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Testimonio de Joni Eareckson Tada en la Conferencia Fuego Extraño de la  Grace Community Church del Pastor John MacArthur.



orarsiempre“El punto que nos interesa de tu vida espiritual es si verdaderamente oras. Tus puntos de vista doctrinales pueden ser correctos y tu amor por la fe evangélica puede ser firme e inconmovible, pero aún así, todo esto puede no ser más que un mero conocimiento intelectual que se alimenta de un sentimiento partidista. Lo que nos interesa saber es si tú, en verdad, puedes hablar a Dios con la misma manera que puedes hablar de Dios.

Entre los verdaderos cristianos existen grandes diferencias; en el ejército de Dios no todos son iguales. Es cierto que todos se ejercitan en la buena pelea, pero hay. unos que luchan más valientemente que otros. Todos están ocupados en la obra del Señor, pero hay unos que hacen más que los otros. Todos son luz en el Señor, pero hay unos que brillan más que otros. Todos corren la misma carrera, pero hay unos que llegan más lejos que otros. Todos aman al mismo Señor y Salvador, pero unos le aman más que otros. ¿No es esto cierto?

Hay personas que, aunque forman parte del pueblo de Dios, parece que no han hecho progreso alguno desde el día en que se convirtieron. Han nacido de nuevo, pero espiritualmente permanecen bebés durante toda su vida. Asisten a la escuela de Cristo, pero no se mueven del A B C del Evangelio y la santidad. Pertenecen al rebaño de Cristo, pero siempre están en el mismo lugar, no se mueven. Año tras año uno puede observar en ellas las mismas faltas y debilidades. La experiencia espiritual de las tales no ha cambiado desde el día de su conversión. Sólo pueden tolerar la leche del Evangelio, pero no pueden con la comida fuerte. Siempre la misma puerilidad en la fe, las mismas flaquezas, la misma estrechez mental y de corazón, la misma falta de interés en cualquier cosa que rebase su pequeño círculo, todo exactamente lo mismo que años atrás. Aunque resulte triste confesarlo, ¿no es esto cierto?

Sin embargo, hay otros dentro del pueblo de Dios, que progresan contínuamente. Avanzan como Gedeón y los suyos que, aunque cansados, siguen adelante (Jueces 8:4). Siempre están añadiendo gracia a la gracia, fe a la fe, y esfuerzo al esfuerzo. Cada vez que uno los ve, tiene la impresión de que el corazón de los tales se ha engrandecido, y la estatura espiritual de los mismos duplicado. Parece que cada año ven más, saben más, crecen más y viven más profundamente su profesión religiosa. No sólo exhiben buenas obras para probar la realidad de su fe, sino que en las tales se muestran celosos. No sólo hacen bien, sino que no se cansan de hacer bien (Tito 2:14; Gálatas 6:9). Se proponen grandes cosas y las consiguen. Si fracasan, lo intentan de nuevo, y si otra vez caen, de nuevo se levantan. Y en todo esto, y durante todo este tiempo, se consideran a sí mismos como siervos inútiles que no hacen nada de provecho. Estas personas son las que hacen hermosa la religión cristiana a los ojos del mundo, y las que la adornan con sus vidas; arrancan las alabanzas de los inconversos y obtienen la estimación incluso de los egoístas del mundo. Oír, ver y convivir con estas personas resulta de provecho espiritual para el alma; enfrente de las tales, y al igual que sucedía con Moisés, uno se hace la idea de que han venido de delante de la presencia de Dios; Debemos confesar que gente así ́ no abunda mucho.

¿A qué podemos atribuir la diferencia tan grande entre estas dos clases de personas que hemos descrito? ¿Por qué razón algunos cristianos brillan más y son más santos que otros? Yo creo que esto se debe, en la mayoría de los casos, a hábitos distintos de oración privada. Yo creo que los que se distinguen por una vida de santidad pobre, oran poco; mientras que los que se distinguen por una vida de profunda santidad, oran mucho.

Yo creo que la grandeza espiritual, y también la natural, depende, más que nada, del uso diligente de los medios a nuestro alcance. Después de la conversión, la santidad de una persona depende, principalmente, del uso cuidadoso de los medios de gracia que Dios ha dispuesto. Y sin reserva alguna me atrevo a afirmar que el medio principal, y por el cual la mayoría de creyentes han sido grandes en la Iglesia de Cristo, ha sido el hábito diligente de la oración privada.

