y la necesidad de una obra especial del Espíritu Santo para la genuina conversión.
  • La falta de una enseñanza clara sobre las evidencias de la regeneración, y las normas bíblicas para el proceso de la santificación y la mortificación del pecado, etc.”

Apartes del libro “La Tentación” de John Owen, llamado el príncipe de los puritanos (1616-1683).

Es realmente impactante ver la vigencia que tiene este escrito de John Owen, con las condiciones actuales de la Iglesia expuestas por Paul Washer. Definitivamente el enemigo y el mundo siempre se han infiltrado en las congregaciones, pero es evidente que con esto se prueba quienes realmente aman y buscan a Dios, en contraposición con los que tienen como único interés la satisfacción de sus propios deseos.


Es muy importante reconocer que las Escrituras nos hablan de batallar en la defensa de la Fe, enfrentándonos con la predicación correcta de la Palabra, contra los apóstatas y los corruptores del evangelio. No sugiere una guerra contra cada cambio trivial que existe en el pensamiento de alguien acerca de las doctrinas difíciles o no esenciales. Ciertamente, no es un llamado a ser belicosos cada vez que haya un desacuerdo en la iglesia. A veces, aun los amigos cercanos y los verdaderos hermanos en Cristo están en brusco desacuerdo, pero este no debe escalar al combate mortal (Salmos 133: 1; Juan 13: 35; I Corintios 1: 10; Efesios 4: 3-6).

guantes_de_boxeo_fullblockEl llamado a “pelear” hecho por Judas, en su epístola, se aplica cuando existe una seria amenaza a “la fe que ha sido una vez dada a los santos”, el tipo de falsa enseñanza que socava los fundamentos del evangelio. El error que Judas tiene en mente no proviene de un leve malentendido acerca de un texto complicado. Él está hablando acerca de la herejía que está arraigada principalmente en la incredulidad voluntaria, una negación del “único soberano y Señor Jesucristo” (Judas 4). Tiene en mente un error que corrompe el carácter esencial del evangelio. Está hablando del error condenable. Enfatiza ese hecho cuando dice que los proveedores de tales herejías están destinados a la condenación. Ahora, tengamos en cuenta que esos errores, a veces son muy sutiles y difíciles de distinguir. La única forma de desarrollar el discernimiento necesario para detectar el error sutil, y evaluar correctamente su peligro, es consagrarse uno mismo conscientemente a la tarea de discernir correctamente la Palabra de Dios (II Timoteo 2: 15). Esa cualidad debe ser perfeccionada con trabajo extra por medio de la diligencia fiel.

Nuestro llamado es a confrontar aquellos falsos maestros que deliberadamente intentan permanecer encubiertos, que pretenden lealtad a Cristo, pero su doctrina contradice esa profesión. Puede ser bastante difícil  ver pasar la profesión falsa de fe alguien, y evaluar la verdadera gravedad del error. Esa es una de las razones principales por la cual los juicios severos no deben hacerse ligeramente. “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Juan 7: 24).

Aún el fanatismo es un claro peligro del cual nos tenemos que guardar cuidadosamente. Efectivamente existen críticas hoy día que operan todo el tiempo, siempre buscando pelea, tomando el deleite carnal meramente en controversia por el bien de la controversia, y juzgando de una forma a veces muy severa o demasiado rápida. No caigamos en la trampa de suponer que las opiniones más críticas y las que se fijan en las pequeñeces, son automáticamente las más “discernientes”. Tengamos cuidado con las personas que no muestran prudencia o moderación acerca de juzgar severamente. El verdadero discernimiento se adquiere cuando consagramos nuestros corazones y nuestras mentes a la sabiduría bíblica, no fomentando un espíritu crítico. De hecho, la Escritura dice que aquellos que son beligerantes o pendencieros, no encajan en el liderazgo espiritual (II Timoteo 2: 24-25). Ese es el espíritu que debemos cultivar. Contender ardientemente por la fe no requiere que nos convirtamos en pendencieros. 


¿Por qué es tan vital pelear por la verdad? Porque la verdad es lo único que pueda liberar a la gente de la esclavitud del pecado y darle vida eterna, es necesaria para la salvación. Eso es precisamente lo que Pablo quiso decir cuando habló de que el evangelio es el poder de Dios.

