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Teniendo en cuenta que en la actualidad existen tantas congregaciones que sólo de nombre se llaman cristianas, pero que no lo son en Su predicación, culto y adoración, ¿qué aspectos debemos evaluar al interior de nuestras Iglesias, para evitar reproducir estos pecados?

a. Cerciorarnos de que nuestra opinión de Dios es bíblicamente precisa: nuestro entendimiento y  pensamientos acerca de Dios, deben ser completamente bíblicos, ya que en la actualidad muchos están adorando a un dios que es una gran distorsión del Dios verdadero revelado en las Escrituras. Esto es producto la falsa y superficial enseñanza de los pastores, que con sus cultos al “gusto del consumidor”, han creado un dios humanista, llevando al pueblo a la idolatría, y la gente en su ignorancia y sin protestar lo ha aceptado, pues sólo están en busca de su propia satisfacción.

b. Asegurarnos de que Jesucristo es el foco central de nuestra adoración: Él tiene la preeminencia, por eso debemos permanecer siempre enfocados, mirando a Cristo y Su obra consumada como el objeto de nuestra adoración.

c. Comenzar a prepararnos para adorar: hemos de humillarnos ante Dios,  acercarnos a Él, buscar Su rostro en oración, con el fin de que a Él le plazca concedernos un verdadero sentido de Su presencia manifiesta. Debemos examinarnos, reconociendo cuál es nuestra verdadera motivación de congregarnos, ¿es realmente la adoración a Dios? (Santiago 4:1-10). Los actuales servicios han creado una falsa expectativa, por eso mucha gente cree equivocadamente que el ruido, los números, la conmoción y el emocionalismo son señales de la presencia palpable de Dios, pero esto es falso, adictivo e impide conocer a Dios realmente. Este tipo de personas que se encuentran engañadas y lejanas a la verdad de las Escrituras, no conciben la adoración sin sus métodos superficiales y emocionales.

d. Disciplinarnos para recordar que el servicio de adoración tiene el propósito específico de dar gloria a Dios: existe la noción equivocada de que venimos a la iglesia para recibir una bendición, para ser entretenidos o para que se satisfagan nuestras necesidades; y aunque es cierto que la adoración es de gran bendición al pueblo de Dios, no deja de ser algo secundario, pues la prioridad es alabar y glorificar a Dios. No es inusual escuchar a alguien decir: “No recibí nada en la iglesia.” A lo que deberíamos responder: ¿qué le dio usted a Dios? ¿Cómo preparó usted su corazón para dar? Si usted asiste a la iglesia buscando egoístamente una bendición, no ha comprendido el verdadero sentido de la adoración. Vamos para glorificar, no para buscar bendición. El asunto no es, ¿qué recibí por haber estado en la iglesia?, sino, ¿glorificó mi corazón a Dios? Ya que la bendición proviene de Dios como respuesta a la adoración, si usted no ha sido bendecido, no será, generalmente hablando, a causa de la pobre música y predicación (aunque a veces éstas pueden ser obstáculos invencibles), sino de un corazón egoísta que no glorifica a Dios.

e. Reconsiderar el significado del éxito: el concepto equivocado, mundano y antibíblico de éxito se ha infiltrado a las Iglesias, desplazando el principal objetivo de dar la verdadera adoración a Dios. La mayoría de pastores y asistentes no se sienten animados si sus congregaciones no tiene una gran audiencia o un auditorio lleno, pues consideran que el éxito es directamente proporcional a los meros números, a la multiplicación de miembros y al mover que se logra con un show evangélico; sin importar que no exista genuina consagración, obediencia, amor y fidelidad a Cristo. Debemos recordar que el concepto de “éxito” que nos enseña la Escritura es sencillamente hacer la voluntad de Dios. Si estamos haciendo Su voluntad, no debemos estar bajo la esclavitud del éxito mundano en el que tantas iglesias y pastores están cautivos.

f. Volver una vez más a las grandes doctrinas de la fe cristiana: la verdadera adoración inicia y aumenta con una correcta instrucción doctrinal. El pueblo de Dios se reúne a ser alimentado y nutrido por la Palabra y aunque mucha gente hoy día no tolerará y ni se someterá a la predicación del Evangelio, las verdaderas ovejas de Dios responderán positivamente al escuchar la proclamación del Espíritu. No debemos caer en el error contemporáneo de hacer mensajes cargados de psicología, lenguaje trivial y temas superficiales sobre las relaciones humanas, para llamar la atención de los hombres, sino que debemos proclamar las verdades eternas de Dios al mundo incrédulo.