Hay personas que después de haber hecho una buena profesión de fe, parecen apartarse de los caminos del Señor. Corren bien durante un tiempo, como los gálatas, pero luego caen en las enseñanzas de falsos maestros. Mientras las emociones y sentimientos arden, al igual que Pedro confiesan a Cristo, pero tan pronto viene la hora de la prueba, le niegan. Los creyentes pueden perder el primer amor, como los efesios; sus ánimos y su celo, como Marcos, puede enfriarse. Por un tiempo seguirán algunos, como Demas al Apóstol, pero más tarde volverán al mundo. Muchos de los que profesan la religión cristiana pueden hacer esto.

¿Cuál es la causa principal de todo enfriamiento y apartamiento espiritual? Por regla general creo que la causa principal es el descuido y negligencia de la oración privada. Es cierto que la historia secreta de muchas caídas no se conocerá́ hasta el Día del Juicio. Pero en mi opinión: el motivo principal de todo enfriamiento y apartamiento tiene su origen en el descuido de la oración privada, como lo han demostrado muchas experiencias.

Las Biblias que se leen sin oración, los sermones que se oyen sin oración, los matrimonios que se contraen sin oración, los viajes que se emprenden sin oración, las amistades que se forman sin oración, las lecturas bíblicas y devocionales con oraciones rápidas y que no salen del corazón; todo esto constituye una serie de escalones descendentes por los cuales muchos creyentes bajan a un plano de apatía espiritual, o al borde mismo de una terrible caída.

No dudemos del hecho de que los que caen, primero caen en su vida espiritual privada, y más tarde su caída es pública. Primero caen en su vida de oración, y luego a los ojos del mundo. Al igual que Pedro, primero descuidan la amonestación del Señor de velar y orar, y luego, también como ese Apóstol, pierden las fuerzas y en la hora de la tentación niegan al Señor.

Confío que el lector cristiano de este escrito nunca se apartará de la fe. Pero la mejor manera de asegurarse de que no se apartará de los caminos del Señor, es recordando mi amonestación: no descuides la oración privada.

Fragmento tomado del libro El Secreto de la vida Cristiana, de Juan Carlos Ryle.



oración privadaEn nuestros días la profesión religiosa abunda. Los lugares de culto se han multiplicado y también el número de los asistentes. Pero a pesar de toda esta pública manifestación religiosa, la oración es descuidada por muchos. He llegado a la conclusión de que la mayoría de los que profesan ser cristianos nunca oran. Muchísimas son las personas que nunca dicen unas palabras de oración; comen, beben, duermen, se levantan, van al trabajo, regresan a sus hogares, respiran el aire de Dios, ven el sol de Dios, andan sobre la tierra de Dios, gozan de las mercedes de Dios, tienen cuerpos mortales, un juicio y una eternidad delante de ellos, pero nunca hablan a Dios. Viven como las bestias del campo que perecen; se comportan como criaturas sin alma; no tienen ninguna palabra para decir a Aquél en cuyas manos están sus vidas y de quien reciben el aliento y todas las cosas y de quien un día oirán palabras de condenación eterna. ¡Cuán terrible es todo esto!

Creo también que las oraciones de muchas personas no son más que una mera rutina, una colección de palabras que se repiten de carretilla y de cuyo significado nadie se apercibe. Algunas de estas oraciones no son más que una serie de frases, que aprendieron en la niñez. Hay personas que repetirán una y otra vez el credo, sin darse cuenta de que en esta confesión no se encierra ninguna petición. Otras recitarán el “Padre nuestro”, pero sin el más leve deseo de que lo que en esta oración se expresa tenga cumplimiento. Aun muchas de aquellas personas que han aprendido buenas oraciones, cuando las dicen lo hacen con desgana y rutinariamente, quizá mientras se lavan o se visten. Esto no es orar. Las palabras que no salen del corazón son de tanto provecho para el alma, como el batir de los tambores delante de los ídolos por parte de los paganos. Donde no hay corazón puede haber labios y lengua, pero no habrá nada que Dios pueda escuchar; no hay verdadera oración (…)

¿Cuál es la causa principal de todo enfriamiento y apartamiento espiritual? Por regla general creo que la causa principal es el descuido y negligencia de la oración privada. Es cierto que la historia secreta de muchas caídas no se conocerá hasta el Día del Juicio. De ahí que sólo me limite a expresar mi opinión, Pero esta opinión ha sido formada como resultado de mis experiencias pastorales y mis observaciones del corazón humano. Repito pues mi opinión: el motivo principal de todo enfriamiento y apartamiento tiene su origen en el descuido de la oración privada.