Es por eso que no existe nada más destructivo que la religión falsa. La mera ignorancia es suficientemente devastadora (Oseas 4: 6). Pero la apostasía que corrompe el evangelio es el más siniestro de todos los males. No solamente oculta la propia esencia de la verdad a aquellos que realmente la necesitan, sino que también engendra más y más iniquidad.

De hecho, la religión apóstata es igual de dinámica que la verdad del evangelio, pero produce resultados exactamente opuestos. Intensifica la esclavitud del pecado, multiplica la contaminación del pecado, y magnifica sus consecuencias. De cualquier modo imaginable, la falsa religión hace que la calamidad del pecado sea peor que nunca.

En otras palabras, enseñar el error corruptor del evangelio como si fuera una verdad bíblica, no es para nada un pecado insignificante. La apostasía siempre está representada en la Escritura como un peligro mortal. Los falsos maestros apóstatas que permanecen en la iglesia y socavan la verdadera fe son con frecuencia extremadamente sutiles, pero nunca dejan de ser dañinos. La herejía siempre engendra cada vez más perversidad, y cuanto más se acerca una mentira al corazón del evangelio, más diabólico es el fruto que da. El objetivo real y el resultado inevitable de la falsa doctrina es “que convierte en libertinaje la gracia de nuestro Dios” (Judas 4).

La pasión conducida por cada falso maestro es su lujuria. Puede ser el ansia por los placeres carnales, la avaricia por el dinero y las cosas materiales o un anhelo rebelde de tener el poder. Muchas veces son todas las cosas mencionadas. Miremos de cerca a cualquier falso maestro y veremos la corrupción causada por la lujuria, manifiesta no solamente en el amor por el dinero y el poder, sino también en la incapacidad de controlar la carne.

Los falsos maestros abundan, y están montando una farsa tortuosa que es una amenaza seria y perpetua para los cristianos imprudentes en todo tiempo y lugar. Pero no imagine ni por un momento que Dios sea engañado o que sus planes sean realmente frustrados por la sutileza de las mentiras de los falsos maestros. De hecho, consideremos las consecuencias de todas las diferentes advertencias bíblicas y profecías que declaran que los falsos maestros van a surgir de la iglesia.

Dios tiene un plan para los falsos profetas. Él va a llevar a cabo toda su buena voluntad a pesar de los mejores esfuerzos de ellos. Y como Cristo mismo está construyendo su iglesia, las puertas del infierno no prevalecerán en contra de ésta. Los poderes de la oscuridad no pueden vencer en la Guerra por la Verdad. 

Artículo basado en Verdad en Guerra de John MacArthur.

Un medio secular denuncia la pasión por el dinero evidente en los pastores de una congregación, algo que desafortunadamente se ha extendido actualmente.

Video visto en el canal de youtube jucincrb 


No podemos darnos cuenta de quién es un apostata por su apariencia, pues después de todo, cada líder “religioso” parece santo y sus obras se convierten en un brillante camuflaje. Se hacen expertos en la piedad fingida. Su máscara es demasiado convincente, con una apariencia de algún tipo de “espiritualidad”. Jesús mismo se refería a los falsos maestros como lobos vestidos de ovejas (Mateo 7: 15, 23: 27).

Existen hombres nada espirituales que ganan multitud de seguidores, imagínense como lo logran los falsos maestros que hacen un trabajo aceptable de imitar el fruto del Espíritu y se disfrazan a sí mismos como ministros de rectitud (II Corintios 11: 14-15). Parecen ser bastante sinceros. Se ven, suenan y parecen ser inofensivos. Saben cómo usar un lenguaje que suene espiritualmente bonito. Aún pueden hablar de la Escritura con cierta dosis de buenas cualidades. Conocen la verdad lo suficientemente bien como para usarla para sus propios fines, algunas veces cubriendo una verdad mientras que atacan la otra. Saben exactamente cómo ganar la confianza y la aceptación del pueblo de Dios.

falsosministrosSus ataques contra la verdad son raramente abiertos y frontales. En cambio, ellos prefieren trabajar por debajo, perforando pequeños hoyos en los fundamentos de la verdad misma. Ellos realizan esto mediante sugerencias sutiles de redefiniciones, haciendo modificaciones astutas, o sugiriendo que el cristianismo contemporáneo necesita volver a imaginar, actualizar o simplemente deshacerse de la doctrina supuestamente obsoleta. Generalmente, ellos intentan parecer lo más inicuos posibles mientras inculcan la mayor cantidad de dudas que les sea posible. Esas dudas son como cartuchos de dinamita en los hoyos que perforaron en los cimientos. En realidad, ellos están trabajando hacia la demolición general de toda la estructura.