g. Es necesario el arrepentimiento: Tenemos que arrepentirnos por haber venido tantas veces a la iglesia sin estar preparados para adorar, habiendo dado poca o ninguna atención a la búsqueda del rostro de Dios. Tenemos que arrepentirnos por no haber dado la preeminencia a Cristo y haber permitido servicios en los que el enfoque central recaía sobre el hombre. Debemos quebrantarnos por haber desvalorizado tanto la predicación. El genuino arrepentimiento nos llevará en una nueva dirección, directamente a la adoración a Dios.

Adaptación del texto “Adoración en el Salón del Trono” de Roberto L. Dickie


a. Rechazo a la historia de adoración de la Iglesia: se descartan veinte siglos de historia eclesiástica, los cuales se sustituyen con innovaciones y métodos para hacer la obra de Dios, los cuales no tiene ningún fundamento bíblico.

b. Alejamiento de la predicación expositiva como parte esencial de la adoración bíblica: las predicaciones son ahora conferencias humanistas, moralistas o con énfasis psicológico, dejando de lado la enseñanza de la majestad de Dios, Su obra y Su Palabra.

c. Servicios de adoración que no son Cristo-céntricos en su predicación ni en su enfoque: se realizan servicios religiosos, donde prácticamente ya casi ni se menciona el nombre de Jesucristo, ni se hace un llamado a amarle y ser más como Él.

d. Sustitución de los himnos de la fe por cantos superficiales: actualmente la música es vital en los cultos, pero desafortunadamente no tiene un sustento bíblico en sus letras, sino que suelen ser cantos  triviales y subjetivos en extremo, que buscan satisfacer la emotividad de los hombres, no adorar a Dios.

e. Desconocimiento del propósito de la Iglesia: tanto los líderes, como los laicos, desconocen o pervierten el propósito de la iglesia, convirtiéndolo en un club social, un centro de entretenimiento o una empresa. Por el contrario, la iglesia debe ser un lugar de adoración donde los verdaderos creyentes y seguidores de Cristo son discipulados, instruidos, edificados, animados y consolados en la fe.

f. Distorsión del Evangelio: muchos, en busca de la aceptación del mundo, han diluido o sustituido totalmente el Evangelio verdadero, por una falsa copia. Esto hace que los asistentes desconozcan totalmente la verdad acerca de la Soberanía de Dios, la Salvación, la Gracia, la Justificación por la fe, el arrepentimiento y perdón de pecado, el nuevo nacimiento, la santificación del creyente, etc.

g. Influencia de la doctrina y experiencia carismática: se realizan cultos centrados en el entretenimiento del hombre, con un excesivo énfasis en la demonología, las sanidades y la adoración subjetiva, que no son otra cosa que manifestaciones mundanas.  Esto trae como consecuencia mayor incredulidad, frustración o satisfacción carnal, que aleja completamente a las personas de Cristo.

h. Servicios de adoración que ya no producen reverencia, temor o admiración a Dios: en un afán por agradar a los oyentes en vez de a Dios, los pastores han obviado el llamado al arrepentimiento, a la vida en santidad y a la sumisión a Cristo como Señor.

i. Estrategias evangelísticas antibíblicas: el nuevo estilo de evangelismo, basado en una superficial profesión de fe, ha llenado las iglesias con gente que nunca ha nacido de nuevo. Esto produce un gran crecimiento numérico en las congregaciones, pero ausencia de verdadera vida espiritual, la cual es una obra sobrenatural de la gracia soberana de Dios.

j. Falta de fe en el Evangelio: se ha creído que el evangelio no tiene poder para traer hombres a Cristo, se considera inadecuado e insuficiente en sí mismo, por eso se busca completar con obras,  entretenimiento, bailes y música contemporánea para poder apelar a la cultura de nuestros tiempos (Ro. 1:16).

Adaptación del texto “Adoración en el Salón del Trono” de Roberto L. Dickie 


Martín Lutero, el líder de la Reforma Evangélica o Protestante, escribió la letra y la música del famoso himno “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”, que se constituyó en el Himno Lema de la Reforma.