Las Biblias que se leen sin oración, los sermones que se oyen sin oración, los matrimonios que se contraen sin oración, los viajes que se emprenden sin oración, las amistades que se forman sin oración, las lecturas bíblicas y devocionales con oraciones rápidas y que no salen del corazón; todo esto constituye una serie de escalones descendentes por los cuales muchos creyentes bajan a un plano de apatía espiritual, o al borde mismo de una terrible caída. Por este proceso se forman las personas lánguidas como Lot; las de carácter inestable como Sansón; las inconsistentes como Asa; las flexibles como Josafat; las cuidadosas en extremo Marta, etc. A menudo la causa que motiva todos estos casos es ésta: descuido de la oración privada.

No dudemos del hecho de que los que caen, primero caen en su vida espiritual privada, y más tarde su caída es pública. Primero caen en su vida de oración, y luego a los ojos del mundo. Al igual que Pedro, primero descuidan la amonestación del Señor de velar y orar, y luego, también como ese Apóstol, pierden las fuerzas y en la hora de la tentación niegan al Señor.

Confío que el lector cristiano de este escrito nunca se apartará de la fe. Pero la mejor manera de asegurarse de que no se apartará de los caminos del Señor, es recordando mi amonestación: no descuides la oración privada.

Fragmento tomado del libro “El Secreto de la vida cristiana” de John Charles Ryle.


DesconfianzaLa carne en la que tanto te glorías está a un paso de la corrupción inmunda. Tu alma redimida es la sal que te conserva, que evita que apestes. ¿Estás orgulloso de tu belleza? ¡Es vanidad de vanidades! ¿Cuánto tardará el 1tiempo en no hacer surcos en tu cara, o la enfermedad en cambiarte la piel hasta que tus amantes no quieran mirarte siquiera?

¿Te jactas de tu fuerza? Tu brazo es carne que se atrofia cuando lo extiendes. Pronto la sangre caliente se helará en tus venas. El tuétano se te secará en los huesos, se encogerán tus tendones, y tus piernas se encorvarán bajo el peso de débil cuerpo.

Tal vez sea la inteligencia lo que más aprecias: la misma tumba que cubra tu cuerpo enterrará toda la sabiduría de tu carne. Tus buenas ideas acabarán en nada. Solo aquellos pensamientos que sean emanaciones santas del alma tendrán sentido más allá de la tumba.

Tal vez no esperas que te sostengan tu belleza, tu fuerza o tu sabiduría; puede que tengas la esperanza puesta en tu rango y alcurnia. Seas quien seas, eres un plebeyo hasta que nazcas de nuevo. La sangre que corre por tus venas es la misma que nazcas de nuevo. La sangre que corre por tus venas es la misma que la del mendigo callejero. Entramos y salimos del mundo todos iguales; así como nadie está hecho de una tierra más fina, tampoco se desintegra para formar un polvo más noble.

Siendo así la composición de toda carne, ¿por qué confiar en ningún hombre? No confíes en los príncipes: no pueden mantener su propia corona en la cabeza, ni la cabeza sobre los hombros. Tampoco confíes en los sabios, cuyas ideas tan a menudo se les vuelven en contra. La sabiduría carnal puede predecir lo que uiera, pero Dios es el que hace girar la rueda y saca adelante Su providencia. Tampoco te fíes excesivamente de los dirigentes espirituales: también son humanos, y no infalibles. El error de un cristiano te puede hacer errar, y aunque él se arrepienta, puede que tú sigas adelante y te pierdas. No te fíes de ningún nombre: ni siquiera de ti mismo. Proverbios 28: 26 dice: “El que confía en su propio corazón es necio”.

Fragmento tomado del libro “El cristiano con toda la armadura” de William Gurnall