Cuando Judas en su epístola advirtió acerca de los falsos maestros que entran encubiertamente, él no estaba describiendo a todo un pagano que se escabulló por la puerta del costado bajo un disfraz y encubiertamente asistió a un solo culto en la iglesia. Él estaba hablando acerca de personas   que ya habían ganado una amplia aceptación y respeto como miembros del rebaño. En los peores casos, hasta había logrado algún rango como líderes y maestros en la iglesia. Ahora estaban usando sus influencias para socavar la fe cristiana tranquila y sutilmente para sus propios fines malvados.

Aunque a primera vista estos hombres pueden haber parecido ser líderes válidos y respetables en la iglesia; de hecho eran el tipo más peligroso de falsos maestros. Eran parásitos espirituales, que se alimentaban de la iglesia para sus propios beneficios egoístas. A pesar de cualquier tipo de fachada espiritual que ellos deben haber usado, sus motivos reales eran los mismos que la perversión espiritual más gratuita y libertina. Entonces Judas estaba hablando acerca de la gente dentro de la iglesia, conocidos comunicadores que estaban a la mesa, que se veían seguros, que parecían lo bastante simpáticos, y eran bien conocidos por la gente de la congregación. Pero en realidad, eran cristianos falsificadores con un programa pernicioso.

Los falsos maestros y los saboteadores de la doctrina dentro de la iglesia, siempre han confundido a más personas y han hecho más daño que los adversarios abiertos de afuera. Es también bastante claro desde el registro bíblico, que los terroristas espirituales dentro de la iglesia, son una amenaza mucho más seria que las fuerzas hostiles que se manifiestan desde afuera. Desde el inicio de la iglesia, todos los ataques espirituales más mortales en contra del evangelio provienen de personas que pretendieron ser cristianas, no de ateos.

Los falsos maestros atacan con ideas “casi cristianas”. También los herejes se levantan todavía desde dentro de la iglesia, y todavía demandan reconocimiento y tolerancia por parte de los cristianos, mientras están trabajando arduamente para socavar los propios fundamentos de la verdad. Pablo dijo en Tito 1: 11 “a los cuales es preciso tapar la boca”. Ni Pablo ni ningún otro escritor del Nuevo Testamento, busca recurrir a la violencia, la fuerza física o el armamento carnal en la Guerra por la Verdad. Por el contrario, esas cosas son enfática y reiteradamente condenadas (Mateo 26: 52; II Corintios 10: 3-4). Pablo no está sugiriendo de ninguna manera que las bocas de herejes deben ser calladas a través de la fuerza física. Es necesario confrontar y refutar sus mentiras profundamente con la clara proclamación de la verdad.

La Escritura nos advierte clara y repetidamente que no cualquiera que declare creer en Jesús realmente lo hace. Jesús mismo dijo que muchos declararían conocerlo pero realmente no sería hacer (Mateo 7: 22-23). Satanás y sus ministros siempre se han puesto una máscara como siervos de justicia (II Corintios 11: 15). Nosotros no ignoramos su estrategia (II Corintios 2: 11). Después de todo, esta ha sido siempre su estrategia desde el comienzo.

Por lo tanto, es el colmo mismo de la necedad (y la desobediencia) para los cristianos de la generación actual, decidir de un momento para otro que en el nombre del “amor” debemos descartar cada idea aberrante acerca del evangelio e incondicionalmente acoger a cualquiera que declare ser cristiano. Hacer eso, sería concederle toda la batalla por la verdad al enemigo. Nosotros debemos continuar la pelea.