Lutero cantando y tocando el laúd junto a su familia.

Lutero era músico desde la cuna. Como niño tenía una voz esplendorosa para cantar. Su entretenimiento favorito era tomar su laúd (instrumento de cuerda) todos los días después de haber comido y apartarse por media hora para tocar y cantar.” Mientras él estaba estudiando en una escuela del Monasterio Franciscano siendo muy joven, muchas veces usó su magnífica voz para cantar frente a las ventanas de los ricos de aquella época con el fin de obtener limosnas y poder dárselas a los pobres. Lutero exclamaba: “A quien no le guste la música, nunca podrá ser mi amigo.”

Él dijo que la música era un “don (regalo de Dios) y una gracia de Dios y esto podía hacer huir a Satanás y hacer que el hombre olvidara todo enojo”. Su deseo era componer himnos para que el mensaje de Dios fuese propagado por medio del canto. El deseaba que todos sus compatriotas tuviesen himnos y leyesen la Biblia en su propia lengua. Al leer la Biblia oirían la voz de Dios y al cantar himnos, ellos hablarían con Dios.

Antes de Martín Lutero, la música era usada solamente por los sacerdotes de las iglesias o coros selectos en latín. Pero el gran Reformador introdujo al mundo la himnología congregacional. El primer himnario evangélico o protestante fue publicado en Wittenberg, Alemania, en 1524. Este libro tenía  tan sólo 8 himnos, 4 de ellos escritos por Martín Lutero.

En poco tiempo la demanda de este libro fue grande. La gente aprendió y cantó los himnos con mucho entusiasmo y Alemania llegó a ser un “mar de cantos”. En esta forma, Martín Lutero vino a ser aceptado y reconocido como el padre de la himnología congregacional.

Es rara la vez que se encuentra un individuo como Lutero que escriba la música y la letra de sus himnos inspirados. De sus 37 himnos, el más conocido es “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”. Tiene un mensaje que posee virtud, gracia y eficacia, toda la Iglesia Evangélica o Protestante lo ha cantado desde esa fecha hasta hoy día.

Mientras Lutero vivía, sus enemigos decían que toda Alemania estaba aceptando y aprendiendo sus doctrinas por medio de sus himnos. Acusaban a los himnos de ser los que “destruían más almas que aun los libros o sermones escritos por él”.

Castillo de Wartburgo donde Lutero se inspiró y escribió su famoso himno.

Se cree que fue durante el cautiverio en el castillo de Wartburgo que Lutero se inspiró y escribió este hermoso himno. Sus amigos lo llevaron y le escondieron en la fortaleza de Wartburgo para protegerlo de sus enemigos.

Lutero, seguía con la traducción de Los Salmos y compuso un tomo de sermones y una multitud de otros escritos. Por casi un año exhortaba, enseñaba, reprendía y tronaba desde un escondite en las montañas. Posiblemente encontró en aquel castillo un lugar de seguridad y ayuda, lo que le inspiró a escribir y a reflexionar en la seguridad y ayuda que Dios era para él.

Este himno entrega un mensaje de seguridad en tiempos de prueba por parte del enemigo de nuestras almas y es de gran aliento para aquellos trances difíciles de la vida. Martín Lutero se inspiró en el Salmo 46 para escribir el himno clásico de la Reforma Evangélica o Protestante “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”.

Escuche el Himno Lema de la Reforma en tres idiomas diferentes:

Himno “Castillo Fuerte es Nuestro Dios” (español):

Himno “Ein feste Burg ist unser Gott” (alemán):

Himno: “A Mighty Fortress is our God” (inglés):

Tomado del sitio web del Ministerio Radial “Cristo es tu Ruta” de la República de Chile.


Letra: Augustus Montague Toplady, 1776 – Música: Thomas Hastings, 1830 – Traducción al español: Tomas M. Westrup

Composición del Himno

Augustus Toplady, vicario de la parroquia de Blagdon en Mendips Hills en Inglaterra, se encontraba a unas dos o tres millas de su casa, cuando se desató una tormenta torrencial en el desfiladero de Burrington Combe, por lo que tuvo que buscar rápidamente un refugio; vio una gran piedra caliza con una fisura en el medio que era lo suficientemente grande como para abrigarle. Estando en aquel lugar, fue golpeado por el título y las palabras de este himno vinieron a su mente. Cogió una carta de naipes, que estaba tirada a sus pies, y escribió al dorso estas estrofas. Este objeto ahora está en uno de los museos de América. Fue escrito unos dos años antes de su muerte, a la temprana edad de 38 años.

La melodía actual fue compuesta por Thomas Hastings (1784 – 1872) de New York en 1830, para conmemorar al autor de las palabras del himno.

El Himno y las Escrituras

“Mas Jehová me ha sido por refugio, y mi Dios por roca de mi confianza.” (Salmo 94:22)

“…y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (I de Corintios 10: 4)

El pueblo de Israel, luego de salir de la esclavitud de Egipto fue guiado y sustentado por Dios; Moisés golpeó la roca y brotó el agua que calmó su sed, esto refleja cómo nuestra espíritu es saciado por Cristo, la Roca de nuestra Salvación y vida eterna, cuyo manantial de aguas quita para siempre nuestra sed y nos limpia purificándonos del pecado (Juan 4: 14).

El hombre no puede salvarse a sí mismo y lo único que puede esperar es la condenación eterna, es ahí cuando por misericordia somos llevados por el Padre a Cristo, donde reposamos en la esperanza de una nueva vida; ante Él reconoceremos que hemos sido rescatados por gracia, pues no hay nada que podamos hacer para justificarnos ante Dios, ni el dolor, ni las lágrimas ni obra alguna, nuestra única seguridad es Cristo, Él pagó con su sacrificio y en el día del juicio, será nuestra defensa y protección.

Acerca del Autor

Augustus Toplay  (1740-1778) nació en Farnham, Surrey, Gran Bretaña en 1740. Su padre, oficial de la Armada Británica, falleció durante el sitio de Cartagena poco después del nacimiento de su hijo, por esta razón fue educado únicamente por su madre, Catherine. Ella y su hijo se trasladaron  de Farnham en el 1750 y Augustus asistió a la escuela de Westminster.

A la edad de 16 años, emigró a Irlanda para estudiar derecho en la Universidad de Trinidad en Dublín, estando de visita un fin de semana en el campo, escuchó a un predicador Metodista que predicaba el evangelio en un granero; había pocas personas, todas de baja condición, que apenas elevaban un canto a Dios . Cuando terminaron el himno, un hombre de escasa cultura se puso en pie para predicar. Aquella noche el misionero parecía inspirado al exponer las palabras de Efesios 2:13 “Vosotros que una vez estuvisteis alejados habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.” “Bajo ese sermón,” dijo él mismo, “bajo ese sermón fui, creo yo, acercado por la sangre de Cristo, en una región oscura de Irlanda, entre un puñado del pueblo de Dios reunidos en un granero, y bajo el ministerio de uno que a duras penas podía deletrear su propio nombre. Recordaré aquel día por toda la eternidad.” Fue en agosto de 1756, que este sencillo mensaje transformó el corazón de Toplady, por lo cual comenzó a estudiar teología y fue ordenado ministro seis años más tarde.

Se dedicó a pastorear iglesias, escribir sobre temas espirituales y componer himnos. Fue un pastor anglicano reformado y el mayor calvinista oponente a John Wesley. Su muerte que tuvo lugar en Hembury, Devonshire, el 11 de agosto de 1778, a escasos 38 años.

Tomas Martin Westrup (1837-1909). Traductor al español

Hace más de un siglo la familia Westrup salió de Londres y se radicó en México, cuando Tomás cumplía apenas quince años. Construyeron un molino para elaborar harina de pan; pero hoy se recuerdan porque llegaron a conocer el “pan espiritual” de que habla Cristo en Mateo 4:4. En Monterrey entendieron el mensaje de la Biblia, y pronto cada uno pudo testificar: “Ya pertenezco sólo a ti, Cordero de Dios, heme aquí”. Son las palabras del himno “Tal como soy”, que Tomás tradujo del inglés. Tanto él como su hijo, Enrique, fueron usados por Dios para escribir y traducir centenares de himnos. Consiguieron una imprenta y publicaron libros, tratados y un himnario de tres volúmenes: Incienso Cristiano. Tradujo los himnos “Cariñoso Salvador”, “Loores dad a Cristo el Rey”, “Con voz benigna”, “Fuente de la vida eterna”, “Tentado no cedas”, “No te dé temor”, “Roca de la eternidad” y compuso la letra del himno “Dicha grande es la del hombre”.