Tomado de un fragmento del libro Verdad en Guerra de John MacArthur


Lobo disfrazado de ovejaLas enseñanzas falsas de terroristas espirituales engañosos infiltrándose en la iglesia la han plagado. Más allá de que estén conscientes o no de eso, los falsos maestros son satánicos misioneros enviados para crear más apostasías. El propósito de Satanás es guiar a las personas que han sido expuestas al evangelio a que se salgan de éste, e introducirlas en un terror irrefutable. Siempre hay personas dentro y alrededor de la iglesia que han escuchado la verdad y la han entendido pero que todavía no la han acogido ni se han comprometido con ella. Ellos pueden ser llevados a rechazarla, y eso es exactamente lo que el maligno espera lograr.

La apostasía es un tema frecuente en las Escrituras. Muchas de las epístolas del Nuevo Testamento tienen bastante que decir acerca de los peligros de la apostasía y la falsa doctrina. Este fue claramente un problema de principal importancia, extendido desde los días tempranos de la historia de la iglesia. Varias de las epístolas, en particular Judas, Hebreos, 1 y 2 de Corintios, Gálatas, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 2 y 3 Juan, fueron inspiradas en parte o completamente por la necesidad de dirigir los errores de varios falsos maestros que estaban conduciendo a las personas a la perdición. Esto no fue algo inesperado, Jesús mismo lo profetizó.

ESENCIA DE LA APOSTASÍA

“¡Ay de ellos!  porque han seguido el camino de Caín,  y se lanzaron por lucro en el error de Balaam,  y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes,  que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos;  nubes sin agua,  llevadas de acá para allá por los vientos;  árboles otoñales,  sin fruto,  dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar,  que espuman su propia vergüenza;  estrellas errantes,  para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas” Judas 1:11-13

La esencia de la apostasía es escuchar la verdad, saber lo que es, profesar aceptarla y finalmente, rechazarla. Porque el repudio final de la verdad ocurre con completo conocimiento y entendimiento, esta es una apostasía fatal de la cual no hay esperanza de recuperación.

“Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial,  y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron,  sean otra vez renovados para arrepentimiento,  crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” Hebreos 6:4-6

lobito-disfrazado1La apostasía no es meramente un problema para los discípulos periféricos u obviamente desganados. A veces, los líderes cristianos también apostatan. Porque aman el poder, el prestigio, la lujuria, la gula o por otros motivos igualmente siniestros (Judas 4, 11; II Pedro 2: 10; I Timoteo 6: 5).

La historia de la iglesia está repleta de ejemplos como éste, desde los judaizantes, cuyo falso evangelio confundió a las iglesias de Galacia, a los corruptos telepredicadores de hoy, cuya avaricia, fallas morales, falsas profecías, falsos “milagros” y doctrina errónea son un reproche al cristianismo y un tropiezo para lo invisible.

En cierto sentido, la apostasía es siempre un pecado voluntario y deliberado. Un apóstata no es alguien que es simplemente indiferente a la Palabra de Dios o ignorante de lo que enseña. Alguien que nunca ha escuchado la verdad no es un “apóstata”, más allá de que él o ella pueda ser un maestro de una religión falsa. La apostasía es un pecado mucho más terrible que eso. Un apóstata es alguien que ha recibido la luz pero no la vida, la semilla pero no el fruto, la Palabra escrita pero no la Palabra viva, la verdad pero no un amor por la verdad (II Tesalonicenses 2: 10).

“Estos son fuentes sin agua,  y nubes empujadas por la tormenta;  para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas,  seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad,  y son ellos mismos esclavos de corrupción.  Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. Ciertamente,  si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo,  por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo,  enredándose otra vez en ellas son vencidos,  su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia,  que después de haberlo conocido,  volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito,  y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”. II Pedro 2:17-22

LA APOSTASÍA PRESENTE EN TODA LA HISTORIA

Así como el mismo pecado, la apostasía no es de ninguna manera un fenómeno reciente, y no es tampoco algo único para la era cristiana. Desde el momento en el Huerto del Edén cuando la serpiente introdujo su guerra en contra de la verdad en el mundo de la humanidad, a través del estricto canon del Antiguo Testamento y mucho más, justo hasta hoy día, la campaña en contra de la verdad ha sido inexorable y horrorosamente efectiva.