Thomas Martin Westrup es reconocido como el primer predicador de una iglesia evangélica en Latinoamerica, constituida en Monterrey, México.

Impacto del Himno en la historia

“Durante siglos «Roca de la Eternidad» ha llegado a ser uno de los himnos más amados por los cristianos en todo el mundo, escrito por un huérfano usado poderosamente por Dios. En horas negras de enfermedad, crisis e incertidumbre, la conmovedora letra de este himno inmortal ha infundido consuelo, doctrina y valor a personas de todas las condiciones sociales.

Aunque muchas personas aman y cantan este gran himno, algunos detalles de su historia no son tan bien conocidos. Hace un siglo, al celebrar la reina Victoria sus bodas de oro, dignatarios de cada provincia del gran Imperio se hicieron presentes en Londres para el festejo. Entre la numerosa compañía de embajadores, príncipes y gobernantes que tomaron la palabra para rendirle tributo a la soberana, estaba el regente de Madagascar. El nativo de esa gran isla le expresó a su alteza las felicitaciones de su pueblo y luego pidió permiso para cantar. Seguramente todos pensaban que entonaría alguna canción del rico folklore de su país nativo, pero no fue así. Para sorpresa de los presentes, el funcionario irrumpió con fuerte y sonora voz, cantando uno de los himnos favoritos de la reina:

«Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí;
Sé mi escondedero fiel; sólo encuentro paz en ti,
Rico, limpio manantial, en el cual lavado fui».

Al terminar el himno no había ojos sin lágrimas en toda aquella gran asamblea, y la monarca agradeció muy conmovida la bella referencia al Señor en su aniversario. Las palabras de «Roca de la eternidad» una vez más tocaron los corazones, aun de la corte real.” (Iglesia de Cristo del Norte)

“Este himno fue el que, proporcionó gran consuelo al Príncipe Consorte, Alberto el Bueno, que lo repetía constantemente en su lecho de muerte. “Porque”, dijo él, “¡si en esta hora sólo tuviera mis honores y dignidades terrenos para depender de ellos, sería verdaderamente pobre!”

Es uno de los más típicos de todo himnario. Hace años, en la votación de himnos solicitada por el programa “Domingo en Casa”, de 3500 que respondieron, 3125 le dieron el primer lugar.

El Sr. Gladstone, uno de los mayores Primeros Ministros, lo amaba tanto que lo tradujo al Latín, Griego e Italiano. Es notable que el himno sea fácilmente traducible.

En enero de 1866, cuando el “Londres”, tocado de muerte, se perdió en la Bahía de Vizcaya, las últimas palabras oídas por algunos de los sobrevivientes, al alejarse del barco que se hundía, fueron las palabras de este himno, cantadas con ojos llenos de lágrimas y corazones rotos, mientras esposo y esposa, padre e hijo, compañero con compañero, esperaban uno al lado del otro el hundimiento final.” (Iglesia Alianza Cristiana)

Artículo visto en http://www.iglesiajesus.com/himnos/52-himnos/135-himnos.html


Letra: Thomas O. Chisholm, 1923. Música: William M. Runyan, 1923. Traducción al español: Honorato Reza

Composición del Himno

Thomas O. Chisholm  vivía en la miseria y pasó toda su vida en la pobreza, sin embargo, su confianza que ponía en Dios era de admirar. En una ocasión su esposa se encontraba inválida y muy enferma, pues el médico le había recetado unas medicinas que poco a poco se fueron agotando al igual que sus escasos ahorros, dinero que recibía por sus derechos de autor y que tampoco le alcanzaba para comprar más víveres, sin embargo, siempre le decía a su esposa: “¡Dios proveerá!”. Un amigo, al enterarse de su situación económica, no dudó en depositarle un cheque sin que Chisholm lo supiera.  Sucedió que, en la urgente necesidad por conseguir el dinero para comprar más medicina y alimento, fue al banco poniendo toda su fe en el Señor a ver si había recibido algo por su trabajo. Ya dentro del banco se dio con la sorpresa de que había un cheque a su nombre, muy emocionado, de inmediato, fue a comprar lo que necesitaba. A las pocas horas ya en casa se sentó y empezó a escribir las letras de este precioso himno.