En algunos periodos del pueblo de Israel casi todo el pueblo había apostatado. Por ejemplo, en la generación de Elías, la cantidad de fieles entre millones era de escasos siete mil (I Reyes 19: 18). Elías aun pensó por un instante que el era el último verdadero creyente. En el transcurso de la vida de Jeremías, el tamaño del remanente fiel, era probablemente más pequeño. Casi todos en Israel eran completamente hostiles al ministerio de Jeremías. Después de cuatro décadas de predicación poderosa, el gran profeta se quedó prácticamente solo.

Entonces la apostasía, atroz y sombría como es, ha sido una realidad presente desde siempre a través de la historia de la redención. Muchos que conocen la verdad, de igual manera la rechazan, y hasta aquí ha sido siempre así. Por eso, los tiempos en los que vivimos no son nada extraordinarios.

JESUCRISTO, LA VERDAD ENCARNADA FUE RECHAZADA

Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Juan 6:66

El ministerio de Jesús provee una figura alarmante de la verdadera apostasía. Las multitudes le seguían a donde quiera que Él hiciera milagros, pero se dieron vuelta en masa cuando Él comenzó a proclamar verdades que no querían escuchar.

La enseñanza de Jesús mostró la cruda verdad. Esas personas, que evidentemente vieron claramente la verdad y entendieron las enseñanzas de Jesús perfectamente bien, la rechazaron de igual manera. De hecho, la claridad máxima de la verdad fue la razón principal para alejarlos. Cuando vieron la verdad, por lo que era, simplemente la odiaron. Era demasiado demandante, para nada popular, demasiado inconveniente, una gran amenaza a sus propios intereses, y demasiado reproche a su pecado.

APOSTASÍA AL FINAL DE LOS TIEMPOS

Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;  y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mateo 24:11-12

La Escritura también enseña que la apostasía se extenderá al final de los tiempos. (II Pedro 3: 3-4; I Timoteo 4: 1-2; II Tesalonicenses 2: 3). Prácticamente, uno de los mayores puntos de cambio al final de este tiempo serán una renuncia mundial a la verdad y un completo rechazo de Cristo, conocido como “La Apostasía”.

Pero los falsos maestros no son necesariamente obvios. Ellos no usan insignias identificándose como apóstatas. Usualmente se esfuerzan por no destacarse como enemigos de la verdad. Fingen devoción a Cristo y exigen tolerancia de sus seguidores. A menudo, son personas exageradamente agradables, persuasivas y elocuentes. Esto es lo que genera la alerta en toda la iglesia, porque son personas que están “encubiertamente” frente a nosotros (Judas 4).

Actualmente los apóstatas existen en gran abundancia, enseñando mentiras, popularizando falsedades, reinventando doctrinas esenciales y hasta redefiniendo la verdad misma. Ellos parecen estar en toda la cultura evangélica de hoy, comercializando con el evangelio. 

Tomado de un fragmento del libro Verdad en Guerra de John MacArthur


Se ha hablado bastante que uno de los síntomas del fin es la Apostasía como lo citan las Escrituras. A lo largo de la historia, se han infiltrado lobos rapaces dispuestos a devorar el rebaño, pero claramente dice la Palabra que aún esto es permitido para que sea evidente quien es y quien no es parte del Reino de Dios. Aquellos que el Señor en Su misericordia nos ha llamado para predicar Su Palabra somos agentes y defensores de la Verdad, hombres y mujeres que hemos de permanecer atentos a que no se pervierta el Evangelio, y confiados en el Señor, quien no permitirá que seamos confundidos por las sutiles artimañas del maligno.

A continuación les comparto unos apartes del Libro Verdad en Guerra del Pastor John MacArthur, a quien el Señor ha usado de manera efectiva, en la defensa y protección de la sana doctrina:

LA APOSTASÍA, UNA AMENAZA

“La apostasía es el nombre técnico del serio error destructor del alma que se levanta desde el seno de la iglesia. Esta palabra está muy relacionada con la palabra griega divorcio y habla acerca del abandono, separación, defecto, la negación de la verdad en su conjunto.

¿Puede un cristiano genuino salirse de la fe y convertirse en apóstata? No. La Escritura es bastante clara acerca de eso. Aquellos que sí se separan de la fe, como Judas, simplemente demuestran que nunca tuvieron una verdadera fe desde el comienzo. “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (I Juan 2: 19). Jesús habló de la verdadera oveja: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10: 28-29).

Sin embargo, existen montones de personas apóstatas. Desde los tiempos de Judas, ha habido personas que profesan tener fe en Cristo, que se identificaban a sí mismas como discípulos, pero nunca acogieron genuinamente la verdad. Ellas pueden llega a entender la Verdad. Hasta pueden llegar a seguirla con entusiasmo por algún tiempo. Ellas se pueden identificar con una iglesia y por lo tanto convertirse en parte activa e integral de la comunidad cristiana terrenal. A veces se convierten en líderes de alguna iglesia. Pero ellas nunca creen verdaderamente en la Verdad con un corazón íntegro. Como la cizaña entre el trigo, tienen una apariencia de autenticidad por un tiempo, pero son incapaces de producir algún fruto útil (Mateo 13: 24-30).

Por lo tanto, un apóstata es un tránsfuga de la verdad, alguien que ha conocido la verdad, dado muestras de afirmarla, hasta quizá proclamarla en algún momento, pero que al final la rechazó. El típico apóstata, hasta puede pretender creer la verdad, pero en realidad se opone a ella y la quebranta. Es un traidor de la fe y un enemigo secreto en la Guerra por la Verdad. Pero él quiere que todos piensen lo contrario. Dado que todo lo que hacen socava la fe y corrompe la verdad, este tipo de gente plantea un grave peligro a la fe del rebaño, más allá de que en general intentan parecer amigables, piadosos y agradables. Es por eso que Jesús los compara con lobos rapaces vestidos de ovejas (Mateo 7: 15).

El credo del diablo a menudo tiene unos pocos elementos de verdad elegidos cuidadosamente en la mezcla, pero siempre diluidos y minuciosamente mezclados con falsedades, contradicciones, representaciones erróneas, distorsiones y toda clase de perversión imaginable de la realidad. Juntémoslos todos y el resultado, una gran mentira.

Además de la propagación de su fraude, Satanás emplea cada agente que pueda engañar para que sea su cómplice, demonios, incrédulos, y (lo más eficaz) personas que realmente están de algún modo asociadas con la verdad (II Corintios 11: 13-15).

Unos pocos apóstatas son francos y agresivos en su oposición a la verdad, pero son más sutiles que otra cosa. Estos lobos vestidos de ovejas son invariablemente conducidos por el mal y por motivos de engrandecimiento propio, tales como el orgullo, la rebelión, la gula, la lujuria o lo que sea (II Pedro 2: 10-19).

Otros pueden empezar de una buena forma, pero nunca superan su doble ánimo. Son como semillas que brotan en la sombra o en terreno duro. Ellos muestran a menudo señales de vida por un tiempo, pero finalmente, su propia mundanalidad o poca profundidad logra que sea imposible que la Palabra de Dios forme raíces (Mateo 13: 20-22). A pesar de cualquier apariencia de vida espiritual que puedan mostrar, son incapaces de producir verdadero fruto, y eventualmente caen. No dejemos que la apariencia temporal de salud espiritual y vigor de principiante lo haga necio. Cuando una persona de este estilo abandona la fe, se demuestra que él o ella nunca fue regenerado o creyente, aún está muerto en delitos y pecados.

venda-birgiheidrichLa apostasía puede llegar muy lejos y producir efectos desastrosos en la salud espiritual de una congregación entera. Cuando la falsa enseñanza se torna incuestionable, siembra más confusión y arrastra a personas que no son sinceras ni profundas al redil.

Si no nos resistimos vigorosamente a la apostasía, se va a expandir como levadura en los seminarios, denominaciones y otras instituciones cristianas. Así, la falsa enseñanza ataca a la iglesia como un parásito, afectando nuestro testimonio corporativo, inoculando a la gente en contra de la verdad real del evangelio, proliferando a los discípulos falsos y con poco entusiasmo y llenando a la iglesia de personas que son realmente incrédulas. Por esos motivos la apostasía se ha apoderado de denominaciones e iglesias enteras, esto no sólo ahora, sino que ha ocurrido a lo largo de la historia.

Obviamente, la causa de la verdad se lesiona cuando esto ocurre. La gente que acoge la apostasía está destruida por causa de ella. La iglesia se marchita y muere a causa de ésta”.