Acerca del Autor

Thomas Obediah Chisholm (1866-1960), nació en una humilde casa de campo en Franklin, Kentucky, el 29 de julio del 1866. Después de una carrera temprana como maestro y editor de un periódico: El favorito de Franklin, se convirtió a Cristo a la edad de 27 años bajo el ministerio del Dr. Henry Clay Morrison, fundador de la Universidad y Seminario Teológico Asbury.

En 1903, Chisholm fue ordenado al ministerio Metodista y pastoreó una iglesia metodista en Scottsville, Kentucky, por un período de tiempo. Cuando su salud empezó a flaquear, Thomas Chisholm mudó su familia a Winona Lake, Indiana, y se volvió un vendedor de seguros y continuó su trabajo cuando se mudó más tarde a Vineland, New Jersey, en 1916. Escribir, sin embargo, fue el primer amor del Sr. Chisholm, y escribió más de 1,200 poemas, 800 de los cuales fueron divulgados en publicaciones como el Tiempo de Escuela Dominical, Mensual de Moody, Alianza Semana, y otros.  Numerosos poemas del Sr. Chisholm se han convertido en los textos de himnos bien conocidos: “Grande es tu fidelidad”, “Herido fue por nuestras rebeliones”, “Resucitó”, “Ser como tú” y “Confia en el Señor de todo corazón”.

Thomas O. Chisholm describe su propósito de escribir como dice a continuación: “He procurado ser leal a la Palabra, y evitar títulos llamativos o triviales. He deseado grandemente que cada poema e himno tenga un mensaje definitivo para los corazones a quienes les fueron escritos”. El Sr. Chisholm terminó un largo y fructífero ministerio el 29 de febrero del 1960 en la Casa Metodista para los Ancianos en Ocean Grove, New Jersey.

El Himno y las Escrituras

Las Escrituras son un reflejo de la fidelidad de Dios y los Salmos en contadas ocasiones nos la recuerda, es el caso del Salmo 89 que dice: “(1) Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; De generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca. (8) Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, Y tu fidelidad te rodea”. Debemos cantar reconociendo que Dios es fiel, digno de confianza, en Él estamos seguros pues permanece firme a Sus promesas y pactos. “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” (II Timoteo 2: 13).

Artículo visto en http://www.iglesiajesus.com/himnos/50-himnos/133-himno-fidelidad.html


MY JESUS!

Publicado: noviembre 21, 2008 en ADORACIÓN Y ALABANZA, MÚSICA CRISTIANA

Una excelente reflexión: Si te detienes por un momento y quitas tu rótulo de cristiano de la frente, lo sigues siendo en el corazón? En qué Jesús crees? Eres el reflejo del Hijo de Dios?

MY JESUS (Todd Agnew)

Which Jesus do you follow?
Which Jesus do you serve?
If Ephesians says to imitate Christ
Then why do you look so much like the world?

Cause my Jesus bled and died
He spent His time with thieves and liars
He loved the poor and accosted the arrogant
So which one do you want to be?

Blessed are the poor in spirit
Or do we pray to be blessed with the wealth of this land
Blessed are they that hunger and thirst for righteousness
Or do we ache for another taste of this world of shifting sand

Cause my Jesus bled and died for my sins
He spent His time with thieves and sluts and liars
He loved the poor and accosted the rich
So which one do you want to be?

Who is this that you follow
This picture of the American dream
If Jesus was here would you walk right by on the other side or fall down and worship at His holy feet

Pretty blue eyes and curly brown hair and a clear complexion
Is how you see Him as He dies for Your sins
But the Word says He was battered and scarred
Or did you miss that part
Sometimes I doubt we’d recognize Him

Cause my Jesus bled and died
He spent His time with thieves and the least of these
He loved the poor and accosted the comfortable
So which one do you want to be?

Cause my Jesus would never be accepted in my church
The blood and dirt on His feet would stain the carpet
But He reaches for the hurting and despised the proud
I think He’d prefer Beale St. to the stained glass crowd
And I know that He can hear me if I cry out loud

I want to be like my Jesus!
I want to be like my Jesus!

Not a posterchild for American prosperity, but like my Jesus
You see I’m tired of living for success and popularity
I want to be like my Jesus but I’m not sure what that means to be like You Jesus
Cause You said to live like You, love like You but then You died for me
Can I be like You Jesus?
I want to be like my Jesus 

Video publicado por Dios Reina